Motivados y actos para aprender y enseñar

La motivación para enseñar viene del Cielo, pero la actitud y disposición viene de nuestro corazón. El Cielo nos llama, pero la respuesta la tenemos que dar nosotros ¿Estamos motivados y dispuestos a enseñar? La motivación necesita de nuestra disposición para servir a Dios, en un área muy específica como es la instrucción bíblica.


Cuando hablamos de enseñanza por lo general pensamos en la forma de enseñar o en el método de enseñanza y no tanto en lo que vamos a enseñar, en otras palabras, en la materia. Una cosa es el método de enseñanza y otra diferente es la materia que pretendemos enseñar. El método de enseñanza puede variar dependiendo de la escuela de pensamiento que se aplique, pero el contenido es de vital importancia pues procede directamente del Cielo. No todo lo que se presenta como una materia docente es sencillamente bueno, para los niños. Cuidado con lo que les están enseñando en el colegio, pero mucho más cuidado con lo que nosotros les estamos enseñando o no enseñando, en nuestra casa.

La enseñanza en general ha alcanzado cotas preocupantes por las materias que se están imponiendo, por medio del currículum lectivo, y no tanto por el método de enseñanza que se está usando. No es que carezca de importancia el método de enseñanza, lo tiene, pero lo verdaderamente importante y trascendente es aquello que estamos enseñando. Lo importante no es tanto cómo estamos enseñando, sino qué estamos enseñando. El orden de estos factores si puede alterar el producto o resultado final.

“Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” 
Salmo 119.105

La Lámpara de la Palabra de Dios es la que ilumina y para eso debe estar encendida primeramente en nuestro corazón. Iluminar es nuestro trabajo y mantener la llama encendida de la fe en todo momento, situación o lugar. Enseñar es iluminar el camino propio y de otros, con la Palabra de Dios. El maestro debe impartir la enseñanza con emoción, satisfacción y objetivos claros. Un maestro desmotivado, insatisfecho y sin un objetivo espiritual estará avocado al fracaso personal, pero lo peor es que puede trasmitir también su frustración a aquellos que está pretendiendo enseñar. No se trata solo de impartir conocimientos sino de compartir la experiencia de fe, que a su vez alguien también nos ha compartido. En nuestro contexto la llamamos Enseñanza Discipular, que vendría a ser el método, acompañada de la materia que es la Palabra de Dios o Escritura.


Con la llamada del Cielo a servir a Dios, por medio de la enseñanza y transmisión de la fe, también llega el buen ánimo y la motivación necesaria, para prepararnos.  En el testimonio de Tibi Ram una persona que sobrevivió al Holocausto, subido a nuestra página web, nos cuenta cómo después de sufrir tan terrible situación en la vida se alistó, en el ejército de Israel. El deseo que tenía era servir a su nación y llegar a ser un buen soldado, que le llevó a formarse con esfuerzo y dedicación. En su testimonio cuenta que ya en el ejercito hacía todos los cursos que salían, para llegar a ser un buen soldado llegando a ser teniente coronel del ejército de Israel. Una buena motivación precisa del buen esfuerzo de la preparación. No debemos improvisar según vayamos creciendo en la fe, sino que tenemos que formarnos en el conocimiento y puesta en práctica de la Palabra.

Un verdadero Maestro de la Fe Verdadera no se ofrece para enseñar, sino se prepara antes que nada para poder enseñar. En algunos casos el problema del maestro no es la frustración, el desánimo o la apatía, sino el desmedido deseo de ejercer autoridad sobre otros a los cuales puede llegar a considerar inferiores, aunque sea cultural o espiritualmente hablando. Con la llamada del Cielo vienen la motivación para enseñar y también el dominio propio para esperar, formándose como hacía el soldado anteriormente citado, hasta que el Señor le abra la puerta de la “clase” y se llene de alumnos o discípulos. El que pretende ser maestro no tiene que ofrecerse a enseñar sino ofrecerse a aprender.


Los alumnos vendrán cuando así lo decida el Señor. Los discípulos que estén ávidos por conocer al Eterno buscarán a Dios y un maestro experimentado en la fe, para que le enseñe ¿Estás deseando tener discípulos qué te sigan? Deja que vengan a ti por su propia cuenta. Por tu parte ve al Maestro de Maestros y pídele consejo, dirección e instrucción. En el momento en que estés preparado, el Eterno, te hará llegar los talmidim o discípulos, a los cuales puedas enseñar. A mayor y ansiosa insistencia, por tu parte, en pretender enseñar mayor será la resistencia que tendrás de otros en querer aprender.

Persevera en aprender antes de pretender enseñar. Te irá mejor y darás mejor ejemplo. La bondad atrae más talmidim, que la exhibición de un supuesto conocimiento. El encargo que tenemos del Cielo es buscar a fieles que sean idóneos, para enseñar también a otros ¿Contamos contigo? El Señor te dé entendimiento en todo y tengas el buen ánimo de prepárate esforzadamente.

Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Yeshua HaMashiaj. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado del Mesías. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
2 Timoteo 2.1–7

Comparte y reparte esta enseñanza, que es la mejor forma de prepararte para hacer discípulos y para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor. Preparados nos quiere el Señor como maestros, soldados, atletas y labradores ¡Ya ves que las oportunidades de servir y enseñar son muchas!


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