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La Mantis Religiosa Misionera


Asistimos desde hace demasiados años a la continua llegada de una clase de “mantis religiosa misionera” experta en el camuflaje espiritual y que pretende traer un “aviva-miento” de salvación a la “madre patria”. Dichas “mantis” además de devorar a las buenas gentes que encuentran a su paso, se fagocitan así mismas, devorando los rediles, incluso, de sus propios congéneres. ¿Qué no harán con los rediles autóctonos? Estamos hablando de esa especie de “casta religiosa” que se autodenomina misionero evangélico.
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Estrategia Misionera de la Mantis Religiosa
Algunos creen que el futuro espiritual de España lo pueden gestar en las oficinas de los “ministerios evangelísticos” ávidos de algún éxito y medio para recolectar fondos con el gancho de mandar misioneros a la dura tierra de España. Muy mal trazados están dichos planes cuando ninguno consigue sus objetivos y mira que llevan tiempo intentándolo, saltándose en muchos casos las leyes vigentes. Primero vienen como turistas. Durante los tres meses que pueden estar como turistas contactan con todos los grupos e iglesias que pueden buscando quien les abra el camino para justificar su estancia. Si lo consiguen empiezan el discurso que vienen para ayudar en la Obra de Dios y se infiltran donde pueden y con quién pueden. Si todo falla siempre queda el recurso de los “fondos reservados” aquellos que se emplean para comprar a algún “pastor” en situación de paro y que necesita medios y reconocimiento, aquel que no logró con la Iglesia Evangélica de España. Extendiendo títulos de “apóstol”, pastor o profeta, compran a cuantos anhelan entrar en este circuito de “carnaval evangélico”. Muchos pastores están siendo instalados en una especie de trono eclesiástico con el reconocimiento de ministerios que solo buscan expandir sus tentáculos y poner una señal visible de que están en la “madre patria”. Los que sabiendo esto no lo denuncian, proféticamente hablando, se hacen partícipes del mismo engañoso y destructivo sistema de “evangelismo misionero” que lejos de traer bendición está sembrando división en la envejecida Iglesia Evangélica Española; como en todo siempre habrá honrosas excepciones, gracias a Dios.
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El cacareado avivamiento que la mayoría de los grupos misioneros evangélicos, llevan decenios espetando, si espetando orgullosamente, en la cara de nuestros sorprendidos conciudadanos, no se producirá por muy caro y buen marketing que empleen. Lejos de lograr la anhelada “reconquista” el rechazo de los españoles por estos autodenominados misioneros en más que evidente. Las nuevas iglesias evangélicas establecidas en nuestro país, no son más que guetos en su mayoría, que reúnen a ciudadanos que llegaron, que están, pero que no se integran en el modelo de sociedad dentro del cual vivimos y mucho menos en la Iglesia Evangélica Española, la cual critican con cruel desdén de tibia. Los programas para estas “mantis religiosas misioneras” de adaptación al campo misionero, que algunas Iglesias autóctonas promueven, se encuentran ante el rechazo de los que se creen preparados para hacer misiones, desoyendo todo consejo de adaptación a la sociedad española.
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Los nuevos misioneros, en su mayoría, son aquellos que llevados por la misma necesidad que sus conciudadanos, inmigraron para encontrar una oportunidad de prosperar. Temor les tendría que dar decir que fueron llamados por Dios a evangelizar España, excusa innoble para justificar su llegada, su necesidad económica e intentar ocultar, más de un fracaso ministerial en sus propios países. Dichos fracaso son la espoleta que enciende la huida, dejando a sus conciudadanos perplejos y abandonados para irse al campo misionero. ¿Cómo alguien pretende ayudar en otro país, sin cuidar primero el suyo propio? Por citar un solo ejemplo, Guatemala tiene el porcentaje más alto de América Latina de población evangélica y es uno de los países con mayores índices de pobreza, delincuencia y corrupción . ¿No sería más humano, más espiritual y más bíblico que antes de mandar misioneros a otros países se ocuparan primero del suyo? Pero la realidad es que la oveja evangélica en América Latina, está desnutrida, no da lana y por tanto hay que buscar otros mercados. ¿Cuántos pastores han abandonado a sus iglesias en América Latina para irse al “campo misionero” de la madre patria o del padre que es Estados Unidos, donde las ovejas dan más lana? Conocemos a muchos que han dejado sus países no por amor al campo misionero, sino por amor al dinero del campo misionero, que solo regresan a sus países para hacer campañas y que establecieron sus sedes en Estados Unidos o Europa, alegando que Dios se los mostró. Ejemplos hay muchos, quién no los quiere ver, será que no quiere, o no le conviene. Algunos sienten tanta vergüenza, que prefieren mirar para otro lado.
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Al igual que sus conciudadanos buscan una vida mejor, lo cual no reprochamos, pero no con la mencionada escusa de salvar a estos “duros españoles”, vergüenza les tendría que dar ver como sus naciones se hunden en la miseria por sus corruptos gobernantes, muchos de los cuales profesan la misma fe evangélica. Llegan a esta supuesta “España Católica” a mendigar en los centros sociales religiosos y no religiosos de este país. Lo sorprendente es que vienen a darnos lecciones de moralidad y de ética. Si amarán sus países como algunos de nosotros amamos el nuestro, estarían al lado de los pobres que no pueden salir de sus naciones respectivas y no al lado de los que inmigraron, aquellos que tanto criticaron, y que ahora tienen abundante lana. Antes eran ovejas flacas hoy son ovejas engordadas que necesitan ser trasquiladas y ya se sabe donde hay ovejas no faltan rondando los lobos o mantis religiosas misioneras, que para el caso es igual, solo quieren deglutir lo que sea y a quién sea.
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El carnaval que dura todo el año
Como estamos en carnaval, se disfrazan de la mencionada “mantis religiosa misionera” y a disfrutar del festín. El único carnaval que dura todo el año es el evangélico, con los lobos disfrazados de ovejas, con mantis religiosas disfrazadas de misioneras, con rapaces apostadas disfrazados de apóstoles, con mofetas disfrazadas de profetas y con patos salvajes disfrazados de caseros pastores. Las propias ovejas merecen otra mención aparte, pues parecen cabras de monte, saltando de redil en redil, esperando que les den el mejor pasto sin hacer el mínimo esfuerzo. No quisiera ofender a las criaturas de la maravillosa fauna que Dios creó y les pido disculpas por tan cruel comparación, al usar sus nombres en referencia a esta fauna humana verdaderamente dañina y peligrosa.
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Ha sido doloroso y lo sigue siendo, ver las oleadas de supuestos guerreros espirituales, “salva patrias apátridas”, apóstoles, profetas, evangelistas y demás “títulos nobiliarios”, que se abrogan una dignidad espiritual de la que evidentemente carecen, para conquistar esta bendita tierra. Algunos creen que pasar por un seminario de fin de semana, hacer un curso de misiones o simplemente leer el manual del Buen Misionero, les confiere la categoría de misionólogos, como algunos les gusta llamarse. ¿Puede haber mayor pedantería religiosa?
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Cuando el campo de trabajo se trata de España, el supuesto misionero se inflama de arrogancia y cabalga por los montes del orgullo patriótico, pensando que va a conquistar la tierra que un día conquistó a sus antepasados. El complejo de inferioridad es tan grande como su “rencor patriótico” que les impide entender, comprender e integrarse lamentablemente en la España de nuestros días. Miran tanto al pasado que no tienen ni presente ni futuro.
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Muchos años, muchos decenios, llevamos viendo desembarco tras desembarco de supuestos misioneros que solo vienen en busca del oro que antaño, los españoles le robaron, aunque ahora tenga una forma menos artística, menos brillante y se le llame Euros. El despropósito ha sido tal que cada desembarco se hace más irritante y dañino a los ojos de los que aquí nacimos, provocando rechazo por la forma y por el fondo. Prediquen menos con palabras y ámanos más con hechos, verán como todo cambia significativamente. Les hace falta cual bíblica Rut decir, las palabras claves que abren los corazones por muy duros que pudieran ser, “tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”, entonces empezarán a entender lo que es un verdadero y amado misionero.
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Para conquistar el corazón de un país como España, hay que amarla tanto, como para hacerse como los habitantes que lo pueblan, punto al que los “nuevos misioneros” no están dispuestos a llegar. Lejos de integrarse en esta cultura, la critican, desprecian y maldicen de forma ostensible y ostentosa, especialmente ahora que la crisis aprieta por todos los lados y las ovejas empiezan a regresar a los rediles que les vieron partir. ¿Se volverán con ellas?

Ninguna jactancia misionera es buena
"¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. " (Santiago 4.13-17).
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"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. (Colosenses 3.15).

No estamos luchando contra carne o sangre, nos enfrentamos a un espíritu disfrazado cual carnaval evangélico, que dura todo el año, y que solo se acabará cuando venga el Señor a establecer su ansiado Reino. Por esta razón nuestra oración es y será: Venga a nosotros Tu Reino Señor, no te tardes por favor. Ten misericordia de esta amada tierra Sefarad y líbranos de este carnaval religioso, que ya dura demasiado tiempo. Hágase siempre Tu Voluntad, Amén.