La fe más valiosa que el oro


En el anterior estudio hicimos énfasis en la importancia de buscar el Arca de la Fe Perdida, así lo titulamos, y cargar de nuevo con la responsabilidad, que un día nos fue asignada por el Cielo ¿Hemos tomado conciencia de nuestra situación espiritual? ¿Tenemos una actitud de búsqueda? ¿Nos hemos vuelto a reencontrar con aquella responsabilidad que nos fue dada? 

La serie de estudios que hemos empezado tienen el objetivo de hacernos reflexionar sobre nuestro estado espiritual. La motivación a la acción, por encima de una teórica creencia paralizada, debe ser la visión del presente y del futuro. Leamos para empezar la descripción que hace la Biblia del Arca del Pacto.

La recubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y pondrás encima y alrededor de ella una cornisa de oro. Fundirás para ella cuatro argollas de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos argollas a un lado de ella y dos argollas al otro lado. Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las varas por las argollas a los lados del Arca, para llevar el Arca con ellas. Las varas quedarán en las argollas del Arca; no se quitarán de ella. En el Arca pondrás el Testimonio que yo te daré. (Éxodo 25.11–16)

La descripción del Arca es realmente espectacular y pormenorizada dejándonos ver muchos símbolos aplicables al presente estudio. Analicemos someramente el pasaje. El Arca estaba hecha con madera de acacia recubierta por fuera y por dentro de oro. Recordemos que cuando los hebreos salieron de Egipto lo hicieron con grandes cantidades de oro entre otros valiosos materiales y joyas. Con todo, lo que mantenía estable el Arca era la madera, aunque esta no se veía. El oro la recubría por fuera y por dentro. En nuestra vida lo que debe visualizarse no es la apariencia resplandeciente, que podemos exhibir, sino la firmeza y la nobleza de lo que no se ve a simple vista.


La fe que decimos tener no es para exhibirla orgullosamente. La fe es un don relacionado con la humildad, la sencillez y la confianza en Dios. El que pierde la fe, su arca en este contexto, queda desamparado y debilitado.

En la mayoría de los casos los que se auto-proclaman creyentes exaltan su fe haciendo vana manifestación de lo que dicen creer. La fe no es nuestra, que no se nos olvide. Los verdaderos creyentes brillan no por aquello que se dicen creer sino por aquello que llevan en su interior y que solo es perceptible de forma espiritual. Los portadores del Arca de la Fe saben cargar con su responsabilidad sin hacer ostentación de su cargo. 

El Arca de la Fe se carga para servir a Dios y a los demás. La carga se antepone al cargo. Los que buscan cargos que exhibir sin la carga de servir no son idóneos, ni fieles. En algún momento dejarán la carga que tenían en busca de mayores cargos, privilegios y vana popularidad.

El Arca del Pacto tenía las varas de transporte siempre puestas, para que en todo momento se pudiera cargar en los hombros de sus responsables. En este punto cabe señalar que el Arca era transportada por un equipo de sacerdotes dispuestos y disponibles, en todo momento, a cargar con su responsabilidad. La fe exige, además de fidelidad e idoneidad, la capacidad de servir en equipo bajo la apropiada dirección de un maestro-entrenador con los mismos parámetros espirituales.



Nos figuramos que en esta breve reflexión queda mucho por descubrir, pero por ahora no conviene saturarnos de más conceptos. Aquellos que sienten que han perdido en alguna manera su particular “Arca de la Fe” son los candidatos a servir de forma renovada. El primer paso para restablecer un cargo, sea el que sea, es aceptar una carga espiritual con la cual ponerse en forma. La Biblia enseña que la fe es más valiosa que el oro en I Pedro 1.7 “para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro”. En la práctica la fe es sometida a prueba constantemente y en particular en relación con nuestra disposición a servir a Dios y su Reino. 

Las varas para transportar el Arca de la Fe están puestas. Lo que hace falta ahora es aquellos que estén dispuestos a tomar en sus hombros la carga de la responsabilidad de servir a Dios y a sus semejantes ¿Serás tú uno de ellos?

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