El proceso de reconversión espiritual


El concepto “reconversión” lo escuchamos en muchos contextos, pero especialmente en el sector industrial. Una definición de reconversión nos dice que “consiste en modificar nuevamente algo que, con anterioridad, ya había sido transformado” ¿Se puede aplicar esto mismo a la vida espiritual? Sin la menor duda. El conocido término Proceso de Conversión e Integración no deja de ser un proceso de reconversión espiritual por el cual pretendemos reactivar e impulsar la fe de cada uno de nosotros.

El Proceso de Conversión e Integración precisa de un proceso de reconversión y de reintegración en el contexto de nuestra Comunidad. El paso del tiempo, los avatares del camino diario, los cambios de estado al formarse matrimonios con hijos y un cierto acomodamiento nos han hecho perder el sentido de la orientación espiritual. La brújula de la visión comunitaria se ha visto afectada por muchos factores, pero sobre todo por el hecho innegable de una apreciable prosperidad que ha acomodado espiritualmente a más de uno a lo largo de nuestra corta historia comunitaria.

El Proceso de Conversión e Integración pretende reconvertir y reintegrar a la Comunidad a aquellos que dentro o fuera de la misma precisan volver a reconvertirse y reintegrarse valga la doble redundancia. La lejanía emocional y espiritual que algunos han demostrado con el paso del tiempo requiere volver a superar, con nota de sobresaliente, el Proceso de Conversión e Integración en nuestra Comunidad.
   

El problema más evidente que se repite de generación en generación es el acomodamiento espiritual que se produce cuando creemos que hemos alcanzado nuestros objetivos personales. La esclavitud de nuestros antepasados de fe en Egipto unió a un pueblo, que se hizo uno, para alcanzar el máximo objetivo de la libertad. Una vez alcanzada la ansiada libertad como pueblo empezaron las divisiones de carácter personal. Unos querían más agua para ellos y se quejaban promoviendo motines y rencillas. Otros mirando atrás querían volver a la seguridad de la comida diaria de la esclavitud y así encontraremos en la Escritura numerosas referencias a problemas que se formaban después de la salida de Egipto. El ser liberados no garantiza que seamos libres y el tiempo así lo demuestra.

Los objetivos comunitarios de una multitud después de ser liberados se fueron diluyendo en las arenas del desierto, de los intereses personales. Los cambios no fueron aceptados con agrado sino con enfrentamientos, rencillas y traiciones. Los objetivos personales superaron la necesidad de reforzar los objetivos comunitarios y cuando se quisieron dar cuenta ya llevaban cuarenta años dando vueltas por el desierto ¿Acaso no sabían dónde iban? ¿Acaso no tenían leyes o enseñanzas claras? ¿Acaso no habían sido liberados de la esclavitud más horrorosa? Los intereses personales son el hombre fuerte, entiéndase hombre o mujer, que todos llevamos dentro. Unos intereses personales que se aferran al pasado y a un acomodado presente. El miedo a perder lo que han alcanzado hoy les impide progresar espiritualmente en el mañana. La prosperidad que no se comparte, sea material o espiritual, nos acaba corrompiendo a nosotros mismos.


La necesidad que hoy tenemos, para llegar a un prometedor mañana, es reactivar e impulsar un nuevo Proceso de Conversión e Integración que nos permita volver al estado espiritual óptimo que el Cielo tiene dispuesto para nuestra Comunidad, para cada uno de nosotros y para nuestras respectivas familias. La única manera bíblica de alcanzar los objetivos personales es compartir los Intereses Comunes y Comunitarios que mantenemos como Comunidad.
“renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” Ef.4.23–24

A modo de conclusión podríamos decir que necesitamos “modificar nuevamente algo que, con anterioridad, ya había sido transformado” y ese algo es nuestra propia vida que ya antes el Señor la había transformado, pero que hoy precisa de otro proceso de reconversión y reintegración a todos los niveles personales, familiares y comunitarios. Os exhorto, a los que están cerca y a los que están lejos, a cambiar el futuro modificando el presente por medio de una renovación integral. Los nombrados Intereses Comunes y Comunitarios se verán reforzados por medio del Proceso de Conversión e Integración que todos precisamos volver a estudiar y aplicar en nuestras vidas ¡Dispuestos y disponibles nos quiere el Cielo!


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