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Reparemos el mundo (Tikun Olam)

En Januca ocurrieron varios milagros, pero el más destacado se relaciona con el aceite. En la práctica lo que siempre destacamos es la luz, correctamente no cabe duda, aunque la luz no podría iluminar sin el elemento diferenciador del aceite.


Un aceite apartado o santificado para arder en el Templo, de un uso exclusivo. El aceite y el fuego lo pusieron los Sacerdotes, pero ante tan escasa cantidad de aceite el Cielo hizo el milagro. El aceite no menguó y se mantuvo ardiendo por ocho días hasta, que un nuevo aceite fue preparado según las normas sacerdotales.

Los milagros son lo cotidiano en Israel y en este caso, de que el aceite no menguara, ya contaba con precedentes. La Escritura relata otro milagro acontecido por la intervención del Profeta Elías, que reza así “La viuda fue e hizo como le había dicho Elías. Y comieron él, ella y su casa, durante muchos días. No escaseó la harina de la tinaja, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la Palabra que HaShem había dicho por medio de Elías” (1º Reyes 17.15–16). Los conocedores de la historia recordarán como el aceite y la harina, en una pequeñísima cantidad, no menguaron y dieron vida a aquella viuda y su hijo que estaban a punto de morir. El milagro de que el aceite no menguara se repitió en Januca.

Una pequeña cantidad de aceite que se mantuvo encendido por ocho días antes de que se pudiera hacer un aceite nuevo conforme al rito del Templo. Ocho días en que la fe precisaba ser puesta a prueba. La fe y la luz no se pueden esconder. Por un luminoso Janucá a todos ¡Compartir y repartir la Luz de Dios para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor!

Reparemos el mundo (Tikun Olam) encendiendo la Januquía a la vista de todos. El apoyo del Cielo a su pueblo, del cual formamos parte, se tradujo en el que hemos llamado el Milagro del Aceite.

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