Los brazos que sostienen brazos



En el tema anterior concluimos que “los nombrados Intereses Comunes y Comunitarios se verán reforzados por medio del Proceso de Conversión e Integración que todos precisamos volver a estudiar y aplicar en nuestras vidas” lo que conlleva el esfuerzo de todos los que formamos esta Comunidad.

Las medidas concretas que debemos implementar no es cuestión de unos pocos dirigentes sino de toda la Comunidad. Los que sostuvieron los brazos de Moisés en medio de la batalla estaban sosteniendo a todo el pueblo. Unos pocos pueden ayudar a muchos si saben lo que tienen que hacer y a quién tienen que sostener ¿Sabes cómo y a quién tienes que sostener? Los Intereses Comunes y Comunitarios son, entre otras cosas, un muro defensivo para todos. Los que sirven en la Comunidad tienen que tener muy claros estos conceptos.

“Josué hizo como le dijo Moisés y salió a pelear contra Amalec. Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel vencía; pero cuando él bajaba su mano, vencía Amalec. Como las manos de Moisés se cansaban, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él. Moisés se sentó sobre ella, mientras Aarón y Hur sostenían sus manos, uno de un lado y el otro del otro; así se mantuvieron firmes sus manos hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada” Éxodo 17.10–13


En la vida espiritual y la vida natural el principio es que formemos un cuerpo de ayuda mutua en el cual todos tenemos responsabilidades compartidas. Los que se creen tan fuertes como para luchar por su propia cuenta, sea en el campo de batalla que sea, son los más peligrosos para ellos mismos, su familia y para la Comunidad. La guerra no es cosa de uno, ni de unos pocos. En el enfrentamiento directo que tenemos contra el Mal todos tenemos que luchar juntos. Los intereses personales, cuando están por encima de los Intereses Comunes y Comunitarios, son una brecha en el muro defensivo de la Comunidad. Una entrada para todo tipo de peligros que nos asedian más de lo que podemos darnos cuenta.

En la guerra del Pueblo de Israel contra los amalecitas los Intereses Comunes y Comunitarios fueron clave en tan señalada victoria. La estrategia de Moisés, a modo de estratega militar, fue poner al frente del ejército a un valiente y fiel compañero de milicia como era Josué. Lo más probable es que hubiera muchos valientes, como Josué, que fueran capaces de enfrentarse a los enemigos de Israel. La elección de Josué no solo se limitaba a su valentía sino de forma especial a su fidelidad. La valentía honra a los seres humanos, pero la fidelidad los hace invencibles.

La imagen que nos es dada por la Escritura es la de Moisés, Aarón y Hur en lo alto de un collado clamando al Cielo por la victoria mientras Josué y el resto del ejército se enfrentaban a Amalec. El relato nos dice que cuando Moisés alzaba los brazos prevalecía Israel, pero cuando las bajaba prevalecía el enemigo ¿Podría mantener siempre Moisés los brazos en alto? Evidentemente no pues nadie es capaz de mantener los brazos levantados clamando por una victoria. Los avispados generales de Moisés, Aarón y Hur, se dieron cuenta de que tenían que sostener los brazos de Moisés si querían realmente ganar la batalla y la guerra.


Todos los líderes por muy fuertes que sean se acaban cansando, de forma natural y espiritual, de la responsabilidad que se les ha asignado. El esfuerzo es de todos, aunque las responsabilidades sean diferentes y personales. El “destino” de un pueblo o comunidad está en el sostenimiento mutuo de los unos a los otros. Los que sostienen los brazos de los que tienen levantados los ya nombrados brazos, tienen que hacer un mismo esfuerzo en común juntos con los que están peleando, en el campo de batalla.

La Congregación precisa del esfuerzo común, de todos, independientemente del nivel de responsabilidad que se tenga. Los distintivos de la fidelidad y la valentía son aquellos que Pablo buscaba y le enseñó a Timoteo cuando le dijo “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. 

Hoy también necesitamos de aquellos que se distingan por su fidelidad y valentía para enseñar a otros lo que hemos recibido de los que nos dirigen y enseñan. La verdadera valentía, entiéndase también idoneidad, es enseñar lo que hemos aprendido sin dejar de sostener los brazos de los responsables de la Comunidad, para que no se cansen. Todo lo demás nos será añadido sin la menor duda. Así lo creemos y así lo enseñamos.