Proceso de Integración en la Cultura del Cielo

La integración en otra cultura no es fácil, pero especialmente cuando hablamos de integración en la Cultura del Reino de Dios. La disposición del corazón es determinante a la hora de integrarse en un país, empresa, club deportivo, comunidad o en una asociación sea del tipo que sea.


Toda integración conlleva en cierta forma una “desintegración” de nuestro yo, para ser parte de otros, aunque tengamos diferentes trasfondos culturales. La individualidad se diluye para hacerse parte de un todo. El ego, el yo soy, da paso a un nosotros. 

El caso más llamativo, emocional y espiritual lo encontramos en la Escritura, en la historia de Rut. Una vida impresionante, alentadora y motivadora, en la forma y en el fondo, de cómo fue su integración en el Pueblo de Israel. En la presente enseñanza vemos con toda claridad que nuestro trasfondo cultural no representa ningún impedimento, para integrarnos en el Israel de Dios.

Rut era moabita, un pueblo tradicional enemigo de los israelitas, pero eso no significó problema alguno para que Rut se integrara de una forma espectacular, en la Cultura del Reino de Dios. No hubo impedimento alguno en Rut, con todo el antagonismo que culturalmente llevaba encima, para que en un momento histórico pronunciara las palabras más bellas de amor a Dios, a su Pueblo Israel y Noemí su respetada suegra.

“Rut respondió: No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo y allí seré sepultada. Traiga Dios sobre mí el peor de los castigos, si no es solo la muerte lo que hará separación entre nosotras dos” Rut 1.16–17

El compromiso que Rut vocalizo por su suegra Noemí es una demostración práctica de su amor por todo el Pueblo de Israel. Un corazón, el de Rut, que no pudo ser manipulado contra los judíos. La mejor forma que tenemos de comunicar la bendición que representa el amar a Israel de Dios y al Dios de Israel siempre empieza, por nuestra actitud. Somos lo que somos, opinamos lo que opinamos y no lo que opinan de nosotros. No te dejes influenciar por oscuras conciencias que ya han sido manipuladas, para que manipulen a otros ¡Escrito está! "Conoceréis la Verdad (con mayúsculas) y la Verdad os hará libres".


La verdadera libertad empieza por una conciencia libre de prejuicios contra los demás. Aquellos que han sufrido un proceso de manipulación mental y psicológica, contra Israel y los judíos en general, están en las cárceles del odio. Los presos en la cárcel del odio son muy difíciles de reinsertar en la sociedad de los hombres y las mujeres, de buena voluntad. La ceguera espiritual y moral a la que han sido sometidos desde niños les ha convertido en oscuros personajes propios de una novela de terror.

La preciosa Rut, preciosa en el sentido más espiritual de la palabra, demostró que todo resentimiento, prejuicio o animadversión puede ser superado con el amor que viene del Cielo a aquellos que buscan la Verdad de Dios. Todo sentimiento de enemistad o antipatía que se puede experimentar contra alguien puede ser perdonado, por Dios y los seres humanos, si tenemos la capacidad de arrepentirnos y entrar en el Camino de la Salvación, que nos lleva a la Vida Eterna. 

El amor perfecto que mostró el Mesías por todos los seres humanos demostró su gran humanidad. El amor demostrado por Rut hacia su suegra Noemí, provenía del Cielo sin la menor duda, pero necesitaba de la aceptación voluntaria de la misma Rut. Una mujer alejada de las Promesas del Cielo que aceptó el reto de querer formar parte de la Cultura del Reino de Dios. Un llamado de amor que conquistó muchos corazones de los que en otro tiempo eran sus enemigos inducidos por la cultura de este mundo.

Las palabras de Rut a Noemí, tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios, siguen resonando en la conciencia de toda la humanidad llamada a cambiar de estilo de vida y entrar a formar parte del Reino de Dios. En otras palabras, a entrar a formar parte de la Ciudadanía del Israel de Dios.

“En aquel tiempo estabais sin el Mesías, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los Pactos de la Promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Yeshua HaMashiaj, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre del Mesías” Efesios 2.12–13

En este tiempo estamos con el Mesías, la Promesa se ha cumplido, y el Reina y ejerce autoridad y poder en aquellos que han aceptado el llamamiento a la verdadera libertad, que viene de lo Alto. Nosotros, cada uno de nosotros, somos los responsables de hacer Hasbará, también con mayúsculas, e iluminar a este mundo con nuestro transformado corazón. La obra ya la ha hecho el Mesías, para que nosotros la continuemos y seamos fiel reflejo de su amor, por la humanidad. 

El servicio a Dios empieza por arrepentirnos de todo resentimiento, prejuicio o animadversión y pedir perdón a Dios. Una vez con la certeza de que hemos sido perdonados, y por tanto transformados en nuevas criaturas, sirvamos a Dios y al prójimo con honestidad y sinceridad. La bendición para las nuevas Rut que entran a formar parte de nuestra Comunidad ha quedado también reflejada para la eternidad en el Libro de Rut, en las palabras inspiradas de Booz, el que más tarde sería su esposo.

Booz le respondió: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y cómo has dejado a tu padre y a tu madre, y la tierra donde naciste, para venir a un pueblo que no conocías. Qué el Eterno te recompense por ello, y que recibas tu premio de parte del Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. Rut 2.11–12

Rut dejó a su padre y madre para entrar a formar parte de un pueblo que no conocía y refugiarse bajo las alas del Eterno ¿Se puede tener mayor bendición? Una más al menos, aquella que pronunciaron los ancianos ante Booz cuando adquirió el público compromiso de casarse con Rut.

“Todos los que estaban a la puerta del pueblo y los ancianos respondieron: Testigos somos. El Eterno haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas distinguido en Efrata, y renombrado en Belén. Sea tu casa como la casa de Fares, el hijo de Tamar y Judá, gracias a la descendencia que de esa joven te dé el Señor. Así fue como Booz tomó a Rut y se casó con ella. Se unió a ella, y el Eterno permitió que concibiera y diera a luz un hijo” Rut 4.11–13

No se nos olvide el llamativo hecho de que Rut al casarse con Booz llegó a ser la bisabuela, nada más y nada menos, que del mismísimo Rey David ¿Se cumplieron las bendiciones que recibió Rut? Con creces, ciertamente con creces ¿Serás tu una bendecida como Rut, para nuestra Comunidad? ¡Así sea!



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