El papel de la esposa en el hogar

El Papel de la Esposa en el Hogar
 Corona o Carcoma

La clasificación básica que nos identifica como seres humanos es la de mujer u hombre. Hoy nos referiremos a la mujer en su rol como esposa ¿Cuál es el papel de la esposa en el hogar y en especial en relación a su marido? El estudio hace referencia a la mujer y al hombre pero no meramente en un plano femenino o masculino. La enseñanza debe ser entendida como referencia a la mujer como esposa y al hombre como esposo. Una aclaración a tener en cuenta. La Escritura nos habla de la mujer virtuosa, entiéndase esposa virtuosa, describiéndola de la siguiente manera: La mujer virtuosa es corona de su marido, pero la mala es como carcoma en sus huesos (Proverbios 12.4). La diferencia entre ambos tipos de esposa está totalmente clara para que nadie se lleve a dudas. La esposa es virtuosa o viciosa, que es todo lo contrario de la virtud y en el sentido más amplio de la palabra. No hay término medio está en un extremo o en el otro. La esposa es corona o se convierte en carcoma, parásito que se alimenta de otra materia.

¿Qué es la carcoma? Nos sonará más si la llamamos Osteoporosis también llamada por algunos médicos "la epidemia silenciosa". La Osteoporosis, una especie de carcoma, quita el calcio de los huesos que son la estructura del cuerpo. La mujer carcoma, entiéndase esposa, carcome, valga la redundancia, la autoridad de su marido, de forma silenciosa, pero imparable. Las diferencias entre carcoma y corona son pocas, tanto fonéticamente como en su posición práctica. La corona y la carcoma están en la cabeza símbolo de autoridad. La corona refuerza la autoridad de la cabeza, mientras que la carcoma mina la autoridad de la cabeza, en este caso del esposo.



La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba (Proverbios 14.1) La mujer sabia edifica fortalece su casa, la edifica, la refuerza, la mantiene, la restaura, la amplia, la cuida, la embellece, la limpia y la santifica. Una casa es un edificio, lleno o vacío, tiene que ser un hogar familiar. La esposa que hace hogar es digna de reconocimiento y bendición. La carcoma, se come todo, hasta la Biblia. La esposa carcoma mina la autoridad lentamente y la estructura familiar, hasta que la derriba. La Biblia define esto como una necedad que destruye el hogar y a los miembros de la misma. Reina quien tiene la autoridad, quién lleva la corona, no la corona. La corona no reina.


"La corona no es la autoridad, es el símbolo visible
de quién ostenta la autoridad"

La corona no es la autoridad, es el símbolo visible de quién ostenta la autoridad. Enfatizamos que reina quién lleva la corona, no la corona. La corona debe saber que es un importante símbolo de autoridad, pero no es la cabeza de autoridad en si misma. La casa y las riquezas son herencia de los padres, pero don de Dios es la mujer prudente (Proverbios 19.14). La esposa que corona la autoridad de su esposo, es una bendición del Cielo que se ha trasformado en una bendita herencia de nuestro Padre Celestial. La mujer prudente es la corona silenciosa de su marido que le ennoblece.



La esposa corona sabe cuál es su posición y no carcome la autoridad del esposo. La mujer corona sabe que es el símbolo de la autoridad en el hogar, que ennoblece a su esposo y así misma, pero entiende definitivamente que no es la autoridad. No significa que la esposa no tenga autoridad, significa que la tiene dentro de la responsabilidad que ostenta. Aquí estamos hablando de buenos esposos respetuosos con sus esposas y viceversa. No confundir con matrimonios o parejas en dividido yugo de enfrentamiento continuo.

Cuando hablamos de autoridad o dignidad, tanto del esposo como de la esposa, lo hacemos en el contexto del hombre y la mujer unidos en yugo de igualdad en Dios. Los parámetros bíblicos no se pueden aplicar a los matrimonios unidos en yugo desigual, aquellos que Dios no ha unido y que no han sido bendecidos en la Congregación del Señor. La mujer prudente es todo lo contrario a irascible, pendenciera, malhablada, respondona y chismosa. La mujer prudente no grita “innecesariamente” sabe controlar sus emociones y sentimientos, lo que no significa ser perfecta. Se puede convivir con la esposa corona, pero no se puede vivir con una mujer carcoma. Mejor es vivir en tierra desierta que con la mujer pendenciera e irascible (Proverbios 21.19). Más claro no se puede decir. La mujer carcoma, es irascible y pendenciera, no sujetándose a la autoridad de su marido y causando todo tipo de conflictos en el hogar. La mujer carcoma va minando la autoridad del hombre, entiéndase esposo, hasta que le derriba emocionalmente.



Volviendo a señalar la enfermedad de la osteoporosis, sabemos que es hereditaria, lo que la hace más peligrosa, aunque también con más posibilidades de detectarla a tiempo. Los antecedentes familiares nos dirán mucho de cómo serán las siguientes generaciones. El conocido refrán “Del tal palo tal astilla” nos situará en comprender la actitud, en este caso de la esposa, que se irá manifestando con el paso del tiempo.

La medicina confirma que se da más en mujeres que en hombres. Gotera continua en tiempo de lluvia y mujer pendenciera son semejantes (Proverbios 21.19). En nuestra experiencia con matrimonios en la Congregación, hemos comprobado que la esposa ha sido, muchas veces, la causa de que muchos hombres dejen de servir al Señor. La mujer carcoma, por muy espiritual que se crea, demanda en la práctica a su esposo que se dediquen a servirlas a ellas, en lugar de alentar al esposo a servir a Dios. Un matrimonio que no sirve a Dios por encima de sus propios intereses personales y de pareja, acaba en tragedia, tanto para los esposos, sus hijos y el resto de la Congregación.

"Todos los que dejan su Congregación,
empezaron por dejar de leer la Escritura,
dejaron de orar y dejaron de servir a Dios y al prójimo"

Todos los que dejan su Congregación, empezaron por dejar de leer la Escritura, dejar de orar y dejar de servir a Dios y al prójimo, en el contexto congregacional. Como una gotera continua, algunas mujeres han sido las primeras que han impedido que sus maridos sirvieran a Dios y a la Congregación. Entendido el concepto no solo como un lugar sino como el conjunto de las personas que la forman. Una tragedia que hemos presenciado demasiadas veces como para no reconocerla a primera vista. Gota a gota, la mujer carcoma, va sutilmente colmado el vaso de la paciencia de su esposo con comentarios pequeños, como “todo lo haces tú” “deja que otros lo hagan” “yo también necesito de ti” “tus hijos te necesitan” y otras muchas palabras parecidas de ponzoñosa sutilidad. El esposo al final doblegado, por los sentimientos de una falsa culpabilidad inducida, rinde su autoridad a la voluntad de su esposa. En ese momento la esposa corona se convierte en mujer carcoma. Ejemplos bíblicos no faltan al respecto. Adán obedeció la voz de su mujer, para desobedecer a Dios. Una tragedia mucho más común de lo que parece. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol de que te mandé diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida (Génesis 3.17).

Muchos hombres obedecen las órdenes de su mujer, para desobedecer a Dios y dejar de servir en su Obra, aquella que Dios ha encomendado a todos los varones. Las escusas son muchas y hasta parecen justificadas. ¿Estamos diciendo que la mujer es mala por ser mujer? No, lo que estamos diciendo es que su papel puede ser el mejor o el peor y por tanto tiene que tener muy clara su posición, o es corona o es carcoma. La Biblia confiere a la mujer, entiéndase esposa, una alta dignidad y valor. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas (Proverbios 31.10). Las piedras por muy preciosas que sean, no dejan de ser piedras, por mucho valor que tengan. La mujer corona es una piedra preciosa, no una pesada piedra sobre la cabeza de su esposo. La belleza física es un don del Cielo con fecha de caducidad. La mujer corona es de toda confianza, tanto para su marido, como para el resto de los hombres. La mujer corona siempre sabrá mantener las distancias, con el resto de los varones, entendiendo lo que significa ser la corona de su marido. El corazón de su marido confía en ella y no carecerá de ganancias (Proverbios 31.11). En la mujer corona todo son ganancias mutuas, para ella y para su esposo.



La mujer carcoma resta y no suma. Quita, come el pan de balde, no aumenta las ganancias, las disminuye, no guarda, despilfarra, no provee y solo malgasta sin sentido alguno. La mujer corona  le da a su marido confianza, seguridad y ganancias, en el amplio sentido de todo lo bueno, no solamente en el plano de lo material.

A modo de conclusión y con la mejor de las intenciones aconsejamos que la esposa, también el esposo, examine su corazón preguntándose honestamente en que descripción de esposa encaja mejor ¿Se parece más a una esposa corona o con la esposa carcoma? Sea corona o carcoma, con el tiempo, se hará más patente, más visible y más perjudicial o más beneficioso para el matrimonio. Déjame recordarte que el principal efecto de la carcoma o “epidemia silenciosa" es que no tiene síntomas visibles hasta que se produce una fractura. Así la esposa carcoma pasa desapercibida hasta que se produce la fractura de matrimonio y entonces ya es tarde. Como dice un buen amigo ¡Cuando suena el golpe, ya es tarde! Lo que no se previene te entretiene y perjudica tarde o temprano.

Algo muy importante que conviene aclarar y ser bien entendido, tanto por la mujer como por el hombre. Tener hijos no salva, cuidado. La mujer es responsable de cuidar a sus hijos, pero no se salva por tener hijos, faltaría más. Una cosa es ser madre biológica y otra es ser madre o padre en el amplio sentido de la palabra. Algunos interpretan muy mal esta Escritura cuando dice: Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santificación, con modestia (1ª Timoteo 2.15). Observe este énfasis “se salvará…si permanece en fe, amor y santificación”. Podría tener doce hijos y condenarse por la eternidad. La condición no es tener hijos, es ser una verdadera hija de Dios, aunque fuere estéril. Tiene que permanecer en fe, amor, santificación y la virtuosa modestia, los hijos vienen por “añadidura”. 


"La mujer corona tiene la belleza espiritual que otorga
la fe, el amor, la santificación o la modestia"  



La mujer carcoma, por muy bella que fuere, carece de lo que verdaderamente salva. Belleza e hijos no son necesarios para la salvación del alma. Tener hijos no salva. Ni dedicarse a cuidar los hijos salva, eso es una de las responsabilidades de ser madre, pero no salva, cuidado con esa idea diabólica. La salvación es consecuencia de la fe genuina en el Mesías y la consecuente forma de vivir en amor y modestia. Los orgullosos u orgullosas no se salvan, te lo garantizo, tengan los hijos que tengan, sean lo bellas que sean, o se crean las más espirituales. Cuidado, cuando una mujer o un hombre se creen espirituales es cuando más probabilidades tienen de no serlo en realidad. Comprobado bíblicamente.

La mujer que no sirve a Dios, no sirve ni a su esposo, ni a su hogar, no sirve en la Congregación y no sirve a los demás, aunque lo parezca. En pocas palabras no vale, porque no sirve. Aquellos que no sirven no valen y los que no valen no sirven, un lamentable círculo vicioso. Recuerden esto: “Una de las bases de la prevención de la osteoporosis es el ejercicio físico”. La mujer que sirve a su esposo, a su hogar y a su Congregación, está vacunada contra la enfermedad de la carcoma espiritual. La mujer corona, será la corona, valga la redundancia de su esposo. Enaltecerá la autoridad del mismo, distinguiéndole y reconociéndole como el Cabeza de la Familia, responsabilidad otorgada por Dios el esposo.


"La esposa corona es la mayor bendición que puede tener el esposo, como a su vez, la mujer carcoma es la mayor amargura que puede tener un hombre"

La esposa corona es la mayor bendición que puede tener el esposo, como a su vez, la mujer carcoma es la mayor amargura que puede tener un hombre. Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es trampas y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella, pero el pecador queda en ella preso (Eclesiastés 7.26). El hombre de Dios siempre será bendecido con una mujer de Dios, así como el hombre pecador será dominado y atado por una mujer carcoma. Hago esta breve oración con absoluta seguridad que tendrá efectos buenos para todos aquellos que se dan cuenta que están atados por una mujer carcoma: Señor libera a hombres buenos para que te sirvan. Que nadie ni nada les impida dedicarse, en primer lugar, a servirte. Líbralos de la mujer carcoma y corónalos de con la belleza de la fe, el amor y la modestia de la Mujer Corona, mejor herencia no podemos tener.