CAUSA EFECTO EN EUROPA

La ley de la "causa efecto” tal vez nunca ha sido más evidente, que hoy en día. La causa y la consecuencia del terrorismo islámico, tiene como efecto y defecto el terrorismo neonazi, que disfrazado de cristianismo salva patrias, está latente en el mundo entero, no solo en la vieja Europa. Lo que no se radica a tiempo, como célula cancerígena, acaba extendiéndose, radicalizándose y enfrentándose con todo el cuerpo, en este caso con el mundo entero.

El terrorismo islámico ha sido, es y será, el caldo de cultivo de donde fermentan las más viles y monstruosas formas del sadismo, que el hombre puede inventar. Europa y sus dirigentes, con algunas excepciones, han mirado a otro lado cuando el terrorismo islámico ha asesinado cobardemente a miles y miles de seres humanos, volando trenes, autobuses o edificios, incluso en el propio territorio europeo. La tibieza de sus hechos, declaraciones y políticas, así parecen indicarlo.

Ciudadanos europeos, como de otras naciones, están siendo aterrorizados primero, torturados, secuestrados, decapitados o como vimos hace unos pocos días fusilados y rematados salvajemente por islamistas de Al-Qaeda y nadie parece quejarse airadamente. Apenas algunos comentarios para llenar los huecos de los periódicos, pero brillan las declaraciones de la ONU y sus satélites europeos, enfrentándose con firmeza a los islamistas asesinos. Si hubiera ocurrido algo similar en Israel, el mundo entero habría gritado al unísono y amenazado con las reiteradas resoluciones de condena, con las cuales estamos habituados. Las denuncias de Europa son prácticamente imperceptibles, por el ciudadano común, al cual se le quiere encauzar dentro de la política de apaciguamiento de las conciencias, en que se ha convertido esta envejecida, políticamente hablando, Europa.

La mentalidad del “nacional socialismo nazi”, no acabó con la finalización del juicio de Núremberg, más bien se enquistó, por cerrarse en falso un juicio que debía haberse extendido a miles de nazis, de toda graduación y que salieron indemnes de los crímenes contra la humanidad que cometieron.

El peligro de un rebrote del nazismo ya no es algo del futuro después de lo ocurrido en Noruega. La realidad es que el islamismo y el nazismo no son tan opuestos, ambos tienen un mismo enemigo común que destaca de los demás y que todos conocemos.

Todo parece indicar, que no se emplean los mismos medios de todo tipo, en la Unión Económica Europea, para luchar contra el islamismo, xenófobo, racista, excluyente, misógino, antijudío, antioccidental, antiamericano y asesino de masas, y contra su opuesto, el nazismo, justificándose este por un islamismo salvaje y unas políticas europeas de ojos cerrados a la realidad. El monstruo del nazismo está alimentado de las propias políticas permisivas hacia el islamismo, de comprensión, apoyo y financiación, que los diferentes regímenes europeos les prestan a fondo perdido. Europa no teme a la ultraderecha y no teme al islamismo, con los cuales firma alianzas, pactos y contratos. La Europa liberal y progresista, lejos de ver el peligro lo mantiene en casa, durmiendo con sus enemigos, en un “ménage à trois” imposible tanto ética como moralmente hablando.

Las nefastas políticas de inmigración de la Europa Económica, son un modelo perverso de alimentar los extremismos violentos, tanto de derechas como de izquierdas, de islamistas o de integristas cristianos. Los ciudadanos europeos estamos sometidos a las políticas progresistas, que a su vez están sometidas a los “chantajes petroleros” de los países productores, no solamente los países árabes. Nos obligan a malvivir con personas que rechazan, toda forma de integración y que además controlan literalmente parques, barrios, pueblos, tanto en pequeñas ciudades, como en grandes capitales, imponiendo una ley no escrita, afín a sus respectivas culturas. Los barrios de ciudades como Madrid o Barcelona, han pasado a ser feudos controlados por mafias, donde la policía tiene que replegarse bajo órdenes de carácter político. No prima la seguridad de las personas y de los cuerpos de policía, sino la política que aplica el gobierno de turno. El descontento social y el de los cuerpos de seguridad es notable, palpable y contrastable. La sociedad se está trasformando en un crisol de inculturas, que deglutirán la ya desdibujada cultura europea. La más fuerte y depredadora será la que arrase con todas, incluida la nuestra o lo que queda de ella.

El pistoletazo de salida lo han dado el progresismo institucional, aquel que ha permitido que BILDU, partido nacionalista de corte racista y supuesto brazo político de ETA, controle los ayuntamientos y con ellos ingentes cantidades de dinero, disponibles según sus criterios. Así mismo el cacareado multiculturalismo, forma la línea de batalla, del frente islámico para tomar los ayuntamientos, con la inestimable ayuda de los diversos partidos que colocan en sus listas a musulmanes o islamistas moderados, como si esto fuera posible, y que están escalando el poder de forma silenciosa, pero firme. La democracia es como aquella estatua cuyos pies están formados con hierro y barro, algo realmente inaudito, que acabará por hacerla caer.

Con todo este panorama y mucho más que no hemos nombrado, los enemigos de la “democracia activa o no activa”, están tejiendo la telaraña fascista de nuevo cuño, justificándose por lo anteriormente nombrado. Además tiene una clara base social, que lo apoya. La base está formada en su mayoría trabajadores en paro de larguísima duración, jóvenes desencantados con el sistema, reconvertidos en anti-sistemas. Pequeños empresarios con grandes arruinas, amas de casa convertidas en sirvientas, cansadas de ver como tienen preferencia para recibir ayuda los inmigrantes. El sistema de puntos favorece al inmigrante por ser inmigrante, alcanzando más puntos para recibir diferentes clases de ayudas sociales. La derecha extrema y los grupos nazis, se aprovechan de este desencanto real y cultivan el odio indiscriminado contra todos inmigrantes y contra todos los que no piensan como ellos.

Lo sucedido en Noruega es la punta del iceberg, que estamos viendo y la señal de partida para una confrontación violenta en nuestro propio seno. El campo de batalla se ha trasladado de Afganistán a las calles de Europa. Lejos de prepararse los gobiernos para lo que se está gestando, hoy mismo leemos que el gobierno español no ve necesario elevar el nivel de alerta, después de los hechos ocurridos en Noruega. ¿Qué tiene que pasar para elevar el nivel de alerta, ante un ataque de la extrema derecha? El terrorista nazi de Noruega, aunque pudiera haber perpetrado su acción, a nivel personal, representa toda una mentalidad que está enclaustrada en el corazón de muchas personas, grupos y asociaciones, secretas o públicas, que se mueven con total impunidad entre nosotros.

Nuestra Alianza de Civilizaciones debe ser una especie de pacto de no agresión, entre el mundo occidental y el mundo islámico, que tendrá consecuencias dramáticas en un futuro muy cercano. Lástima que no recordemos la historia de Saladino y su política de pactos, conocida como la “Paz de Saladino” ¿Sabe usted lo que significa? Hoy estamos en el marco de esa misma política islámica, donde se hacían pactos de paz, a la espera de mejores momentos para destruir al enemigo. Tendrán nuestros enemigos el estatus de aliados, hasta que nos convenga, esta era la “política” de Saladino.

Debemos estar preparados nosotros y nuestros hijos para lo que se nos viene encima, en esta Europa que quiere pactar con quién sea, incluso con el diablo si fuera preciso, con tal de que no se perturbe su flácido nivel de vida, su orgullosa influencia internacional y su estatus de primer mundo. ¿No saben nuestros dirigentes que todo eso ya se ha terminado? Si la decadencia tuviera nombre se llamaría Europa, aunque algunos ya la llaman Euroarabia (Fuente: EL RELOJ por José I. Rodríguez)

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