Cubiertos de Responsabilidad: Un test de resistencia

La responsabilidad empieza por someter a un “test de resistencia” lo que creemos, lo que hacemos y lo que tenemos que hacer. Hacer un test, a alguien o a algo, es hacer una prueba de confianza, de resistencia y de esperanza de futuro. En este caso el test tenemos que hacerlo a nosotros mismos “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra”. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá, solo en sí mismo y no en otro, motivo de gloriarse, porque cada uno cargará con su propia responsabilidad"(Gálatas 6.4–5).

Cuando alguien es verdaderamente responsable de sus actos, lo primero que hará de forma continua es “someter a prueba” lo que hace, comparándolo con lo que debería de hacer. ¿De qué somos responsables? En primer lugar somos responsables de leer la Escritura todos los días que es lo que debemos hacer, pero ¿Qué es lo que en realidad hacemos?

La responsabilidad se mide por comparación entre lo que hago y lo que debería hacer. La alegría o la tristeza son el resultado de la diferencia entre lo que debemos hacer y entre lo que en realidad hacemos. A mayor distancia entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer, mayor es el nivel de tristeza, desánimo e incluso depresión. Ejercer responsabilidad y cumplir con nuestras obligaciones es la mejor manera de ser y sentirnos felices, alegres y espiritualmente recompensados por el Señor.

La responsabilidad es de cada uno y no podemos traspasarla a los demás “porque cada uno cargará con su propia responsabilidad”. No podemos justificar los fracasos espirituales, echando la culpa de lo que no hemos logrado a otros. Somos responsables cada uno de nosotros de leer la Escritura cada día. No podemos decir que la culpa de no leer la Biblia es de alguien o de algo. No tengo tiempo de leer es una excusa muy recurrente, pero ¿Si tenemos tiempo de ver la televisión? Pero ¿Si tenemos tiempo de pasar horas en el Facebook o cualquier otra red social? Por citar un ejemplo muy actual. No hay nada, ni a nadie que podamos hacer responsable de nuestro fracaso de responsabilidad “porque cada uno cargará con su propia responsabilidad”.

Llevar kipá o llevar cubierta la cabeza con un pañuelo es una señal de lo que aspiramos a ser, otra cosa es lo que realmente somos y hacemos. Necesitamos llevar una señal externa de estar cubiertos ante Dios, pero a la vez necesitamos estar cubiertos con el “kipá y el pañuelo” de la responsabilidad que es la que verdaderamente nos cubre de forma integral.

El pañuelo de la esposa, el kipá o los anillos de matrimonio son señales externas que otros ven, que dicen lo que aspiramos a ser. Las señales externas no tienen efecto espiritual sin estar cubiertos con la responsabilidad que Dios nos ha dado a cada uno. Leer cada día la Escritura, orar y servir al Señor cubiertos con la responsabilidad que nos ha dado a cada uno en particular es el método de Dios para hacernos madurar. Las señales externas dicen a lo que aspiramos, no lo que realmente somos.

Algunas excusas son muy imaginativas como que tener hijos impiden hacer lo que debemos hacer. Dios nos ha dado hijos, pero no pueden ser la excusa para no leer, ni orar cada día. Dios no nos ha dado hijos para que dejemos de ser responsables, más bien todo lo contrario. Los niños no son los responsables de nuestra  irresponsabilidad, es una vergüenza que los pongamos como excusas o impedimentos a nuestro deber diario de leer y orar.

Una cita de la Escritura hablando de los Sacerdotes y Levitas del Tabernáculo nos enseña al respecto cuando nos dice: “Su responsabilidad en cuanto a su servicio en el Tabernáculo de reunión será transportar las tablas del Tabernáculo, sus barras, sus columnas y sus basas” (Números 4.31). La responsabilidad pesa, es concreta y no la puede llevar otro por nosotros. Cada uno es responsable delante de Dios de sus hechos y de la ya nombrada responsabilidad que El nos ha dado.

Otra excusa muy común es utilizar el trabajo como un impedimento para cumplir con nuestra responsabilidad espiritual. El trabajo, sea el que sea, tampoco es responsable de nuestra falta de lectura, de oración, de santidad, de servicio en la Casa de Dios, de ayuda mutua o de nuestra falta de testimonio. Ni el trabajo, ni los hijos, ni la falta de tiempo, ni el esposo, ni la esposa, ni los amigos, son responsables de nuestros actos. Dios nos va a juzgar a cada uno conforme a nuestros hechos y ante El no podremos justificarnos de lo que no hacemos, por causa de otros factores ajenos a nosotros mismos.

Someter a prueba nuestra propia obra en el presente evitará que se desplome en el futuro nuestra fe y que perdamos todo de lo cual Dios nos ha hecho responsables. Dios nos está llamando a cada uno a someter a prueba lo que hacemos, lo que no hacemos y lo que tendríamos que hacer. Tenemos que saber cuál es nuestra carga o responsabilidad, aquella que Dios nos ha dado, sabiendo que pesa y que no la puedo compartir con otro pues mi responsabilidad. Alegrarnos simplemente de lo que tenemos hoy, sin darnos cuenta que tenemos una responsabilidad que Dios nos ha dado, es una irresponsabilidad que nos hará llorar mañana cuando Dios nos pida cuentas. Que Dios nos pedirá cuentas tarde o temprano es algo que no debemos olvidar.

Cuando no estamos, verdaderamente, cubiertos con nuestra responsabilidad aunque llevemos una señal externa de supuesta responsabilidad, tenemos todas las probabilidades de que Dios le de nuestra responsabilidad a otro. Todo parece indicar que se la dará aquel que somete a prueba lo que hace y lo que está dispuesto hacer en el servicio a Dios y su Obra. No hay excusas que sean válidas delante de Dios para no servirle pues se nos pedirá cuentas de todo lo que hicimos, de todo lo que no hicimos y lo todo lo que deberíamos haber hecho. ¿Estás dispuesto a autoevaluarte? ¡Cuánto antes mejor!

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