La Comunidad Sefardita y Saúl de Tarso



En los anteriores estudios de esta serie, dedicada a la Comunidad Sefardita en Sefard, empezamos con una introducción al concepto Comunidad y Sefardita además del contexto histórico en el cual se originaron ambos términos. En forma somera también hemos analizado las raíces bíblicas sefarditas y en el presente documento vamos a tratar la relación entre la Comunidad Sefardita y Saúl de Tarso más conocido como Pablo.

El discípulo tardío de Jesús, Saúl de Tarso, manifestó la clara intención de ir a Sefarad ¿Por qué deseaba ir Pablo a Sefarad de forma tan vehemente? Lo más razonable es considerar que para ese entonces la Comunidad Sefardita en Sefarad (España) fuera ya muy importante numéricamente hablando. Una Comunidad que además de numerosa tenía gran influencia en todos los ámbitos sociales de la Península Ibérica. El énfasis que imprime Pablo de viajar a Sefarad, en las cartas que escribe a los judíos asentados en Roma, nos hacen entender la importancia que para él tenía llegar hasta tan estratégico destino. Analicemos el siguiente pasaje que hace específica referencia a su interés en llegar a Sefarad.

“cuando vaya a Sefarad (España), iré a vosotros, pues espero veros al pasar y ser encaminado hacia allá por vosotros una vez que haya disfrutado de vuestra compañía. Pero ahora voy a Jerusalén para servir a los benditos, porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los benditos que están en Jerusalén. Les pareció bueno hacerla, ya que son deudores a ellos, porque si los gentiles han sido hechos partícipes de sus bienes espirituales, deben también ellos ayudarlos con bienes materiales. Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado esta ofrenda, pasaré entre vosotros rumbo a Sefarad” (Rom. 15.24–28)

La intención de Pablo era con toda determinación ir a Sefarad, a unas bien asentadas comunidades judías, en la ya nombrada Península Ibérica. La doble mención de Sefarad en tan pocas líneas escritas a los judíos residentes en la diáspora romana es muy enfática. Para ese entonces la colonia judía, léase sefardita, estaba bien asentada en esta zona geográfica del mundo. Si Pablo llegó, o no llegó, a Sefarad lo trataremos en otro estudio por ahora en lo que estamos interesados es en comprender que la Comunidad Sefardita estaba establecida, desarrollada y con una influencia determinante en Sefarad. En este punto volvemos a recordar que Sefarad es el nombre con que los judíos llamaban a la Península Ibérica, que incluía lo que hoy conocemos como España y Portugal.

Las cartas que Pablo escribió fueron escritas siempre a la Comunidad Judía diseminada en diferentes partes del mundo conocido de entonces. Pablo no escribió o se dirigió a ningún otro grupo religioso que no fuera el Judaísmo, que era la religión que él mismo practicaba. El asunto no es baladí ya que en el tiempo de Shaúl no existía ningún grupo que se pudiera llamarse comunidad cristiana ¿Por qué decimos esto? Por la traspolación que el Cristianismo ha hecho de los conceptos del Judaísmo que Pablo representa.  

El diccionario define traspolar como: “Trasladar una palabra o frase de su ámbito real o exacto a una estructura gramatical en la cual adquiere un sentido diferente del que tenía”. Pablo sencillamente no se podía dirigir a ninguna otra comunidad, como la cristiana, por la sencilla razón que no existía. No hay más que decir para comprenderlo, que no existía.

El Cristianismo cuanto menos es tres siglos posterior al tiempo de Jesús, a sus discípulos y a Pablo. Si entendemos esto podremos comprender mejor la traspolación sistemática que la teología cristiana ha hecho, y sigue haciendo, para sacar del contexto religioso, cultural y emocional, a Jesús y el Judaísmo que representa. Jesús fue judío, vivió como judío, enseñó Judaísmo, fue sepultado como judío y resucitó conforme la creencia judía de la resurrección. Tomen nota de todo eso, por favor.

En el libro titulado El Judaísmo de Pablo, de Mario Sabán, el autor “cuestiona que Pablo fuera un voluntario constructor de una nueva fe. Según el autor, el propósito de Pablo era extender la fe judía a los gentiles, universalizar la religión judía, aunque no reemplazarla por una nueva religión”. Pablo o Saúl de Tarso ciertamente no pretendía reemplazar el Judaísmo por una nueva religión, pero ¿Cómo va a querer reemplazar el Judaísmo por una nueva religión, léase Cristianismo, si no existía? El autor da por sentado que “una nueva fe”, léase Cristianismo, existía en el tiempo de Pablo. En realidad, lo que el autor dice es que Pablo fue un involuntario constructor de una nueva fe. El juego de palabras es muy sutil.

Concluimos que Saúl o Pablo de Tarso quería llevar la noticia, la buena noticia, a la Comunidad Judía en Sefarad que el Mesías había llegado a Israel ¿Cómo podrían saber los judíos en Sefarad que el esperado Mesías se había manifestado en Israel? Las profecías mesiánicas se habían cumplido y era imprescindible que se conociera en todo el mundo judío en primer lugar. El objetivo de Pablo de viajar a Comunidad Sefardita en Sefarad era, sin la menor duda, dar a conocer la llegada del Mesías a los judíos sefarditas, todas las demás suposiciones quedan al arbitrio personal de cada uno.

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