¿ESCONDERSE DEL PRÓJIMO?

El ayuno tiene una vertiente que afecta al cuerpo y otra que a los sentimientos, emociones y a la espiritualidad, que decimos tener. ¿Cuál es el verdadero ayuno? Preguntó el profeta. “¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba y tu sanidad se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Dios será tu retaguardia." (Isaías 58.7-8).
 
Esconderse de los que hemos ofendido, tiene el mismo nivel de juicio que los que quieren ocupar el lugar de otros y nos relega al último lugar, cuando deberíamos estar a la cabeza, siendo ejemplo. Este año seremos los últimos en la medida que nuestro orgullo nos impida ser humildes y solucionar los problemas personales que tengamos con los demás y con nuestra Familia de Fe. La humildad y la sinceridad nos abrirá las puertas de la bendición, por eso tenemos que reconciliarnos con aquellos a los que hemos ofendido ¿Tiene alguna duda respecto a los que ha ofendido? Seguro que no.

Un principio básico de Yom Kipur es que Dios nos perdona los pecados que hemos cometido contra el Cielo, pero antes tenemos que arreglar cuentas con los hombres, en esta tierra. En una descripción precisa de lo que debe ser la espiritualidad sana, se nos dice: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda” (Mateo 5.23-24).
 
Para dar nuestra ofrenda en el sentido más amplio de la palabra, tenemos que reconciliarnos efectivamente con nuestro prójimo, aquel que sabemos que está ofendido con nosotros por nuestro mal hacer. El orden bíblico demanda arreglar cuentas primero con nuestros semejantes y después presentarnos ante Dios. ¿Qué necesitamos hacer además de saber estar en nuestro sitio y ponernos a cuentas con los que hemos ofendido? Necesitamos confesar nuestros pecados. No desear el puesto de otros y no esconderse del prójimo, será insuficiente sino confesamos nuestros pecados y restituimos el daño hecho. “El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia” (Proverbios 28.13)
El lugar que ocupamos respecto a Dios y a los hombres en general, se mide por el reconocimiento sincero de nuestras faltas y no por metros de distancia. Obedecer en el contexto de Yom Kipur, reduce las distancia entre Dios y entre los demás hombres, respecto a nosotros. Ocultar los pecados no permitirá que la bendición nos alcance, todo lo contrario, nuestros propios pecados nos darán caza y nos relegarán a los últimos lugares espirituales.  “porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza y mi corazón me falla” (Salmos 40.12).

Imagen: Mark Matcho Mother Jones

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