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Las acciones nuestras de cada día

En el mundo real estamos llamados a realizar ciertas acciones que forman parte vital de la vida. La alimentación, el pausado descanso, las conversaciones agradables o el café de la mañana, entre otras acciones cotidianas determinan nuestra forma de ser, pero ¿Qué acciones son realmente vitales realizar cada día? Algunos dirían que todo lo que hacemos es vitalmente necesario. Otros dirán que sus acciones vitales son trabajar, ganar dinero y tener mantener un buen nivel económico.


En el plano espiritual el conocido rezo de “danos el pan nuestro de cada día” se convierte en la expresión natural de recibir el sustento básico diario. El “pan de cada día” es una forma de pedir sustento para nuestros cuerpos, pero también de rogar por el sustento espiritual para nuestra alma. La conocida expresión bíblica “no solo de pan vive el hombre” hace referencia a nuestra faceta como seres materiales y espirituales. En la práctica somos seres con necesidades materiales, emocionales y espirituales.

La pregunta que nos hacemos está relacionada con la importancia de acometer ciertas acciones a diario. Unas acciones que nos formen como personas. Que generen creatividad y generosidad, por nuestro bien y el de cuantos nos rodean. Las tres acciones vitales son aprender, soñar y dar gracias. No es posible una vida productiva sin mantener las que hemos llamado acciones nuestras de cada día.

Todos los días hay que tener la actitud vital de querer aprender algo. Una persona con una buena actitud vital es aquella que siempre está aprendiendo, aunque sea poco. No se trata de aprender mucho cada día sino de aprender algo todos los días. Un poco de aprendizaje a diario desembocará en un importante conocimiento con el paso del tiempo. Todos los días hay que aprende algo. La actitud de querer aprender todos los días nos llevará a mantener una buena salud emocional, física y espiritual. Todos los días hay que aprender algo. La primera acción nuestra de cada día es aprender, aprender y aprender.

Todos los días hay que soñar con algo que motive a las buenas acciones personales y comunitarias. La parte noble de la existencia se desarrolla en el intelecto, se gesta en el alma y se lleva a la práctica teórica, por medio de los sueños. Lo primero que hacemos es pensar en algo o visualizarlo. Una ilusión que va creciendo. Una ilusión que se van gestando en el corazón hasta que nace y se hace tangible. Todas las noches hay que soñar con algo. Todas las noches hay que aprender algo y soñar con algo bueno y positivo. Bendeciré a Dios que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia (Salmo 16.7).

En el contexto de la fe, cuando tenemos la actitud de aprender, los sueños cumplen también una función educativa. Una forma en la cual el Cielo nos puede hablar, motivar y guiar. 

Todas estas acciones diarias de aprender, soñar, ilusionarse y tener objetivos nobles se sustentan por la esencial e imprescindible acción de gracias. Todos los días hay que dar gracias por algo y por alguien. La acción nuestra de cada día más determinante es dar gracias, por todo. Una actitud de agradecimiento por todo cuanto nos rodea será imprescindible tener y mantener a diario.

La correcta actitud frente a la vida es la de aprender algo todos los días ¿Qué hemos aprendido hoy? ¿Nos hacemos esta pregunta cada día? Lo que aprendemos se puede convertir en grandes sueños y esperanzas cuando las mantenemos en el tiempo. Todas las noches, el tiempo por excelencia de descanso, hay que soñar algo. Al amanecer, una vez que nos hemos evaluado y determinado lo que hemos aprendido, hay que dar gracias. Aprender, soñar y dar gracias son las claves, Aquí y Ahora, para cambiar nuestro particular estilo de vida.



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