La influencia emocional del dinero


Las emociones son una especie de olas en el mar de los sentimientos, que nos arrastran de un lado a otro. En ese nombrado mar de los sentimientos el dinero ocupa el primer lugar del ránking de aquellas cosas, que más nos afectan. La diferencia entre tener dinero o no tenerlo hace que las emociones y los sentimientos fluctúen a la baja o al alta haciéndonos felices, tristes o sumidos en la desesperación ¿Tanta influencia tiene el dinero?

Todos los objetos, el dinero no deja de ser un objeto, tienen la influencia que le demos cada uno de nosotros. En la práctica no es el dinero el que influye en nosotros sino nuestras emociones las que influyen, en nuestros sentimientos. El dinero, como cualquier otra forma material que creamos poseer, nos hace pensar que estamos mejor o peor por la cantidad que tenemos o no tenemos. Por lo general si tenemos dinero pensamos que estamos bien, pero si nos falta, aunque sea en ciertos momentos, nos sentimos desdichados, apesadumbrados y temerosos. 

La inmensa mayoría hemos experimentado, en algún momento, un cierto sentimiento de indefensión y desprotección ante la sola posibilidad, de que nos pueda faltar dinero en algún momento ¿Es razonable que nos sintamos desprotegidos o indefensos ante la sola posibilidad de no tener dinero? La sola posibilidad de pensar que no tendremos dinero en algún momento, aunque tengamos mucho o poco, nos hace vivir atemorizados, preocupados y asustados.

Una verdadera tragedia es que pensemos, aun teniendo sea lo que sea, que tal vez algún día no tengamos dinero. Así no se puede vivir. Los Hijos de la Luz no podemos vivir con miedo sino con fe. Un estilo de vida que nos hace confiar en Dios, el Dueño y Señor de todo el oro y toda la plata, creyendo en Dios y a Dios ¿No estamos en las manos de Dios? ¿Acaso no sabe Dios lo que necesitamos? ¿Nos daría la vida Dios para después dejarnos morir de hambre? No, mis amados amigos, Dios sabe lo que necesitamos, espiritualmente, emocionalmente y en el campo de lo material.


La fe en Dios es la certeza, seguridad y la confianza de que el Señor sabe lo que necesitamos y que proveerá de lo necesario. No estamos diciendo que nos dará todo lo que deseemos sino todo lo que necesitemos realmente. El amor al dinero no es más que el deseo primario de acaparar, poseer, codiciar, amasar y acumular, para sentirnos seguros. La falsa seguridad de protección que da el dinero no está en el mismo dinero sino en nuestro corazón, que nos hace creer que con más dinero estaremos más seguros. Alguien dijo que “la única seguridad es que nacemos y morimos todo lo demás es cuestionable”. El dinero no es Dios sino un falso dios, con minúsculas, que nos quiere dependientes de todo lo que es material y codiciable.

“No toméis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas” Lucas 9.3

En el Camino a la Vida Eterna no hace falta bastón, a menos que andemos mal. No hace falta alforja, para guardar cosas innecesarias. No necesitamos acumular pan, que después se pone duro, pues tenemos la seguridad que Dios nos dará el pan cada día. Todos los días tendremos pan producto de la tierra y pan producto de los Cielos. La fe en Dios se manifiesta de forma práctica cuando confiamos en la provisión del Cielo del pan de cada día. No necesitamos depender del dinero. La dependencia que necesitamos es la confianza en la provisión de Dios. El dinero no salva, no sana y no nos hace mejores por su acumulación sino todo lo contrario. No necesitamos dos túnicas un indicativo de lógica precaución, pero no de santa confianza en Dios. Los que vamos por el Camino solo necesitamos andar y permanecer dentro del mencionado Camino todo lo demás nos vendrá por añadidura.


La bendita alegría no viene por tener dinero, se tenga mucho o poco, sino por tener lo necesario para cada día. Los únicos elementos vitales en la vida, hablo literalmente, son harina, agua y aceite. Con harina, agua y aceite se puede subsistir y mantenerse con vida. Los vaivenes de la economía mundial nunca podrán aportarnos seguridad, confianza y mucho menos fe. Los que creen que con dinero se puede estar tranquilos y seguros desconocen el poder de Dios y su bendición. Los que nos definimos como creyentes, en el Único Dios Verdadero, dependemos espiritual, emocional y materialmente del Cielo. El dinero no aporta seguridad sino todo lo contrario miedo y preocupación sea por querer tener más o por perder lo que ya se tiene. “Alzaré mis ojos a los montes ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Dios, que hizo los cielos y la tierra” Salmo 121.1–2

Los que confían en la provisión y el socorro del Cielo viven exentos de miedo pues saben, con absoluta certeza por la fe que produce la Escritura, que Dios siempre será su proveedor y su socorro ¿Aquél que ha hecho los Cielos y la tierra no tendrá el poder para socorrernos? ¿Aquél que tiene todo el oro y toda la plata no tendrá dinero para pagar nuestro trabajo? Los que le creen a Dios no solo no tienen miedo, en lo que pueda acontecerles, sino que lejos de acaparar con temor y temblor son generosos. Los que trabajan para Dios no pueden desconfiar de lo que Dios nos dice en su Palabra y actuarán en consecuencia.“A Dios presta el que da al pobre; el bien que ha hecho se lo devolverá” Proverbios 19.17

Todo el bien que hagamos Dios nos lo devolverá, de una forma u otra. Dios mismo se hace deudor considerando el bien que nosotros hacemos a otros como un préstamo personal al cual Él mismo se está obligando a devolver. El problema sería que no estuviéramos sirviendo o trabajando para Dios ¿Tendrá deudas Dios con sus trabajadores? ¿Dejará Dios de pagar las deudas contraídas? Cuando somos generosos y cumplimos con nuestros compromisos y pactos con Dios el socorro del Cielo no escaseará en nuestra vida. ¿De qué sirve el dinero en la mano del necio para comprar sabiduría, si no tiene entendimiento? Proverbios 17.16


La Escritura nos enseña que es una necedad llegar a pensar que con dinero podemos conseguir seguridad, tranquilidad o todo lo que queramos y deseemos. La sabiduría es una de las muchas cosas que no se puede comprar con dinero ¿Te has preguntado alguna vez cuáles son las cosas que no se pueden comprar con dinero? Muchas cosas no se pueden comprar con dinero.

Todos aquellos que están sufriendo por temor a perder dinero o posesiones deben urgentemente ponerse en las manos de Dios y manifestar en quieta y genuina oración la necesidad de la intervención del Cielo. La meditada lectura del Salmo 121 debe ocupar nuestros pensamientos y sueños. Una buena práctica es irse a descansar habiendo leído la Escritura, para que nuestros pensamientos reposen con la fe en Dios. 

En este punto recordamos el compromiso que hemos adquirido con el Cielo de leer la Palabra de Dios, a diario, siguiendo como una sana norma el Plan Anual de Lectura Bíblica. La fe viene por leer, oír y obedecer la Palabra de Dios ¿Miedo? ¡No gracias! Si vamos a temer que sea exclusivamente a Dios. Si está sufriendo la influencia emocional del dinero experimentando miedo e inseguridad es tiempo de reconciliarse con Dios. Lo más probable es que ese miedo nos venga cuando no estamos trabajando y viviendo conforme a los planes que Dios tiene, para cada uno de nosotros, nuestras familias y nuestra Comunidad. Una sincera autoevaluación sería muy necesaria y conveniente.

Alzaré mis ojos a los montes ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Dios, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. Por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Dios es tu guardador. Dios es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Dios te guardará de todo mal, él guardará tu alma. Dios guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.
(Salmo 121.1–8)


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