Los verdaderos artífices de genuina fe motivadora


La clave de que alcancemos las metas y los objetivos que pretendemos está en la correcta motivación, que nos mueve a actuar. La motivación es la disposición inquebrantable de esforzarnos para alcanzar las metas y los objetivos propuestos. La motivación es fe en acción que trabaja con visión de futuro, sin obviar el presente. La motivación produce acción, pero la acción no produce necesariamente motivación, algo a tener en cuenta.

Muchas cosas se pueden hacer sin estar motivados. No todo esfuerzo motiva, pero si toda motivación produce esfuerzo y buen ánimo, a nivel personal y como equipo. 

La actitud es lo primero que hay que cambiar. Las personas individualistas no quieren cambiar, ni la actitud, ni todo aquello que está relacionado, con los demás. No quieren, ni saben vivir en grupo y se desconectan con facilidad de los intereses comunes. La opción que eligen es vivir como quieren sin pensar en lo que otros quieren. Un conflicto de intereses que no saben resolver y que siempre les están causando frustración y conflictos con los demás.

La meta prioritaria, que todo debemos tener, es cambiar nuestra actitud como personas, familia, congregación o comunidad. Todo cambio exige primeramente una transformación personal. Lo que no cambiemos a nivel personal, la actitud, siempre generará desánimo y pesimismo en nosotros y en los demás. Un cuerpo sano requiere un actitud sana y equilibrada, para poder hacer los cambios necesarios, a lo largo de toda la vida. Nos vamos haciendo y mejorando poco a poco, pero sin pausa.


El que mantiene un lenguaje negativo, pesimista, derrotista, o simplemente el que acepta pasivamente como inevitable lo que es, o aquello que le sucede, lleva un lastre innecesario y pesado. Un lastre innecesario que nos afecta personalmente, como grupo o equipo. La motivación tiene que ver con la satisfacción emocional y espiritual que produce servir a Dios y a los demás. En términos bíblicos, servir a los intereses del Reino de Dios, que no dejan de ser los Intereses Comunes y Comunitarios de los que tanto hablamos.

Somos parte de un Reino, con mayúsculas, de labradores, pastores, pescadores, obreros, mayordomos, siervos, que están llamados a enseñar y a proclamar la Justicia del Reino de Dios. Todos, independientemente de nuestra responsabilidad, somo importantes y determinantes a la hora de motivar o desmoralizar a otros. La actitud de fe motiva, anima y genera ilusión personal y de equipo. La motivación siempre empieza en el corazón y se contagia por la sana alegría de una fe activa dispuesta a servir al prójimo. Un Reino de familias serviciales donde todos sus miembros se ayudan mutuamente.

El Señor llamó a gente sencilla, para una misión sencilla, que no significa sin importancia. Las cosas sencillas de la vida son las más importantes y no se las puede encargar a cualquiera, por muy preparado que se crea. El Mesías no llamó a grandes magnatarios, eruditos, famosos o líderes de multitudes, sino que llamó sencillamente, a gente sencilla. Uno de los problemas de estos días es que se ensalza la vanagloria y la popularidad. Claro que Dios está interesado en alcanzar a gente influyente y famosa, que también, pero sin pasar por alto a la mejor gente del mundo, que es la gente sencilla, sean o no sean conocidos.


La mayoría de los que sirven a Dios son personas sencillas y desconocidas por otros, pero bien conocidas por el Señor. La gente sencilla son los verdaderos artífices de genuina fe motivadora. Gente con mayúsculas, sencillamente sencilla, que está interesada por los demás preocupándose y ocupándose en resolver problemas y no en crearlos. 

El enfoque de debemos tener es motivar a cuantos están en nuestro círculo de relación. Un lugar emocional, el círculo de relación, en el cual desarrollamos la motivación y en donde nos exponemos, a las mayores críticas y pruebas de fe. Los verdaderos artífices de genuina fe motivadora saben enfrentarse a ellos mismos, el peor de los enemigos, y a todo espíritu negativo que quiere amargarnos la existencia.

“El que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá, solo en sí mismo y no en otro, motivo de gloriarse, porque cada uno cargará con su propia responsabilidad”
Gál. 6.3–5

Compartir la motivación generosamente, entre otras bendiciones, es la base espiritual de todo milagro de abundancia, para que tengamos lo suficiente y que además sobre, para repartir a otros. El concepto motivado viene de tener un motivo por el cual estar feliz y alegre ¿Tenemos motivos para estar motivados? Si es así comparte y reparte esta enseñanza, para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor ¡Con sanas motivaciones nos quiere Dios!

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