El precio del Liderazgo


En el estudio anterior ya dijimos que la iniciativa es el distintivo más evidente de un líder y que tenemos dos opciones básicas lideramos o claudicamos, ésa es la cuestión.
Un líder dinámico, que tiene iniciativa, no se deja llevar por las circunstancias, sino que las dirige hacia el objetivo que pretende alcanzar. A los que aman a Dios, y le obedecen, todas las circunstancias juegan a su favor. Un verdadero líder lo sabe y se enfrenta con fe a los retos diarios que la vida ofrece.

Liderar tiene que ver con discernir o saber el precio que tiene seguir a Dios. Todo en la vida tiene un precio, sea de la especie que sea, que tenemos que estar dispuestos a pagar. El concepto claudicar está relacionado con no querer pagar el precio, que se nos demanda. Por lo general lo queremos todo gratis, sin costo y pagando lo mínimo posible. La ley no escrita del mínimo esfuerzo y el máximo resultado nos incita a trabajar poco y a querer ganar mucho. La vida en el Reino de Dios no funciona bajo estos parámetros mundanos. Todo lo que pretendamos alcanzar precisa de un determinado tiempo, de un perseverante esfuerzo y de unos medios económicos que debemos estar dispuestos a pagar. En el Shabat anterior, hubo una lectura que me llamó la atención la cual no quisiera dejar de comentar, en esta ocasión.

“Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis; también compraréis de ellos el agua, y beberéis. Porque el Señor, tu Dios, te ha bendecido en todas las obras de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto, y durante estos cuarenta años el Señor, tu Dios, ha estado contigo sin que nada te haya faltado” Deut. 2.6–7.

Mucho tiempo había pasado Israel en el desierto, cuarenta años para ser más exactos, pero en todo ese tiempo nada le había faltado al Pueblo de Israel. El verdadero líder sabe que por mucho tiempo que pasemos en el desierto de la vida el Señor siempre andará a nuestro lado supliendo lo necesario, para sustentar nuestra existencia. En este pasaje vemos como el Señor le dice a Israel, que pague lo que necesite. La enseñanza es muy clara que compren por dinero la comida y el agua que necesitan. Lo dijimos antes, queremos las cosas gratis, pero el tiempo de pedir comida, ropa u otras necesidades ya ha pasado.


No somos pobres, ni tenemos la mentalidad de pobre. No necesitamos pedir sino dar. La mentalidad que la esclavitud forjó en la conciencia de todos aquellos que habían salido de Egipto seguía muy presente incluso después de cuarenta años. Una mentalidad que les dejó en el desierto donde fueron enterrados.

La verdad es que hemos visto a muchos, a lo largo de los años, que saliendo de la esclavitud de la pobreza y teniendo una posición económica desahogada seguían pidiendo comida, ropa y ayuda en centros sociales, iglesias o en cualquier lugar dónde dieran algo, sea lo que sea. Algunos incluso llegaron a negociar con aquello que les daban de forma gratuita. Qué terrible es la actitud de engañosa pobreza. La bendición y la prosperidad vienen cuando estamos dispuestos a pagar lo que debemos tanto en cuestiones materiales, como espirituales.

Somos deudores para con Dios y para con los hombres. El espíritu del pedigüeño debe desaparecer de nuestro contexto y convertirnos en dadores alegres. Un Principio Inmutable es que cuando damos de lo que tenemos, otros también nos darán de lo que tienen. Cuando pedimos también nos pedirán. Cuando sonreímos también nos sonreirán. El Reino de Dios funciona con Principios establecidos por el Señor. Lo que necesitemos lo compramos ¿Acaso el Cielo no nos proveyó de todo lo necesario? Dado que el Eterno ha bendecido la obra de nuestras manos tenemos que corresponder a su bendición con generosidad de servicio en su Obra. Ahora que podemos es cuando debemos dar y darnos con todas nuestras fuerzas a servir en el Reino de Dios.


El señor está buscando hombres y mujeres que combatan, con la verdad. Qué se enfrenten en las plazas, en los pueblos y en la ciudad. Qué con manos levantadas griten con autoridad ¡Heme aquí envíame a mí, que dispuesto estoy! ¿Os suena de algo? El llamamiento del Señor exige estar dispuestos a pagar un precio en tiempo, esfuerzo y dinero. La palabra dinero asusta a algunos, pero a nosotros no. El dinero no es el problema. El problema es el amor al dinero, que ha arrastrado a muchos al camino de la perdición. 
  
En este punto hacemos nuestras las palabras de la Escritura, en dónde se nos enseña que “durante estos cuarenta años el Señor, tu Dios, ha estado contigo sin que nada te haya faltado”. Así es nada nos ha faltado en todo el tiempo que llevamos peregrinando por el desierto de la vida. 

El Eterno ha cumplido sus eternas promesas y la bendición ha llenado de aceite las vasijas que hemos puesto a disposición del Señor. Lo que tenemos o no tenemos es por causa de nuestra disposición a servir a Dios ¿Te falta aceite? Dispón tu vida, tu corazón y tu casa al servicio de Dios y prepara más vasijas, para el aceite de la bendición ¿Si cuándo tenemos no servimos a Dios, le vamos a servir cuándo no tengamos? Qué nadie os engañe. El que no sirve a Dios cuándo puede no lo va a servir, cuándo ya no tengas fuerzas.

El Señor llenará las vasijas de aceite en la medida que tú las vayas trayendo, ante su presencia. No tengas miedo el Eterno ha estado contigo sin que nada te haya faltado. No esperes nada y no pidas a los demás, solo al Señor. Da todo pagando por dinero lo que necesites, no eres pobre. No pienses como pobre. No vivas como pobre y paga todo lo que debes pagar pues eres rico en bendiciones de lo Alto. 

La miseria empieza por una mentalidad pobre en el conocimiento y la obediencia a la Palabra de Dios. No se te olvide alimentarte todos los días con la Escritura y tu mentalidad, espíritu e incluso tu cuerpo cambiará, para bien ¿Estás dispuesto a luchar con la verdad iluminando en tu medio? Bueno empieza por liderar, con valiente iniciativa, compartiendo esta enseñanza para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor.



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