¿Cómo entendemos el concepto de vivir juntos?

La teoría y la práctica, sea en el campo que sea, precisa de experiencia probada y comprobada. En carpintería se suele decir que es mejor medir dos veces y cortar una. En otras palabras, comprobar minuciosamente todo trabajo que nos planteemos hacer. 

En el contexto del Libro de Hechos se nos dice que “todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2.44) Por lo general interpretamos que vivían juntos, en un mismo sitio o casa comunitaria. Realmente no vivían bajo el mismo techo sino bajo un mismo hecho diferenciador, al resto de las gentes. El hecho diferenciador, entendido como una forma de vida, era mantener la misma intención de corazón, el mismo sentir, las mismas esperanzas, los mismos ideales, la misma visión y como es evidente la misma enseñanza de fe, que todos compartían.

No se trata de vivir bajo el mismo techo, como dije antes, sino bajo un mismo hecho de fe, que nos cubra a todos. La bendición no es solo estar bajo el mismo techo, que también, sino bajo la misma autoridad de la Escritura, que guíe nuestra vida familiar y comunitaria. Lo que creemos es nuestro techo, y a la vez la base sobre la que edificamos. La moderna tecnología no puede suplir la unidad espiritual, aunque en alguna manera nos acerque. No importa tanto dónde vivimos, o la distancia geográfica que nos separe, mientras tengamos los mismos Intereses Comunes y Comunitarios. Todos estaremos juntos y salvaguardados en Dios mientras seamos uno, aunque seamos pocos o muchos. La unidad no es geográfica, ni geométrica, digital o analógica. La unidad es un hecho maravilloso del amor de Dios hacia su pueblo.

Todos necesitamos entender que somos lo que somos estemos dónde estemos, por muy alejados geográficamente que vivamos los unos de los otros. La unidad de acción y comunicación no está relacionada con cosas materiales sino particularmente con las cosas espirituales. Los dones y las habilidades personales o colectivas deben estar puestas al servicio del Mesías.

El Libro de Hechos es un fuerte compromiso de vivir de una forma diferente a este mundo tan hostil, que nos rodea. Una forma de vivir que reparte las cargas, en todo el Cuerpo. No se trata de que unos pocos hagan mucho y que muchos hagan poco. Cuando estamos en el mismo sentir trabajamos todos por el bien común y con una misma visión. Juntos es mucho más que estar bajo un mismo techo material. Juntos es estar unánimes entre nosotros depositando los intereses personales al nivel que le corresponden. Los intereses personales deben estar supeditados a los intereses generales. No significa esto, que no tengamos intereses personales, si no que estén en la justa medida que le corresponden. Nunca por encima de los ya nombrados Intereses Comunes y Comunitarios, que son un distintivo de la Familia de Fe.

Si somos una Familia de Fe trabajamos todos por el bien común y no solo por los intereses personales y familiares de carácter natural. Una lucha, la de mantener los ICC, que siempre hemos mantenido con cada una de nuestras respectivas familias naturales. Todos, juntos y unánimes, aunque no estemos bajo el mismo techo, es la única posibilidad de alcanzar las metas y objetivos que el Cielo tiene, para todos nosotros. Los que formamos parte de esta Comunidad de Discípulos del Mesías, llamados en el Libro de Hechos “los que habían creído” tenemos en común todas las cosas. Todas las cosas, que creemos. No sería factible tener todas las cosas materiales en común viviendo en diferentes, ciudades, países o continentes.

Lo más importante de entender el espíritu que nos anima de compartir y repartir según la necesidad de cada uno. Una forma de Administración de lo Alto, como la podríamos definir, que tiende al bien de todos, para que reciban según la necesidad de cada uno. No podemos pensar en que todos reciban lo mismo. Cada uno de nosotros debe recibir conforme a su necesidad. Todos necesitamos abrigos en invierno, pero cada uno según su talla, su altura y su condición como hombre, mujer, joven, niño o niña. La necesidad es la misma de proteger a todos, pero según ciertos parámetros, a eso lo deberíamos llamar una necesaria administración.


Resumiendo, el objetivo de la enseñanza es que nos demos cuenta de la importancia que tiene compartir y repartir lo que recibimos del Señor, de forma sabia. Una sabiduría en lo administrativo que implica tanto lo material, como lo espiritual. Además, necesitamos no avergonzarnos, bajo ningún concepto, de lo que creemos compartiéndolo y repartiéndolo con todos. Cuando decimos con todos decimos con todos. No podemos ir por libres, cada uno tirando por su lado, y decir que somos una Comunidad. Si, tal vez somos una comunidad, pero una comunidad, que se avergüenza de hablar valientemente del Mesías. Una verdadera vergüenza sería no estar unidos, motivados y orientados en la misma dirección.

Quiera el Señor que todos empleemos el tiempo preciso en reflexionar profundamente, un esfuerzo necesario con cada enseñanza, para el bien común de la Comunidad y de cuantos nos siguen fielmente, aunque sea de forma discreta.

En términos generales pasamos mucho más tiempo en las redes sociales, que leyendo y estudiando la Escritura. Una práctica que debemos invertir, por el bien de todos. El peligro de las redes sociales es no tener ningún objetivo en su uso más que el de lucirse, llamar la atención y vanagloriarse de lo que en realidad no somos. Nuestras redes sociales deben ser una herramienta de comunicación puesta al servicio de Dios y de nuestros semejantes, con el sano objetivo de iluminar, sin deslumbrar, a los demás.


No hay circunstancia ideal para servir al Señor. Lo ideal es servir al Señor independientemente de las circunstancias. Las circunstancias, sean las que sean, no pueden ser un impedimento para servir a Dios. El momento o la circunstancia ideal para servir a Dios no existe. Todos los momentos son ideales para servir al Señor. Los que esperan a servir a Dios cuando estén bien, mejor o tranquilos en sus vidas lo más probable es que nunca lleguen a servir, ni a Dios, ni a los demás. Lo hemos dicho otras veces, pero los que no sirvieron a Dios cuando podían y sus circunstancias lo permitían no lo van hacer, o les va a ser mucho más difícil, cuando las cosas les vayan peor o tengan más dificultades.

En la lectura de esta semana del libro de Hechos los que habían creído en el Mesías compartían y repartían todo lo que creían en lo espiritual y tenían en lo material. En la Comunidad de los Discípulos del Mesías estaban unánimes y se ayudaban mutuamente formando una gran Familia de Fe unida. Una Familia cohesionada y comprometida con Dios.


Los que sirven estarán dispuestos, independientemente de sus circunstancias, a dar y darse en ayudar en todas las formas posibles. Los comprometidos a servir a Dios siempre estarán comprometidos a servir a su Comunidad, en primer lugar, y al resto de cuantos forman su círculo de relación, enseñándoles el Camino de la Salvación. Los que sirven a Dios son valientes para ayudar, humildes para obedecer y disponibles para servir. Todo lo demás tiene un lugar, un punto de referencia, una posición, un orden, pero lo primero siempre será servir a Dios, por encima de toda circunstancia. 

Os animo a reflexionar sobre ¿Cuál es el papel que estás manteniendo en el servicio a Dios y a tu Comunidad? Los tiempos de la cobardía y la inacción espiritual deben dar paso a una fe activa, motivadora y comprometida con la Verdad, con mayúsculas. 

El orden de prioridad de las cosas debe aplicarse a lo espiritual y a lo material. No podemos crecer sin orden de prioridad ¿Qué es lo más importante que tengo que hacer? La Escritura es absolutamente clara y resolutiva cuando nos enseña “Buscad primeramente (orden de prioridad) el Reino de Dios y su Justicia y las demás cosas os vendrán por añadidura”. Una vez os reitero con todo cariño y amablemente a compartir y repartir esta enseñanza, para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor. 

Nota del autor:
El artículo publicado para los medios con el título El gran sueño colectivo de Israel está vinculado con la presente enseñanza. Por esta razón aconsejamos su lectura para ampliar la idea, que estamos intentando comunicar.



2 comentarios:

  1. Gracias por estos momentos de reflexión. Clarificador el mensaje, como siempre. Me encantó
    El hecho diferenciador, entendido como una forma de vida, era mantener la misma intención de corazón, el mismo sentir, las mismas esperanzas, los mismos ideales, la misma visión y como es evidente la misma enseñanza de fe, que todos compartían.

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  2. Gracias por compartir tus opiniones y comentarios ¡Nos ayudan de verdad!

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