Las virtudes del esfuerzo

Todo lo que se quiera alcanzar en la vida, absolutamente todo, necesita esfuerzo. El esfuerzo precisa además del valor de las convicciones que se tienen acompañadas siempre de la ineludible perseverancia en el tiempo ¿Queremos alcanzar un cierto objetivo? La cultura del esfuerzo es imprescindible.


El esfuerzo es la acción más eficiente para alcanzar las metas y los objetivos nobles, que la vida nos ofrece. Sin esfuerzo no hay refuerzo de convicciones, creencias y esperanzas de futuro. Todo precisa, como ya hemos señalado, de un esfuerzo que en la mayoría de los casos luchará contra la apatía y la falta de compromiso con Dios. Una falta de compromiso y esfuerzo con el Reino de Dios y con aquellos que esforzadamente, valga la redundancia, sirven a los intereses comunitarios de un reino de sacerdotes y gente apartada, por el mismo Cielo. Un esfuerzo acorde a nuestra condición, que no podemos obviar. “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” Éxodo 19.6

Todo aquello que se alcanza, o aquello a lo que no se llega, está directamente relacionado con el esfuerzo, el valor y la perseverancia mantenida en el tiempo. Los ingenuos creen que esforzándose y tomando decisiones llamativas, no confundirlas con valor, pueden alcanzar lo que se propongan. La peor confusión que podríamos acometer, y mantener, es pensar que el esfuerzo personal y una cierta dosis de audacia acompañada de osadía son más que suficientes para alcanzar lo que deseamos. Los Principios del Reino de Dios no tienen que ver nada con la filosofía positiva de los vendedores y sus malabares dialécticos engañosos.


El equilibrio cuasi-perfecto está en diferenciar lo que queremos, de lo que debemos alcanzar, para nuestro bien y para el conjunto de la Comunidad de Fe. Una cosa son los intereses personales, dignos de tener en cuenta, y otros los intereses comunitarios que benefician a toda una congregación, grupo o familia enraizada en la fe, que proviene de lo Alto. ¡Espera en Dios! ¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón! ¡Sí, espera en Dios! Salmo 27.14

La mayoría de los fracasos, sino todos, de aquellos que buscan alcanzar ciertas metas está en el intercambio del orden de prioridad tal cual mencionamos en anteriores enseñanzas. Los que buscan primero sus intereses personales, por encima de los intereses familiares o comunitarios que son inseparables, acabarán dañándose ellos mismos y a los demás.

El lenguaje dice todo de nosotros y de lo que hay en nuestro corazón. El pronombre personal “yo” debe ser sustituido, ineludiblemente, por el pronombre personal “nosotros” en el cual todos estamos representados.  Los que piensan primero en ellos, y luego en los demás, están quebrantando la enseñanza básica de la Escritura por la cual primeramente hay que buscar el Reino de Dios, el nosotros espiritual, con la convicción de que todo lo demás nos será añadido por el Cielo.


Una persona es más persona cuando piensa en términos inclusivos hacia la Comunidad de Fe en la cual se desarrolla, crece y madura espiritualmente. El servicio esforzado que ofrecemos a la Comunidad, entiéndase como al Reino de Dios, siempre repercutirá positivamente sobre cada uno de nosotros, nuestros hijos y resto de la ya nombrada Comunidad.

El bien que hoy hacemos con esfuerzo, valor y perseverancia al conjunto de la Comunidad de Fe afectará a nuestra generación y las venideras. Un esfuerzo que precisa de una acción específica y práctica. No se trata de tener buenas intenciones sino buenas y esforzadas acciones como corresponden a nuestra dignidad. La comodidad de nuestros objetivos personales alcanzados bien pudieran ser la tierra donde se enterrará nuestro llamamiento a servir con esfuerzo, en el Reino de Dios. 

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” 
Josué 1.7

El esfuerzo, el valor y la perseverancia, en el cuidadoso servicio en el Reino de Dios, también conlleva el esfuerzo de poner por obra todo lo que la Escritura nos enseña ¿Nos levantaremos de la sinuosa comodidad y nos esforzaremos? Muchas cosas cambiarán para bien, en todos nosotros, si nos esforzamos más de lo que hoy hacemos. Esforcémonos, seamos valientes y perseveremos en hacer lo que debemos. La virtud del esfuerzo trae grandes bendiciones.
® Por José Ignacio Rodríguez

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