Los extraviados de la verdad



Todo proceso de reconversión exige un trasvase de ideas sin las cuales la mencionada reconversión se queda en un movimiento teórico sin buenos frutos. El movimiento centrífugo hacia adentro, entendido como intereses personales, acaban generando una parálisis emocional y espiritual egocéntrica. La vida comunitaria exige una más amplia visión que la limitada a nuestros particulares intereses personales.

El llamamiento que hemos recibido del Cielo es cambiar el mundo empezando por nosotros mismos. Una responsabilidad que precisa de un sincero interés para que otros conozcan el Plan de Dios para sus vidas ¿Cómo llegamos a conocer la voluntad de Dios para todos los seres humanos? Otra persona con Intereses Comunes y Comunitarios nos enseñó a dirigir nuestros pensamientos a Dios. El ser humano lleva alejándose de la Voluntad de Dios desde que salió del Jardín del Edén. La desobediencia forma parte del ADN de los seres humanos. En un alarde de creatividad divina el Cielo nos ha dotado de la capacidad de decisión, libre albedrío, para decidir independientemente de nuestras inclinaciones. La responsabilidad de lo que hacemos o no hacemos es exclusivamente personal e intransferible. 

Los planteamientos terrenales, egocéntricos y narcisistas son excluyentes. Las pretensiones de vivir bien sin importar como viven los demás son la antítesis de las enseñanzas de vida que nos muestra la Escritura. No podremos vivir bien mientras otros vivan mal y mueran de inanición, que según el diccionario es la “extrema debilidad física provocada por la falta de alimento”. La inanición, por la falta de alimento básico, mata a millones de seres humanos en todo el mundo y pareciera que nos hemos acostumbrado a verlo y escucharlo. Las hambrunas no son cosa del pasado sino también del presente y del futuro.


Una tragedia, la de la hambruna internacional, debida al egoísmo de aquellos que tienen en sus manos la capacidad de distribuir el alimento que este mundo genera. Un día tendrán que dar cuenta ante el Tribunal de Dios por los millones de seres humanos que murieron de hambre estando ellos saciados, pero ¿Estaremos nosotros contribuyendo en otra forma a la inanición espiritual de nuestro prójimo? En la medida que no distribuimos el alimento espiritual, con el cual Dios nos alimenta, somos igualmente responsables de la hambruna espiritual que el mundo padece ¿Acaso no se nos va a juzgar a nosotros estando saciados de alimento espiritual? Los pensamientos egocentristas, los intereses personales y el estar saciados espiritualmente hacen que no nos interesemos por el hambre espiritual de los demás ¿Somos responsables de alimentar espiritualmente a los que están en nuestro círculo de relación? Naturalmente sí somos responsables de alimentar también espiritualmente a los demás. 

Un día también a cada uno de nosotros se nos pedirá cuentas por lo que hicimos y por lo que no hicimos. Así lo enseña la Escritura cuando nos dice: El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado. El trasvase de ideas que mencionamos al principio de esta enseñanza es saber y hacer lo bueno que debemos llevando las enseñanzas de la Escritura, a todos los seres humanos ¿Podemos alcanzar a todo el mundo? Por supuesto que sí empezando por el mundo que nos rodea.


Las excusas para no compartir y repartir el alimento espiritual que recibimos no son válidas ante Dios ¿Acaso estamos exentos de compartir lo que Dios nos da? ¿Acaso nuestro trabajo nos impide hablar a los demás de Dios y de sus bendiciones? ¿Acaso nos da Dios hijos para que nos olvidemos de los hijos de los demás? ¿Acaso nos sacia Dios de alimento espiritual, y natural, para que no lo compartamos con otros? No tenemos excusas válidas ante Dios y los hombres para no hacer lo bueno que debemos.

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguno lo hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” Santiago 5.19–20.

La libertad que recibimos de Dios no la podemos encarcelar para no compartirla con los que tenemos cerca de nosotros. El lamentable espectáculo que damos ante el mundo y ante Dios cuando no damos lo que debemos a Dios y al mundo se nos tomará en cuenta. El llamamiento que os hacemos hoy es a volver a la verdad para servir a Dios y los Intereses del Reino llevando la enseñanza que hemos recibido del Cielo. Una enseñanza que cambia el mundo y que nos cambia a nosotros. Los extraviados de los que habla la Escritura son aquellos que dejaron de alimentarse y de alimentar a otros que pasaban hambre. 

Los extraviados son aquellos que habiendo sido liberados volvieron a estar encarcelados, por no querer liberar a otros. Los extraviados son aquellos que se pusieron enfermos después de haber sido sanados y que no quisieron sanar a otros que estaban enfermos ¿Seremos parte aquellos que están extraviados? La reflexión la tenemos que hacer cada uno de nosotros.


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