Los sufrimientos más grandes de la vida


Los dos sufrimientos más grandes de la vida son cuando dejamos a deber algo y cuando dejamos de dar algo, aquello que es debido de dar. Un principio de la prosperidad bíblica, no la confundamos con la falsa prosperidad que viene del mundo sino la que viene de lo Alto, es que consideremos la importancia de estos dos conceptos. Un principio de vital importancia para nuestra vida y los cuales depende nuestro presente y nuestro futuro. Por un lado no deber nada y por otro no dejar de dar lo que nos es debido.

El primer principio, si lo puedo decir así, es no dejar a deber ni cinco céntimos. No dejar a deber nada, aunque sea una sola moneda. Cuando no tenemos dinero para comprar algo mejor es no comprarlo endeudándonos. Si alguien de buena voluntad te dice: no te preocupes ya me lo dará mañana dale las gracias, pero no lo aceptes. Una buena señal es que tengan la confianza en que se lo devolverás, pero una mala señal para nosotros.

En el plano personal hemos pasado muchos años de nuestra vida con deudas. Muchas deudas durante muchos años y eso mina la moral y los mejores sentimientos que pudiéramos tener. Las deudas minan el corazón haciéndonos sentir mal, aunque tengamos lo que queremos. Una deuda, sea la que sea, te quita el buen ánimo y la disposición a esforzarte en progresar. Las deudas sean grandes o sean pequeñas no dejan de ser una duda que pesará emocionalmente más de lo que te piensas en ti y en tu familia.


Alguien creerá que tener deudas es normal y que todo el mundo las tiene. El problema es esa forma de pensar que hace que creamos que es normal tener deudas. Las deudas son excepciones y una norma en nuestra vida. Una excepción es que tengamos una deuda por adquirir una casa, pero no deja de ser una excepción y no una norma. La mayoría de las veces no podemos comprar una casa, pues debemos considerar que es mejor alquilar que comprar. Si tenemos posibilidad comprar una casa mejor, pero debemos considerar el costo emocional y financiero de contraer una deuda a largo plazo. 

Lo mejor para ti para tu familia es que nunca te endeudes por nada, aunque sea por una casa. Por tanto, concluimos que deber algo es un sufrimiento que nos afectará a nosotros y a nuestros hijos.

El segundo sufrimiento, también para nosotros y para nuestros hijos, viene cuando dejamos de dar lo que es debido dar. La generosidad, entendida como un compromiso de confianza en Dios, tiene grandes bendiciones. Muchas veces no nos damos cuenta, que podemos confundir generosidad con miedo ¿Qué significa esto? Significa que algunos dan, una forma de ser generosos, no porque sean generosos sino por tienen miedo a dejar de recibir. En otras palabras, dan para recibir más, pero no dan porque sean fieles y comprometidos con el Cielo. Muchos lejos de ser generosos lo que son es miedosos. Mira una rima muy apropiada.

Las personas generosas y comprometidas dan independientemente de lo que tengan. En la abundancia y en la escasez son igual de generosos y comprometidos. No depende de lo que tengamos la generosidad, sino de lo comprometidos que estemos con Dios y su Obra. El miedo a dar nos hace igualmente deudores con el Cielo y esas deudas son de vital importancia no tenerlas. Las deudas con el Cielo nos empobrecen y las deudas con los hombres nos esclavizan. En ningún caso endeudarnos es bueno, pero especialmente con Aquel que fue tan generoso con nosotros, que nos sacó de la miseria material y espiritual en la que vivíamos.

El miedo a dar y el miedo a no tener salen del mismo corazón que no está comprometido con Dios. Lo extraño es que esos mismos que tienen miedo a dar y a no tener no tengan miedo a endeudarse con los hombres y con Dios. Los dos sufrimientos más grandes de la vida son cuando se deja a deber algo y cuando se deja de dar algo, algo que es debido de dar. El endeudarse con los hombres es fácil de entender, pero ¿Cómo nos endeudamos con Dios? Eso forma parte de otra historia, que os contaré la semana que viene.


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