Prestamos, deudas y garantías ¿Nos dan tranquilidad?


Todos luchamos por dejar atrás aquello que creemos nos impide prosperar. En cuestiones de carácter económico, personalmente, tengo un Másters en Complicaciones y Problemas.

Los fracasos no deben ser percibidos como grandes problemas sino como grandes oportunidades de aprender de los errores cometidos. La madurez en todos los campos nos sobreviene cuando superamos las dificultades propias de la vida y decidimos continuar sin desmayar hasta alcanzar el objetivo, que nos hubiéramos propuesto sin recurrir a las deudas o préstamos personales. 

Los objetivos son importantes pues nos permiten entender, en qué punto del camino recorrido nos encontramos. Las personas sin metas definidas y objetivos concretos son fácilmente influenciables ya que no tienen claro a dónde quieren llegar. Todos los seres humanos tenemos las mismas necesidades emocionales, afectivas y materiales, pero ¿Endeudarnos es una forma aceptable de alcanzar lo que deseamos? El dinero supone, como estamos viendo, en esta serie de enseñanzas, un factor que puede desequilibrarnos, preocuparnos y en muchos casos dirigir nuestra vida. El deseo de posesión del dinero se puede convertir, en una obsesión totalmente destructiva.



“Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición” 1 Tim.6.9

No hay mayor tentación destructiva, que querer enriquecerse. No debe confundirse, enriquecerse, con el natural anhelo de prosperar. La perdición está a la puerta de aquel que solo busca enriquecerse. El sentimiento de seguridad que da el dinero, como ya dijimos, es falso. La Escritura enseña sin la menor duda los peligros temporales y eternos, que conlleva el deseo de enriquecerse. En el peligroso juego del “monopoly de la vida” muchos pierden lo que ganaron incluida la Vida Eterna. Las expresiones “destrucción y perdición” no dejan espacio a la duda de aquello a lo que se refiere la Escritura, en el pasaje anteriormente mencionado.

Otro factor determinante de conflicto emocional es el de contraer voluntariamente deudas o préstamos. Las deudas contraídas, como ya dijimos por nuestra propia voluntad, también conllevan la falsa seguridad de pensar que hemos alcanzado algo, con el dinero que nos han prestado. Si un préstamo nos hace sentir seguros deberíamos estar preocupados. Las empresas de préstamos y los bancos nos venden la idea de que un préstamo nos hará felices y que podremos realizar todos nuestros sueños. Una terrible tragedia que está causando que el índice de suicidios aumente día tras día ¿Los prestamos son causa de muerte? No es el préstamo en si el causante del aumento del índice de suicidios sino los sentimientos de frustración y fracaso que surgen al no poder hacer frente a los pagos de su devolución. Solo una persona sabe lo que se siente, al no poder hacer frente a un pago, cuando ha pasado por el sufrimiento de no poder cancelar una cierta deuda. El deudor se convierte de un día a otro en esclavo del que le prestó.

“El rico se hace dueño de los pobres y el que toma prestado se hace siervo del que presta” Proverbios 22.7

En este punto aclaramos que pedir un préstamo no es malo o pecaminoso, pero no facilita nuestra vida, como nos quieren hacer pensar. Todo préstamo implica dependencia del prestador sea persona, entidad financiera o banco, valga la redundancia. El que acepta un préstamo debe saber que pasa a otro nivel en el cual su nuevo estatus es de siervo, aunque suena fuerte decirlo así. En la práctica nos hacemos siervos de los que nos prestan. La mayoría de nosotros hemos pedido algún tipo de préstamo, por ejemplo, un préstamo hipotecario y sabemos que desde ese momento estamos dependiendo del banco.


Los préstamos, sean del tipo que sean, las deudas contraídas y las garantías que nos piden para que se nos “conceda” un préstamo, quedan sujetas al prestatario sea un banco o persona física. Los objetivos y proyectos que tengamos en la vida deben alcanzarse con esfuerzo, constancia y fe. Pedir prestado para alcanzar un sueño se convertirá irremediablemente en una pesadilla. El Cielo sabe lo que necesitamos y lo que deseamos, que son dos cosas diferentes. El préstamo debería ser el último recurso en nuestra vida. Nada más negativo que deber un préstamo o tener deudas. Un doloroso sufrimiento, que no le deseo a nadie.

“La bendición del Eterno es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” Proverbios 10.22

La Bendición con mayúsculas que el Señor nos “presta” no lleva intereses, pero si muchas responsabilidades. La Bendición de Dios es la que verdaderamente nos enriquece. La supuesta bendición al aceptar o recibir un préstamo es falsa. La tristeza tarde o temprano llegará por medio de ese préstamo, que consideraste una bendición, ya que te permitió conseguir lo que deseabas en ese momento. Por nuestra parte quisiéramos librarte de toda esclavitud, sea la que sea, pero al final cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos, decisiones, deseos o de todo aquello que anhelamos alcanzar. Mejor es esperar a tener lo que el Cielo nos permita, aunque ahora no lo tengamos, que tener todo lo que queramos y estar sometidos por medio, de una deuda contraída.

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros, pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley” Rom. 13. 7-8



Las únicas deudas buenas conforme a la Ley de Dios son las de respeto, honra y amor al prójimo. Todo lo demás, sea lo que sea, nos traerá tristeza, angustia y pobreza. El que mucho debe mucho teme. No viva intranquilo por contraer deudas innecesarias. Confíe en Dios que sabe cuál es la necesidad real que tenemos y esperemos en fe recibir lo que necesitamos. Todo lo que necesitemos Dios no los dará a su tiempo, pero no todo lo que simplemente deseemos. 

Los tiempos nuestros y los de Dios no siempre son coincidentes. Persevere en fe y confíe en la Provisión de lo Alto ¿Estamos dispuesto a esperar la provisión del Cielo sin tener que pedir prestado? No todo lo que queremos lo vamos a tener, aunque con un préstamo algunos lo arreglan todo. Los prestamos pudieran hacernos la vida más fácil, pero no más segura, feliz y próspera. La facilidad en conseguir las cosas no significa que nos hagan bien, ni mejores. Pedir al Cielo lo que necesitamos no es lo mismo que pedir al banco un préstamo, aunque nos lo den en el mismo día ¿Nos da más tranquilidad el banco o el Cielo? 



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