¿Qué nos produce la alegría en Purín?



En este año una vez más celebraremos Purim con alegría recordando los acontecimientos que dieron lugar a la celebración de la mencionada Fiesta de Purim. Permítame ir un poco, solo un poco, contra corriente sin ánimo de ofender a nadie. Algunas cosas que se hacen tradicionalmente en Purim puede ser que estén un tanto alejadas del espíritu que reinó en el tiempo de los acontecimientos históricos que generaron la Fiesta de Purim.

Posiblemente no le gustará demasiado lo que voy a decir pero tengo que arriesgarme a no ser bien entendido. La tradición dice que “una persona está obligada a beber en Purim hasta que no pueda diferenciar”. Creo sinceramente que es justamente lo contrario ¡Me explico!

Purim no es tanto disfrazarse, sea de lo bueno o de lo malo, sino descubrir el mal y saber diferenciarlo del bien. Estamos en tiempos difíciles dónde el bien y el mal se confunden fácilmente. La Fiesta de Purim es un tiempo de discernimiento no de ingenuidad y pérdida de la realidad. A lo que estamos obligados en Purím, y el resto del año, es a ser sensatos y honestamente espirituales. La religión es una forma de relación establecida por el Cielo que nos instruye a ser obedientes a Los Mandamientos discerniendo la realidad espiritual, no ciegamente, ni con la mente embotada por el vino. ¡Escrito está! En Mishlei o Proverbios 31.4–5 “No es digno de reyes, Lemuel, no es digno de reyes beber vino, ni de príncipes darse a la sidra; pues quizá bebiendo olviden la Ley y perviertan el derecho de todos los afligidos”.

El Pueblo de Israel es un pueblo único, en palabras más explícitas, el Pueblo Escogido. Un Pueblo que tiene la herramienta del discernimiento en su ADN Espiritual. El Cielo ha infundido la sabiduría necesaria para saber discernir el bien del mal al famoso y envidiado Pueblo de Israel. Discernimiento para saber elegir entre el monte de la maldición o el monte de la bendición. Representados en la Torá por el monte Gerizim, el de la bendición, y el monte Ebal el de la maldición. Ciertamente que perder la capacidad de discernimiento por medio del vino o la sidra no son dignos de un Pueblo formado por Profetas, Sacerdotes y Reyes.

El riesgo de beber no es solo perder la compostura, que también, sino perder la compostura espiritual y olvidarse de guardar la Ley en este caso y como decimos en Sefard “saltarse la ley a la torera”. 

No hacen buenas migas, otra expresión muy castellana, el discernimiento, la cordura y el equilibrio con la bebida sea vino, sidra o vodka por muy Kosher que se etiqueten.

En Purim más que a perder la sensatez a lo que estamos obligados es a todo lo contrario a saber diferenciar cabalmente lo bueno de lo malo, el bien del mal. No estoy diciendo que no se pueda beber, aunque muchos no lo hacemos ni en Purim ni en otras Festividades a lo largo del año. Lo cual no significa que seamos ni mejores ni peores que los demás. Beber o no beber bebidas alcohólicas, valga la redundancia, es una opción personal que entra en ámbito de lo que algunos llamamos libertad de elección. No prejuzgo a los que beben pero no acepto ser juzgado por no beber alcohol. Soy abstemio por elección no por imposición o tradición. No acepto ser juzgado por los que tienen el alcohol como patrimonio espiritual y obligatorio de la humanidad.

El alcohol, fermento de un cierto producto, ha formado parte del ser humano y lo seguirá formado hasta quién sabe cuanto tiempo. No significa por ello que tengamos que consumirlo todos obligatoriamente en Purim. Cuando alguien tan humano como yo me dice que estoy obligado a beber, sea lo que sea con alcohol, está coartando la ya mencionada libertad de elección personal.

Amigos míos no necesito, ni quiero beber nada que contenga alcohol. Celebraré Purim junto con toda mi familia con suma alegría, cantando danzando pero no será por beber nada excepto la “sempiterna” Coca-Cola que también es Kosher. Dejaré el alcohol para los de “ánimo amargo” para los desfallecidos por la presión de los acontecimientos. Cuando Amán el antisemita quiso aniquilar a todos los judíos fue derrotado por la intervención del Cielo y por la determinación de Esther y Mordejai de dar la vida si fuera preciso por su Pueblo. En ningún lugar se nos dice que ellos necesitaron armarse de valor con ninguna bebida. Todo lo contrario ellos ayunaron junto con todos los judíos.

La victoria fue total y el malvado Amán fue colgado en la misma horca que preparó para Mordejai. Con tan sonada victoria se acordó establecer y recordar todos los años la Fiesta de Purim. Termino con otro texto del libro con el que empezamos Mishlei o Proverbios 31.6–7 en dónde se nos dice, sin ánimo de justificar mi posición, “Dad la sidra al desfallecido y el vino al de ánimo amargado: que beban, que se olviden de su necesidad y no se acuerden más de su miseria”.

Dado que no estamos desfallecidos, ni amargados sino pletóricos por la victoria como en el tiempo de la Reina Esther y Mordejai ¿No sería una contradicción beber hasta no percibir la realidad? La victoria nos produce una alegría tan abundante y real que no necesitamos, ni queremos generarla artificialmente. No necesitamos enturbiarla con ningún tipo de bebida alcohólica por muy Kosher que sea. Feliz Purim amigos, entre otras cosas, sin alcohol que nunca en la historia ha traído nada bueno en términos generales ¡Shalom!

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