El individualismo mató la responsabilidad


Todos tenemos responsabilidades, que cumplir. El concepto responsabilidad se queda en el plano de lo abstracto cuando no lo relacionamos, con algo o con alguien, de forma específica.

La responsabilidad es una obligación contraída de forma voluntaria o impuesta a la cual tenemos que hacer frente. Una deuda que exige la responsabilidad de satisfacerla de una forma u de otra. La responsabilidad legal es un concepto jurídico, que nos hace partícipes de cumplir con un compromiso adquirido por ley. 

La obligación moral de cumplir con lo que se supone que debemos cumplir se encuentra dentro de las responsabilidades éticas, morales y espirituales. Las consecuencias de nuestras acciones se miden por la responsabilidad adquirida sean por cuestiones laborales, comerciales, religiosas, políticas o de otro orden, que implica la capacidad de elección y decisión. Somos responsables de lo que hacemos y de lo que no hacemos libremente y de forma voluntaria. Un hecho ejecutado libremente, por propia decisión, tiene consecuencias medibles a nivel legal, emocional y espiritual.

Las personas responsables alcanzan unos niveles de sensibilidad y espiritualidad mayores, que aquellas otras, que carecen del sentido y la práctica de ser responsables de sus actos. Una persona responsable es ágil en su actuación y decidida a realizar aquellas tareas, que se le encomiendan, o que voluntariamente ha decidido acometer. Las personas responsables lo son también en la fidelidad, el compromiso y la perseverancia en la realización de sus tareas cotidianas. Medir la responsabilidad solo a nivel de los llamados directivos o ejecutivos es un error de bulto. La responsabilidad no tiene niveles jerárquicos. Todos somos igual de responsables, en lo poco o en lo mucho, independientemente de la función que realicemos.

Aquellos que no son responsables en lo poco nunca lo serán en lo mucho. Un principio que no debemos olvidar nunca. Si vamos a encomendar un trabajo a una persona debe ser en relación a su responsabilidad cuando se le pidió algo, por muy pequeño que fuere, y como lo realizó ¿Fue alguien fiel en lo poco que se le encomendó? Lo será igualmente en lo mucho que se le pueda pedir o encomendar. Cuando alguien cumple con su cometido, por muy sencillo que sea, es más seguro que realizará una labor de responsabilidad con mayor éxito y más diligentemente. Los hombres fieles e idóneos de los que habla la Escritura son aquellos, que saben cumplir con su responsabilidad en toda circunstancia. La enseñanza de Los Talentos nos lleva a entender lo que significa, en la práctica, la responsabilidad.
El Reino de los Cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. El que recibió cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que recibió dos, ganó también otros dos. Pero el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Mat. 25.14–18
Aquí los talentos son fácilmente identificables como responsabilidades de las cuales se nos va a pedir cuentas, en forma de resultados, producción o multiplicación. No estamos haciendo referencia a políticas “neoliberales” basadas en producir y alcanzar resultados sino a lograr resultados espirituales, que nos lleven a dar buenos frutos, para nuestro propio bien y el de cuantos nos rodean. Las personas responsables no piensan solo en ellas, no son egocéntricas ni egoístas; sus actuaciones son tendentes a pensar también en los demás.


Todos hemos recibido unas ciertas responsabilidades, muchas o pocas, pero más de las que tal vez nos pensamos o creemos. Insistimos en identificar de qué somos responsables determinará lo que hagamos o lo que no hagamos ¿Qué me ha encomendado el Cielo? ¿Qué estoy haciendo con los talentos o responsabilidades que el Señor ha dejado bajo mi responsabilidad? Estas y otras preguntas deberían surgirnos si es que somos parte, de ese “selecto grupo” denominado gente responsable. Todas las monedas tienen dos caras. En una cara están las responsabilidades grabadas y en la otra la persona o personas con las cuales estamos responsablemente comprometidos. La enseñanza continúa con la llegada del Dueño y Señor de todos los bienes a pedir cuentas.
Después de mucho tiempo regresó el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos Mat.25.19
La persona responsable está consciente y sabe que tarde o temprano se la va a pedir cuentas, de su administración. La responsabilidad nos tiene que llevar a ser buenos administradores de los propios bienes y de los ajenos, que nos han sido encomendados. Todos tendremos que dar cuenta de nuestras responsabilidades ¿Cómo hemos administrado la responsabilidad encomendada? ¿Nos preguntamos alguna vez, qué clase de administradores somos? Algunos más que administradores se quedan en meros traidores de la confianza, en ellos depositada. La administración es todo lo contrario a la traición. El que nuestro “jefe” sea bueno con nosotros debería hacer mejores para con los demás, responsables con nuestros quehaceres y buenos administradores de aquello que nos ha sido encomendado, sea lo que sea.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y trajo otros cinco talentos, diciendo: “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”. Se acercó también el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos”. Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor” Mat. 25.20–23

¿Cuántos talentos en forma de responsabilidades, dones, virtudes o habilidades te ha dado el Cielo? ¿Cinco? ¿Dos? ¿Uno? Independientemente del número de talentos, que el Cielo te ha dado, eres responsable directo de lo que hagas o no hagas con ellos.
Pero acercándose también el que había recibido un talento, dijo: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”. Respondiendo su señor, le dijo: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos, porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” Mat. 25.24–30
No solo debemos ser responsables en términos generales sino identificar claramente de qué somos responsables y con quién tenemos la responsabilidad. Las dos preguntas, de qué y con quién soy responsable, son imprescindibles que las podamos contestar, con absoluta certeza. No solo estoy comprometido con una acción sino también con aquel, que me encomendó una cierta responsabilidad. Cuando estamos comprometidos con una cierta labor encomendada estamos a la vez comprometidos con Aquel que nos encomendó el trabajo ¿Nos damos cuenta de que estamos comprometidos con el Reino de Dios y con el Dios del Dios del Reino? ¿Qué le vamos a decir al Dueño de la Tierra cuando nos pida cuentas de nuestra administración?

La presente enseñanza es un llamamiento a tomar conciencia de los que somos, de lo que debemos hacer y de la responsabilidad que nos ha sido encomendada como Labranza de Dios. El individualismo mató la responsabilidad de servir en el Reino de Dios y ser administradores de los Intereses Comunes y Comunitarios que han sido puestos bajo nuestra responsabilidad ¡Mucha responsabilidad, mis amados compañeros, y que dure!

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