Los desagradables olvidos de ayudar a los demás


La memoria es un don del Cielo, para aquellos que tienen sus pensamientos en lo que es bueno, útil y necesario. Cada día aumentan las personas que dependen de otros para su bienestar sea por causa de la edad, de un accidente o por una enfermedad. Necesitamos de los demás y los demás necesitan de nosotros.

La vida es una oportunidad de servir a Dios, a los seres humanos y al resto de la creación. El Cielo nos ha dado la responsabilidad de hacer cosas buenas, que ayuden a mejorar nuestro medio. En todos los planos necesitamos involucrarnos y servir a los propósitos, que Dios tiene para nosotros. No podemos pasar por la vida sin dejar un agradable recuerdo, por el bien hecho, a cuantos nos rodean. Los que están cerca y los que están lejos necesitan de nuestra ayuda, en una forma u en otra.

La Escritura nos guía, para que seamos lo que se espera de nosotros. El ser humano está diseñado, para servir al prójimo y al próximo. Lo peor que nos podría pasar es perder el sentido de la vida, que implica tener una mente y un corazón receptivo a las necesidades ajenas tanto como a las propias. Cuando pensamos en los demás, y en cómo ayudarles, estamos preparando el camino de la bendición presente y futuro para nuestras vidas. Lo más desagradable que nos podría pasar es olvidarnos del propósito, para el cual fuimos creados.

Una excusa muy recurrente es decir que algo se me ha olvidado, como si la culpable de nuestros actos fuera nuestra memoria a la cual damos personalidad. No se me olvida a mí se le olvida a mí memoria. “El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado” Santiago 4.17. 

En otras palabras, el que se “olvida” de hacer lo bueno está haciendo mal y dando mal ejemplo a otros, que también se justifican por su falta de compromiso. No hay excusas válidas ante la falta de interés por el bien ajeno. Las excusas son malvadas acciones, que esconden el desinterés y la falta de sensibilidad hacia los demás. Los desagradables olvidos que decimos tener dicen más de nosotros que nuestras propias palabras. Nos olvidamos de hacer el bien, pero exigimos a los demás que nos hagan bien. Así no funciona la maquinaria del Cielo.

La Ley de la Reciprocidad del Cielo nos demanda ayudar, cuidar, compartir, motivar, enseñar o instruir a los demás, para que cuando lo necesitemos nosotros podamos ser considerados actos de recibir tal ayuda. Con los mismos principios la Ley de la Siembra y la Cosecha nos enseña a sembrar antes de pretender recoger la buena cosecha. No se trata de egoísmo sino de generosidad y obediencia. No sembramos solo para recoger sino además para compartir. Aquellos que siembran pensando solo en cosechar, para acumular, acabarán con los graneros vacíos. Sembramos bendición para recoger bendición y compartirla con los demás. Un ciclo de bendición y ayuda mutua nos une y prepara, para ser lo que el Cielo espera de nosotros. 

Los Intereses Comunes y Comunitarios son hoy más que nunca un distintivo esencial en nuestra Comunidad. No creemos en el individualismo sino en ser parte de un cuerpo, bien unido entre sí, que se esfuerza por ayudarse mutuamente. Algo muy desagradable en la vida es ver que muchos se excusan de hacer lo que deben en relación con los demás. 

No sea así entre nosotros, aunque seamos pocos, pues deberíamos ser fuertes y valientes para combatir contra la desidia y la falta de ayuda mutua, que el Cielo nos demanda. “Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13.16)


No olvidemos nuestro compromiso con Dios y con la humanidad de la cual formamos parte y sirvamos a los demás, especialmente si son de nuestra Familia de Fe, que es un esfuerzo y un sacrificio del cual Dios se agrada. “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” Gál. 6.9–10 ¿Qué oportunidades tenemos de hacer el bien? Muchas sin duda y especialmente a los de la Familia de Fe. Los desagradables olvidos de ayudar a los demás no tienen cabida entre nosotros ¡Servir es vivir y ayudar es bendecir!

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