Devoción y obligación conceptos inseparables

Comentarios cortos para vidas largas y trascendentes en familia

Un refrán muy conocido dice que primero es la obligación y después la devoción. Os recomiendo que primero sea la devoción, leer y orar, y después la obligación sea la que sea. En primer lugar, debemos buscar el Reino de Dios y sus demandas, todo lo que es de justicia hacer, y las demás cosas nos serán añadidas. Aunque lo sabemos no siempre lo entendemos.

Bien, primero la devoción y después la obligación, pero ojo que no nos escudemos en la devoción para no hacer lo que nos es obligado hacer. Unas veces usamos la obligación como excusa por no haber hecho las devociones diarias. Otras veces usamos la devoción como excusa por no haber hecho las obligaciones, que deberíamos hacer de forma cotidiana.

La devoción puede servir de excusa para no hacer lo que es de obligado cumplimiento sea el trabajo de casa o el trabajo de empresa. Por otro lado, las obligaciones pueden servir de excusa para no hacer nuestras devociones diarias. Ni lo uno ni lo otro es aceptable. Nadie puede excusarse de no hacer lo que debe, sea devocionalmente o sea aquello que nos es de obligado cumplimiento en casa o fuera de casa.

Cuidado con la falsa espiritualidad de parecer muy “devotos” y dejar de hacer las obligaciones laborales que tenemos contraídas. Cuidado con parecer y no ser. Lo más peligroso que he visto por años es la falsa espiritualidad que nos hace pensar que somos muy devotos y nos desentendemos de las obligaciones diarias en forma de tareas de casa, por ejemplo. En la familia todos estamos obligados a participar del trabajo diario que supone comprar, hacer la comida, servirla y después dejar la cocina recogida. Cuando digo todos es todos.


La vida en familia debe ser un esfuerzo compartido y no una carga para una persona, que por lo general es la esposa. Los casos en que el esposo hace todo en casa son menos, pero también existen. Tanto lo uno como lo otro, son también inaceptables. No podemos dejar que una persona haga todo en la casa y que la mayoría no haga nada. No es ni justo, ni necesario y va en contra de lo que enseña la Escritura sobre ser verdaderamente espiritual. Otra cosa es que en un matrimonio uno de los cónyuges trabaja fuera de casa es entonces cuando seguramente uno de los cónyuges tendrá más oportunidad se servir que el otro en el hogar.

Un concepto de vital importancia es considerar el trabajo en el hogar como un servicio a Dios y a los demás. Para muchos, sean mujeres u hombres, trabajar en el hogar es una carga la cual no quieren llevar. El trabajo del hogar es un servicio que hacemos para la gloria de Dios tanto como el trabajo que hacemos en una empresa, fábrica u oficina. Las responsabilidades deben repartirse entre todos los miembros de la familia desde los adultos a los niños.

Cuando los dos cónyuges trabajan fuera de casa todavía es más urgente el tener un plan consensuado en el reparto de las tareas en casa. Los esposos deben repartirse el trabajo en la casa, pero se alcanza el nivel óptimo de colaboración cuando todas las tareas se hacen juntos. Los que dejan que uno haga todo están destruyendo la armonía en el hogar y tarde o temprano surgirán problemas. Si uno de los cónyuges está más tiempo en casa la lógica nos dice que será quién tenga que esforzase más y coordinar el trabajo de hogar. No tiene sentido que cuando uno de los cónyuges, sea el esposo o la esposa, trabaja fuera tenga que venir después de una jornada laboral y ponerse a hacer las cosas del hogar. No tiene sentido ni justificación alguna.


La verdadera espiritualidad es la que cumple con las promesas adquiridas sean en el plano familiar, laboral, económico o Congregacional. Somos lo que deberíamos ser cuando hacemos lo que debemos, en todos los planos de la vida. Tanto estamos obligados a ser devotos, entendido como espirituales, como a cumplir con las tareas que tenemos que hacer a diario. Hay veces que somos tan espirituales que no hacemos nada por los demás incumpliendo las obligaciones del trabajo en casa, de todos los días. Cuidado que muchos matrimonios se han roto por el egoísmo de una de las partes respecto a sus obligaciones diarias. Insisto en que trabajar en el hogar es un deber y un honor especial que exalta a Dios y bendice a cuantos forman parte de la familia. El que sirve en casa a Dios está preparado para servir a Dios en su Casa con mayúsculas.

Las personas espirituales, que vemos en la Escritura, eran aquellas que ponían las mesas y que servía a los demás. La espiritualidad no puede evadirse de poner o quitar una mesa, o de ayudar a limpiar una casa. Las personas espirituales leen la Biblia, oran con fe, enseñan a sus hijos y cuidan de su casa en el sentido más amplio de la palabra. Ser espiritual es ser devoto y servicial. Poner una mesa y quitar la mesa o hacer la comida y compartirla es el trabajo normal de aquellos que son verdaderamente espirituales ¿Quieres saber si alguien es verdaderamente espiritual? Mira como sirve en su casa y sabrás como servirá en la Casa de Dios.

Los intereses Comunes y Comunitarios empiezan en casa sirviendo a la familia con espiritualidad y continúan en la Casa de Dios sirviendo a los demás que también son familia. El que no sabe cuidar y servir su propia casa no estará nunca preparado para servir en la Congregación. Las personas espirituales trabajan en casa o fuera de casa, pero no dejan de servir a los demás. Las personas espirituales no ponen excusas para no orar y leer la Escritura, por estar sirviendo a los demás. No hay excusa por ningún lado.

Todo es necesario para ser espirituales sirviendo a Dios y al prójimo empezando por nuestra propia casa. Hemos visto a muchos espirituales que no sirven a los demás y a muchos que sirven a los demás y no son espirituales. Ambas cosas son posibles, pero no aceptables para el Reino de los Cielos en la tierra. Con todo lo descrito me atrevo a decir que la devoción es una obligación y que la obligación es una devoción. Devoción y obligación son inseparables. El que tenga oídos, espirituales, que oiga. Con todo el que no quiere entender no va a entender, pero eso es parte de otra historia.