La cosecha del miedo


El Proceso de Conversión e Integración es una buena semilla que precisa ser sembrada en nuestra vida sin el menor resto de miedo. El miedo paraliza la creatividad, la esperanza de futuro y la capacidad de comunicación. Un labrador no puede sembrar con miedo a que no produzca buenos resultados la semilla que está sembrando. El miedo es la peor de las plagas que destruye muchas cosechas que fueron sembradas con buenas semillas. La cosecha del miedo es la más destructiva para la esperanza y la fe del labrador.

La creatividad que todos necesitamos para crecer y desarrollarnos forma parte de la estructura mental que el Cielo ha sembrado en los seres humanos. La Creación con mayúsculas, en su totalidad, es un proceso de diseño creativo en el cual interviene el tiempo, el esfuerzo y los medios del Creador. La razón por la cual Dios descansó está directamente ligada al proceso de diseño creativo que genera un tipo de cansancio emocional que precisa tiempo de evaluación. La creatividad es un esfuerzo que precisa una evaluación que a su vez produce descanso emocional y espiritual. Al esfuerzo de crear le compensa el descanso de evaluar. Aquello que no evaluemos nos pesará tanto o más que el esfuerzo que hicimos para alcanzar un cierto objetivo creativo. Los que no evalúan lo que hacen no son capaces tampoco de arrepentirse que no deja de ser un proceso de evaluación personal absolutamente necesario.

La esperanza de futuro se nubla con las nubes del miedo. Unas nubes que parecen cargadas de agua, pero que solo dejan un rastro de destrucción. El proceso creativo de sembrar y recoger es afectado profundamente cuando se juntan la plaga y las nubes del miedo. En el mejor de los casos sembramos con miedo y en el peor ni siquiera sembramos ¿Acaso alguien ha cosechado algo sin haber sembrado? El miedo a que lo sembrado no salga ya es malo en si mismo, pero el miedo que hace que no sembremos es malo y dramático ¿Acaso no vamos a sembrar por miedo a que los gorriones se coman la semilla? El Cielo nos ha dado la Buena Semilla de la Palabra de Dios, para que la sembremos ¿A qué tenemos miedo? ¿A qué no produzca? El miedo que tenemos es esa plaga, que generamos nosotros mismos que daña la buena semilla y nubla toda esperanza de futuro personal y comunitario. La llamada de atención de la Escritura es estremecedora y precisa de una profunda evaluación de lo que hacemos o no hacemos.

“Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo sin vergüenza alguna con vosotros, se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” Jud. 12

La capacidad de comunicación se bloquea cuando tenemos miedo al qué dirán. La creatividad que el Cielo nos ha dado, como virtud o don, se convierte en meros intereses personales conformistas cuando tenemos miedo y dejamos de hacer lo que debemos. La insatisfacción personal nos sobreviene cuando dejamos de hacer lo que debemos, entiéndase sembrar la semilla, y nos concentramos en hacer lo que queremos según nuestros intereses personales. Las vidas humanas que se pierden, por no sembrar la buena semilla de la Palabra de Dios, es una responsabilidad de la cual también se nos pedirá cuentas a cada uno de nosotros. El llamamiento que tenemos es a sembrar y recoger en los Graneros del Reino el buen fruto, compartirlo y repartirlo con los hambrientos espirituales de los cuales está llena la tierra.



El tiempo del miedo ya pasó. Un tiempo tormentoso de intereses personales donde nos refugiábamos en las cavernas frías de la falta de interés, en lo que les pasa a los demás. La gran cosecha de la que muchos llevan años hablando precisa de mucha capacidad creativa, de mucho tiempo, de mucho esfuerzo y de muchos medios que hay que estar dispuestos a compartir. Lo que el Cielo ha dejado en nuestras manos es de Dios, no es nuestro. A modo de mayordomos se nos ha dado la responsabilidad de sembrar, cuidar, recoger, almacenar, compartir y repartir la cosecha. No sembramos para recoger según nuestros limitados intereses personales sino para compartir y repartir los Intereses Comunes y Comunitarios con aquellos con los cuales nos relacionamos tanto en el ámbito comunitario como fuera del mismo. 

La premisa sigue siendo la misma después de miles de años. El campo de labranza es mucho, pero los dispuestos a sembrar son pocos ¿Hasta cuándo tendremos miedo de sembrar con esfuerzo y valentía? Ya me dirás.


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