La risa fácil de la incredulidad

En nuestra limitada capacidad de entendimiento no podemos comprender la grandeza del Creador y su poder, para cambiar todo lo que sea necesario. Los razonamientos que tenemos y mantenemos, en muchos casos ese es el problema, nos impiden ejercer una saludable fe que nos permita creer lo que el Cielo nos enseña y manda. 

La posición que muchas veces mantenemos delante del Eterno es de incredulidad. La verdad es que decimos creer, pero nuestras acciones y decisiones dicen en ciertas ocasiones lo contrario. Bueno no hay que asustarse, pues ejemplos tenemos muchos en la Escritura, para fortalecernos en fe.

¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? Al tiempo señalado volveré a ti, y para entonces Sara tendrá un hijo (Gén. 18.14)

Un llamativo caso, entre los muchos que vamos a encontrar, es la conversación del Creador con Abraham respecto a Sara. La incredulidad muchas veces se disfraza de risas y escepticismos ocultos, que para Dios están absolutamente visibles y al descubierto. En el caso de Sara incluso llegó a negar lo evidente delante de su esposo Abraham y del Creador. ¿Acaso pensaba Sara que Dios no la estaba oyendo? Las risas ocultas de incredulidad de Sara llegaron al Cielo y resonaron en las bóvedas celestiales de la fe. Unas risas que además negó. En más de una ocasión no solo no creemos además nos reímos y para colmo de males negamos que lo hemos hecho. ¿Acaso hay alguna cosa que se le escape a Dios? ¿Podríamos disimular algo delante de Dios y le pasaría desapercibida nuestra actitud?

Entonces el Eterno dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? Al tiempo señalado volveré a ti, y para entonces Sara tendrá un hijo. Entonces Sara tuvo miedo y negó, diciendo: No me reí. Y él dijo: No es así, sino que te has reído. (Gén. 18.13–15)

Lo que hacemos y lo que no hacemos, como llevamos hace tiempo insistiendo en ello, tiene consecuencias emocionales, espirituales y también materiales. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer produce cambios internos y externos, aunque otros no los perciban. Las acciones y las decisiones que tomamos siempre saldrán a la luz, por muy ocultas que las queramos mantener.


En este caso, Sara quiso ocultar su incredulidad con la burlona risa del descreído, que no llega a entender los planes del Cielo, para su vida y la de cuantos le rodean. Una risa interior que denotaba la falta de fe de Sara, a lo menos en este momento, y que podría tener un efecto muy negativo en ella y en su familia.

Las situaciones, tanto positivas como negativas por las que pasamos, son producto de la risa fácil de la incredulidad. La negación de nuestros pensamientos y actitudes no trae nada bueno, pero especialmente cuando se producen delante del Todopoderoso ¿Acaso Dios no sabe lo que pensamos y lo que verdaderamente creemos? ¿Podríamos engañar a Dios? ¿Acaso el Cielo no está por encima de nuestros pensamientos? Nada queda oculto a Dios. No podemos disimular con risas o con lloros, una técnica de ocultación muy utilizadas, la realidad de lo que pensamos y decimos creer.

Todo pensamiento está expuesto en la presencia de Dios y nada se puede ocultar al Omnisciente, que todo lo ve y entiende. Los razonamientos de Sara estaban basados en el hecho natural de la biología humana ¿Acaso podría una mujer de noventa años tener un hijo? Una lógica muy humana pero totalmente fuera de lugar, por el gran hecho diferenciador de que Dios lo había dicho y prometido. La lógica humana nos puede llevar muchas veces a la ilógica falta de fe. Una ilógica falta de fe, en lo que Dios nos enseña y manda. Los conceptos aprender y obedecer no son bien recibidos por los que se posicionan en la incredulidad o en aquellos que definiéndose como creyentes no le creen a Dios, aunque crean en Dios. Una cosa es creer en Dios, hasta los diablos lo hacen, y otra muy diferente es creerle a Dios.


La cosecha de bendición que esperamos cada año solo puede recogerse cuando la semilla que sembramos está saturada de genuina fe. Todos sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios. Una fe que debe manifestarse en lo público y en lo privado. No podemos mantener una disimulada cara de fieles creyentes y a la vez no creer lo que Dios nos enseña. Una posición que no podremos mantener por mucho tiempo sin que antes tengamos negativas consecuencias.

La enseñanza de hoy nos dice que debemos mantener la genuina fe en Dios, en contra de toda lógica humana. Los milagros los hace Dios. Las bendiciones nos las da Dios para que las compartamos, pero siempre la gloria y la honra es para el Creador. La fe de Sara se tambaleó causándole el vértigo de la incrédula risa por el largo tiempo de espera que precisó, para ver hecha realidad la promesa de Dios. Las mentes racionales, lógicas y orgullosas no pueden experimentar la fe que viene de lo Alto. 

Todos aquellos que esperan algo del Cielo deben creer las promesas de Dios dadas, en la Escritura. Unas promesas de bendición que precisan ir acompañas de fe, para que tengan efecto en nuestras respectivas vidas personales, familiares y comunitarias. ¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? La risa fácil de la incredulidad no se puede ocultar al Creador ¡Mejor ni intentarlo y mucho menos negarlo!

1 comentario:

  1. Gracias por compartir con todos nosotros estas maravillosas reflexiones. Nos animan a seguir confiando en lo que el Eterno un dia nos prometió. Llevamos tanto tiempo esperando la promesa que debe de estar a punto de llegar.

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