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Coronavirus: El supremo objetivo de nuestra efímera existencia

El temor al contagio por coronavirus está encerrando literalmente a millones de personas en todo el mundo en sus casas. Los países toman medidas extremas para intentar que la pandemia no se extienda, pero todo parece indicar que estamos muy lejos de parar los contagios ¿Encontraremos alguna manera de no contagiarnos? Una pregunta sin aparente respuesta. Atención qué solo digo sin aparente respuesta.

Todos podemos contagiarnos, sin excepción, pero algunos están más expuestos que otros frente al contagio ¿Por qué algunos están más expuestos el contagio que otros? Por un lado, se está considerando que las personas mayores, en ese tramo que hemos llamado de la tercera edad, son más vulnerables a contraer el coronavirus.

Las personas ancianas son más vulnerables a todo tipo de enfermedad vírica, por tanto, en este sentido no es algo nuevo. Al principio de la pandemia, aunque no la llamaran así, se nos decía que los niños no contraían la enfermedad, pero con el paso del tiempo se está modificando estas presunciones clínicas. En los últimos días se nos dice que los niños son transmisores potenciales, aunque no presenten síntomas. La última actuación de las autoridades sanitarias enviando a todos los niños a casa, con la pretensión de que si los padres no pudieren cuidarlos lo harían los abuelos, ha puesto de manifiesto el riesgo que existe para la ya mencionada tercera edad.

La anterior crisis económica, de la cual no hemos salido, se une a la que ya ha empezado por efecto rebote del coronavirus, pero ¿Quién soportó la carga familiar en términos generales en la anterior crisis económica? Pues otra vez la población más vulnerable, a saber, la tercera edad. En otras palabras, la franja de edad más vulnerable es la que más soporta el efecto del coronavirus en el plano económico y en el del cuidado de los niños implique o no implique riesgo alguno.

Las familias que tienen la posibilidad de dejar a sus hijos con los abuelos tienen la bendición de saber que sus hijos están en las mejores manos, otra vez y siempre en términos generales, y que también colaborarán con sus propios medios económicos sin el menor reparo ¿Qué no harían los abuelos por sus nietos? Lo hacen todo y lo seguirán haciendo sin la menor duda.

La única posibilidad real de no contagiarse, haciendo nosotros lo que tenemos que hacer, es confiar en el Señor y disponerse a servirle con todo nuestro corazón. Los que no sirven están mucho más expuestos que los que sirven a Dios y al prójimo.

El contagio por coronavirus es menos peligroso que el contagio del virus mundano de la maldad que está arrastrando a muchos por el camino ancho, de la perdición eterna. El que no quiera creer que no crea. Nosotros no podemos convertir a nadie, pero podemos y debemos advertir a todos. La pandemia de odio, violencia, hambre, contaminación y despotismo cruel precisa de una intervención urgente de los hijos de Dios.

El virus de la condenación está matando a millones de personas y aparentemente no hay quién les advierta del peligro que corren. Todas las personas que nos rodea deben estar advertidos de la peligrosa forma de vivir que tienen. Lo dramático, para todos, es que solo unos pocos son valientes para enfrentarles, con la Verdad de Dios. Al igual que pocas personas atienden a los niños que necesitan una educación especial, pocos son los que dedican su vida a educar a este mundo. Un mundo que necesita dramáticamente la educación especial y especializada del Cielo, por medio de aquellos que han dedicado su vida a servir al prójimo. Solo los valientes sirven en el Reino aquí y ahora. Aquellos que ponen sus vidas al servicio de Dios, de su creación y del prójimo.

"Porque has puesto a Dios, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada" Sal 91.9–10

Otra vez reiteramos que no los vamos a convertir a nadie, ni a quitar la sordera espiritual reinante incluso entre aquellos que se definen como creyentes. Nosotros somos los centinelas que advertimos del peligro nada más y nada menos. Cada uno es responsable de lo que haga con las advertencias que recibe. Los médicos están advirtiendo del peligro del coronavirus, pero todos nosotros somos los únicos responsables de escuchar y poner en práctica sus advertencias ¿Qué pensaríamos de los médicos si no advirtieran del peligro del coronavirus? Los médicos tienen la responsabilidad de advertir de los peligros y de recetar el medicamento más efectivo dependiendo de la enfermedad.

Todos nosotros somos los "médicos" del Reino de Dios que a modo de sal y luz tenemos que dar ejemplo y advertir de los peligros espirituales que acechan a toda la humanidad. La única medicina que destruye la muerte eterna es la fe en el Mesías. Un día el Mesías volverá a instaurar el Reino de Dios en la tierra, con capital en Jerusalén. Servir a Dios, al prójimo y a toda la creación es el supremo objetivo de nuestra efímera existencia aquí y ahora.

En el primer párrafo de esta enseñanza formulamos una pregunta ¿Encontraremos alguna manera de no contagiarnos? La respuesta merece una seria reflexión por todos nosotros, pero la respondemos con la certeza de aquellos que pon su fe en Dios. Para minimizar el riesgo que supone de vivir, sea en la situación que sea, tenemos que ser relevantes para Dios. La relevancia se alcanza cuando vivimos enfocados en servir a Dios y al prójimo que es el supremo objetivo de nuestra efímera existencia.


Comentarios

  1. Explicación más profunda de lo que significa ser relevantes

    La idea de ser relevantes tiene que ver con ser útiles para Dios y por consiguiente para los hombres. El llamamiento que tenemos, si es que no estamos contagiados del virus de la sordera ovejuna, es a poner por obra y enseñar los Mandamientos de Dios a todos. La relevancia no es un don es una decisión voluntaria de servir a Dios, entiéndase también al prójimo, que se fortalece y mejora con la práctica.

    La utilidad que podamos tener para servir a Dios es el supremo objetivo de nuestra efímera existencia. La vida es muy corta y desperdiciarla sin ser útiles para el servicio a Dios y al prójimo nos hace irrelevantes, insignificantes, vulgares y corrientes.

    Somos relevantes para Dios y para los demás cuando vivimos para servir sin descuidarnos a nosotros mismos. El amor al prójimo siempre implica un cuidado personal. No podemos dar lo que no tenemos. Cuando nos descuidamos a nosotros mismos estamos descuidando a los demás. Si dejamos de servir a Dios estaremos dejando de servir al prójimo. No se puede separar servir a Dios del servicio a los demás.

    La idea central de la enseñanza, aunque muchos no la comprenderán es que si somos relevantes en el servicio a Dios y en el servicio al prójimo estaremos mejor preparados para enfrentarnos con la pandemia del coronavirus.

    Si el Cielo considera que somos relevantes, importantes, estratégicos, sobresalientes, notables, destacados, excelentes y extraordinarios en el servicio a Dios y al prójimo nos guardará de todo contagio. Ya lo dije en la enseñanza que los gobiernos cuidan a los médicos, doctoras, enfermeras y personal del área de la salud porque son relevantes.

    Los médicos son imprescindibles que estén bien para poder ayudar a todos. La relevancia de los médicos viene por lo importante e imprescindible que es su trabajo. La salud es el área más relevante de un país y sin la labor vital de los médicos no se podría mantener. Los médicos son relevantes para el sistema y por lo tanto deben ser protegidos, cuidados y guardados para puedan hacer su trabajo. Nadie puede hacer lo que hace un médico. Los médicos son relevantes, imprescindibles e importantes.

    En el mismo plano de importancia estratégica para el Cielo estamos aquellos que servimos a Dios y al prójimo. El Cielo nos ha puesto aquí para ser relevantes, valientes, eficaces, dispuestos a servir a Dios y a los demás incluso a contracorriente ¿Nos cuidará el Cielo si considera que somos relevantes en el servicio a Dios y al prójimo? ¿Acaso pasa desapercibido el trabajo que hacemos? Recordar siempre estas palabras para que vivamos una vida relevante en el servicio a Dios y a los demás.

    “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” 1ªCo.15.58

    En otras palabras estaremos firmes y constantes, creciendo en el servicio a Dios y al prójimo, cuando nos demos cuenta que nuestro trabajo en el Señor es relevante, importante, estratégico, sobresaliente, notable, destacado, excelente y extraordinario. Por esta razón deberíamos estar conscientes que el Cielo nos guardará para que sigamos haciendo la labor que se nos ha encomendado. Bendito sea el Señor.

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