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Los vínculos del pasado, presente y futuro ¿Cómo nos afectan?

La vinculación de lo negativo del pasado con el presente acarrea serias consecuencias nada positivas, para nuestro futuro. Lo que hicimos mal en el pasado debería corregirse lo antes posible para que no se siga repitiendo tanto en el presente, como en el futuro.


Tarde o temprano nos tendremos que enfrentar con las decisiones erróneas y los fracasos. Tarde temprano también tendremos que enfrentarnos con las acciones buenas no realizadas, con los positivos proyectos de vida inconclusos y con los compromisos o promesas que incumplimos.
El pasado tiene un precio que algún día tendremos que pagar. Un pasado que es similar a una imagen estática que siempre está presente, aunque la tengamos en el álbum de los recuerdos. Una fotografía que se queda impresa y guardada en el corazón.

Las experiencias pasadas, positivas o negativas, forman parte de nosotros, a la espera de rendir cuentas ante Dios y los hombres. Las imágenes del pasado no se borran tan fácilmente como pudiéramos pensar. Un problema viene cuando repetimos, una y otra vez, lo mismo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado. El futuro está seriamente comprometido cuando además de recordar el pasado, lo seguimos repitiendo. El futuro se convierte en pasado y el presente es meramente un puente que une dos extremos antagónicos.

En los casos de una cierta clarividencia mental llegamos a pensar que solo el mal hecho en el pasado podría afectar a nuestro futuro sino se corrige. En estos casos recurrimos a pedir perdón al Cielo despejando nuestra conciencia de pesadumbre. Con esta actuación solemos creer que todo está solucionado.

El pedir perdón es el primer paso hacia la renovación del alma y la mente, pero no el único. La restitución del daño hecho es inherente e inseparable del hecho de pedir perdón. 
No solo se nos demandará lo malo que hicimos sino lo bueno que dejamos de hacer. Podríamos pedir perdón y no restituir, dentro de las posibilidades reales, el daño que hicimos ¿Estaríamos perdonados sino queremos restituir el daño hecho sea el que sea? ¿En verdad creemos que con pedir perdón y calmar nuestra conciencia el asunto queda zanjado? El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado (Santg. 4.17)

El pecado es un acto consciente o inconsciente que trasgrede la Voluntad de Dios expresada por medio de los Mandamientos. Las cuentas que se nos van a pedir no son exclusivamente por los actos o acciones que claramente son consideradas malas sino también por aquellas buenas acciones, o hechos preparados por el Cielo, que dejamos de hacer. Una promesa o un compromiso incumplido con el Cielo es un acto reprobable del pasado o del presente que sin la menor duda tendrá consecuencias, en el futuro.

El Cielo nos ha dado una serie de responsabilidades, enumerarlas todas aquí sería casi imposible, las cuales nos serán en algún momento demandadas. Las responsabilidades son de carácter personal, familiar, conyugal y comunitario.

En este punto déjame enfatizar que las mencionadas responsabilidades no son de carácter excluyentes las unas de las otras. La responsabilidad personal no me deja exento de la responsabilidad que tengo con mi familia, esposo, esposa, hijos y demás miembros de la Comunidad que también son parte vital del presente y del futuro.

Todos tenemos las mismas responsabilidades y ninguna de esas responsabilidades puede desligarse de las otras. Los que son padres tienen la misma responsabilidad con sus hijos, que con el resto de los niños de la Comunidad.

El bien que hagan unos padres con sus hijos debe estar enfocado al bien general del resto de los niños, que forman la Comunidad. Los Intereses Comunes y Comunitarios llevados a la práctica son aquellos que están pensados y realizados para el bien común de todos y no solo para el bien de nuestros propios hijos.

Aquí y ahora tenemos la responsabilidad de instruir a nuestros hijos en la fe sin excluir la responsabilidad que tenemos de instruir al resto de los niños de la Comunidad. Aquí y ahora tenemos la responsabilidad delante de Dios de trabajar por el bien común de todos. El llamamiento de servir a Dios, empezando por nuestros hijos, no nos exime el dejar la responsabilidad de servir a toda la Comunidad.

Los dones, las virtudes y los talentos, de los cuales tanto hacemos gala, serán los mismos que nos acusen ante el Tribunal del Cielo por no llevarlos a producir al ciento por ciento. 
La espiritualidad no solo se mide por lo malo que no hacemos sino por lo bueno que dejamos de hacer. Tan malo es hacer lo malo, como dejar de hacer lo bueno ¿Comprendemos esta enseñanza bíblica? Todos aquellos trabajos que el Cielo nos responsabilizó en el pasado a los cuales nos comprometimos y que no hemos llevado a buen fin, serán una piedra de tropiezo en el presente y el futuro.

El mundo podría cambiar si presionáramos, con buenos dichos y buenos hechos. El mundo podría cambiar si animamos a los malos a ser buenos y a los buenos a ser mejores. La Comunidad que representamos podría cambiar si presionamos a los "buenos" a ser mejores y a todos a ser ejemplos de responsabilidad ante los demás. La enseñanza bíblica es muy clara “porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Luc. 12.48).

Si queremos dejar nuestro pasado, en el pasado, y prosperar en el presente y en el futuro tenemos que resolver, si o si, lo que dejamos a medio hacer. Por eso Aquí y ahora volvemos a Soñar con servir a Dios y honrar el llamamiento que nos ha sido dado, por el Cielo.

Los compromisos incumplidos son una carga de la cual solo es posible desprenderse, volviendo a soñar, cumpliendo con la responsabilidad que se nos encargó en el pasado. Las excusas de cargas familiares, cargas laborales, cargas de formación o estudios y un sinfín más de excusas que podríamos presentar no son válidas ante el Señor ¿Cuál es tu excusa? Añádela a la lista, por favor y quédate en el pasado dando vueltas en el desierto de la inacción, la irresponsabilidad y la falta de esfuerzo.

La comida está servida, la mesa está puesta pero recoger los platos es ahora tu trabajo aunque te parezca poca responsabilidad, para tu formación. Lo poco o lo mucho que se te pida hacer forma parte del llamamiento del Cielo a servir a Dios ¿Cuándo? Aquí y Ahora.

Los que no cumplen con una responsabilidad sencilla ¿Cómo serán capaces de atender una mayor responsabilidad? El que es fiel en lo poco siempre será puesto en mayor responsabilidad. Lo que en el pasado dejamos de hacer, por muy poco que sea, nos será demandado en el presente y en el futuro ¿Imagínate lo que te será demandado si lo que dejaste de hacer es algo trascendente? Algo tan importante como que conozcan la verdad y se salven cuantos están a nuestro alrededor.

Un pasado de inacción y desidia solo se pueden borrar por el servicio comprometido a Dios en el presente. Los planes personales ajenos a los Intereses Comunes y Comunitarios nos alejan del futuro que Dios tiene planeado para nosotros. Una falta de servicio a Dios que nos devolvería a la sórdida repetición del pasado.

Lo bueno que hagamos en el presente hará que nuestro futuro no sea igual a ese pasado el cual queremos dejar atrás. Por eso Aquí y Ahora volvemos a soñar con servir a Dios con todas nuestras fuerzas.

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