¿Cómo nos endeudamos con Dios?

Los dos sufrimientos más grandes de la vida, dijimos la semana pasada, nos sobrevienen cuando dejamos a deber algo y cuando dejamos de dar algo que es debido dar. El endeudarse con los hombres es fácil de entender, pero ¿Cómo nos endeudamos con Dios?


Un día hicimos un Pacto con Dios de obedecer a sus enseñanzas por medio de la Escritura y ser generosos. El resultado del Pacto y el compromiso de confianza en Dios ha sido que la bendición del Cielo nos ha alcanzado, hasta el día de hoy, produciendo buenos y abundantes frutos.

Un pacto que lo definimos como Pacto de Bendición por medio del cual de todo lo que recibiéramos de Dios daríamos el diez por ciento para el servicio de la Casa de Dios entendiéndose también como la Comunidad de Fe de la cual formamos parte.

El Pacto de Bendición es solo un diez por ciento de la generosidad que el Cielo espera de todos nosotros ¿Es una deuda contraída con el Cielo el Pacto de Bendición? Naturalmente que sí, aunque algunos traten de buscar excusas para no ser un diez por ciento generosos. Un diez por ciento de generosidad es lo que el Cielo nos enseña a guardar, pero aun así algunos se entristecen cuando dan. No se entristecen lamentablemente por dar el diez por ciento, sino cuando dan sea lo que sea.

Las familias que formamos la Comunidad se mantendrán en la medida que entendamos y mantengamos el compromiso de ser generosos, aun en lo mínimo. El Pacto de Bendición es la generosidad del diez por ciento. La Comunidad de Fe en la que convivimos se ha mantenido por la generosidad de todos sus miembros. La fidelidad del Señor se ha visto claramente en cada una de las familias que forman parte de la Congregación. La realidad es que no podemos dudar que el pacto contraído con el Cielo es una una bendición, para todos nosotros y nuestros hijos.

Los retos que tenemos, como familias y Comunidad, están sustentados en el tiempo por la generosa fidelidad de todos los que formamos parte de esta gran familia. Lo de gran familia no lo digo por que seamos muchos sino por que somos uno en el Señor. El concepto bendición, familia, comunidad y prosperidad están ligados al Pacto de Bendición.

Los objetivos hasta ahora alcanzados, y aquellos que estamos luchando por alcanzar, dependen del diez por ciento de nuestra común generosidad ¿Qué no alcanzaríamos si el porcentaje de generosidad no tuviera límites? No estoy diciendo que tenemos que dar el cien por cien sino darnos el cien por cien al servicio a Dios, con todo lo que ello implica. Los bienes materiales que tenemos están sustentados por la generosidad de los bienes espirituales que hemos recibido del Cielo.

Cuando perdemos la perspectiva de lo que significa el Pacto de Bendición empezamos a endeudarnos con Dios y con los demás, aunque no lo queramos ver así e incluso aunque no nos demos cuenta. Hoy estamos comprometidos, no digo obligados, con el Cielo a respetar el Pacto de Bendición. Un compromiso que es una forma de obligación y una obligación que es una forma de compromiso que genera buenos dividendos, en forma de abundante bendición.

El peor error, y horror, sería creer que ya no necesitamos diezmar pues ya no estamos tan mal como hace unos años estábamos. En este tiempo tenemos lo necesario y muchas veces más de lo necesario. Una ventajosa situación que nos puede hacer perder la perspectiva de la importancia que tiene mantener el Pacto de Bendición. Al igual que hemos llegado por medio de tiempo a ser prosperados, por mantener la fidelidad al Pacto de Bendición, podemos llegar también con el tiempo a quedar como estábamos al principio ¿Cómo estábamos? Una pregunta que nos interesa contestar y no olvidar. La verdad es que gracias al Cielo vivimos mucho mejor y con abundante prosperidad.

Las deudas con el Cielo se cobran en la tierra, no en el Cielo. Los que tienen miedo a dar, miedo a no tener, pero no tienen miedo a endeudarse con los hombres y con Dios son aquellos que perdieron la perspectiva del Pacto de Bendición. La responsabilidad que tengo delante de Dios me obliga a insistir, por el bien de cada familia que forma la Comunidad, a que tengamos muy presente no quebrantar el Pacto de Bendición, entre otros compromisos.

Te motivo a que tengas conciencia espiritual de la importancia que tiene no dejar a deber nada y a no dejar de dar lo que es debido. El “algo debido” se llama también Pacto de Bendición, aquello que es debido dar. Las deudas con el Cielo generan intereses por los cuales tarde o temprano se nos pedirá cuentas. Cuanto más tardemos en cumplir con el Pacto más intereses se nos acumularán ¿No nos da miedo endeudarnos con Dios? A mi sí, lo digo de corazón.

Los que creemos y practicamos el Pacto de Bendición hemos comprobado que Dios siempre cumple con su Palabra. 

En base a esta enseñanza y la pregunta ¿Cómo nos endeudamos con Dios? La respuesta es cuando descuidamos el Pacto de Bendición que el Cielo hizo también con nosotros que somos parte de su Pueblo. "Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice el Señor de los Ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los Cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" Malaquías 3.10

Las ventanas de los Cielos se abren cuando no cerramos las ventanas del corazón a la obediencia generosa a Dios y su Palabra. Lo que no podemos olvidar es que igual que abren se pueden cerrar ¿Qué mantiene abiertas las ventanas de la bendición? El guardar el Pacto de Bendición en base a los términos establecidos por el mismo Cielo. Un Pacto, con mayúsculas, nos asegura que las ventanas del Cielo seguirán abiertas para nosotros y nuestros hijos.

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