Principios Educativos de la Instrucción Bíblica


En el tiempo que vivimos el padre y la madre, que se precian como tales, les preocupa la educación de sus hijos. Para muchos la educación es una cuestión, que se zanja con llevarlos al mejor de los colegios ¿Será esta una verdad absoluta?

No es una mala idea llevar a nuestros hijos a un buen colegio, pero nunca será ni la mejor idea, ni la definitiva, que nadie se engañe. Algunas familias ponen su confianza en instituciones y en sistemas educativos de reputación creyendo, que de esta manera sus hijos alcanzarán niveles de excelencia en el campo académico. Tal vez lleguen a ser grandes empresarios, abogados o incluso prestigiosos médicos, pero si carecen de formación espiritual la educación de la que hacen gala se convertirá, en un mero título exhibido en la pared de un gran despacho. 

La formación de valor, para Aquel que nos llamó de las tinieblas a su Luz Admirable, está más cerca de tu corazón, que de tu mente. Confiar en que la educación profesional hará de nuestros hijos mejores personas es una falacia social, que arrastra a muchas familias a perder el propósito que Dios tiene para la Familia de Fe, de la cual formamos parte o deberíamos formar parte.


La psicología se ha levantado como el adalid de la esperanza de la humanidad. Los psicólogos han tomado una especie de rol pastoral convirtiéndose en sacerdotes de la religión de la razón y el conocimiento. Los modernos pedagogos, instruidos con las mismas bases doctrinales filosóficas, se levantan como salvadores de la raza humana. El superhombre y el egocentrismo se presentan como la filosofía del que todo lo puede y para el cual nada es imposible. El hombre es capaz de alcanzar todo lo que se proponga sin la mediatización de un ser divino y superior, que lo fiscalice. 

La religión del humanismo militante impregna la sociedad y permea hasta alcanza a muchos que se dicen creyentes, sin entrar en cuestiones de carácter ético o moral. Lo peor de todo esto es que precisamente aquellos que se vanaglorian de ser mejores que los demás, por tener un cierto conocimiento bíblico, están cayendo en las redes del humanismo siervo del orgullo, la vanagloria y del omnipresente deseo de aparentar ser prósperos, ricos y que disfrutan de un elevado nivel económico y social. La red del engaño ha sido echada y muchos han sido atrapados, para finalmente sucumbir ante el adoctrinamiento salvaje al cual serán sometidos el resto de sus vidas. Un drama que afecta a esta generación y a las venideras.


No hay sistema educativo o psicólogo, por muy eficiente que aparente ser, que se pueda comparar con los positivos y eternos efectos que tienen los principios educativos de la Instrucción Bíblica. 

Somos nosotros los que tenemos la responsabilidad de formar y educar a nuestros hijos bajo los Principios Educativos de la Instrucción Bíblica ¿Cuánto tiempo dedicamos diariamente a instruir a nuestros hijos, con la Biblia en la mano? Bueno te lo digo de otra manera ¿Cuánto tiempo dedicamos a la semana a enseñar a nuestros hijos, con la Biblia en la mano? Bueno ¿Cuánto tiempo dedicas a prepararte para instruir a tus hijos, con la Biblia en la mano? No te ofendas mi estimado lector, que presupongo creyente o en pasos de serlo, pero deberías evaluar cómo empleas el tiempo, en relación a tu propia formación y a la formación de tus hijos, y perdona que insista, con la Biblia en las manos.

Lo que hagamos o no hagamos ahora, en relación a la formación espiritual de nuestros hijos afectará y determinará de forma absoluta su presente y su futuro. Afectará igualmente a tu presente y a tu futuro como padre o madre, en la responsabilidad más importante de la vida, a saber, instruir a tus hijos en la verdadera fe, aquella que hemos definido como Judaísmo de Jesús. La única religiosidad pura, limpia y sin defecto mostrada por el Cielo desde tiempos inmemoriales. No podemos dejar de recordar la sentencia bíblica respecto a los niños. 
Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él (Prov. 22.6). 
Ahora lo que hagamos dependerá de nosotros como familias y como Comunidad de Fe, a la cual todos representamos. Te sugiero que empieces una sincera y profunda reflexión del papel, que en estos momentos estás asumiendo, como padre o como madre, en la responsable labor de formarte, para instruir a tus hijos, con la Biblia en la mano. Un tema inagotable, que seguiremos tratando en diversos estudios ¡Shalom! 

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