Preguntando por las sendas antiguas

Todo lo que sabíamos antes de la pandemia del coronavirus, y la forma en que vivíamos, está siendo puesto a prueba. La facilidad con la que conseguíamos alientos, antes de una cuarentena internacional, nos está haciendo replantearnos lo que supone depender de los sistemas modernos de producción en masa y distribución de alimentos.


En términos generales la única preocupación que teníamos a la hora de conseguir los alimentos era elegir un supermercado de los muchos que tenemos a nuestra disposición. La impresión que tengo es que no hemos valorado el tiempo, el esfuerzo y el dinero que cuesta producir un sencillo tomate, por poner un ejemplo. De igual manera no hemos interiorizado el valor nutricional que tiene la fruta, las verduras o las legumbres. La facilidad que tenemos para conseguir alimentos, sin mayor esfuerzo que ir y comprarlas, nos ha dejado dependientes de la producción alimentaria industrial ¿Tendremos que plantearnos otra forma de vivir en la era post coronavirus? La respuesta para algunos es obvia, pero no tanto para una mayoría.

El ser humano a lo largo de la historia ha pasado de producir sus propios alimentos, cultivando la tierra en pequeños grupos familiares, a consumir alimentos procesados a gran escala. La cría de animales para producir leche o carne se ha convertido en todo un proceso industrial para un consumo masivo y abusivo de millones de personas. Las consecuencias se dejan ver en medio mundo, en el de la abundancia, con tasas de sobrepeso increíbles y enfermedades de todo tipo. En el otro medio mundo, el de la escasez, las consecuencias son terribles tasas de desnutrición y desesperantes hambrunas que están dejando millones de muertos.

El despilfarro en la producción industrial de alimentos, entre otros graves problemas sociales, está causando grandes diferencias a nivel mundial. El hombre ha desequilibrado la naturaleza a tal punto que producir un kilo de carne supone solo en consumo de agua entre 500 y 3.000 litros ¿Nos podemos imaginar el resto de elementos necesarios para producir un solo kilo de carne? El grano, utilizado junto con productos farmaceúticos de engorde, para alimentar a los animales, está esquilmando la tierra y generando un costo incalculable. Las consecuencias que está dejando en el medio ambiente no hace falta mencionarlas. La producción industrial en masa de carne es bajo todo punto de vista insostenible, cruel con los animales y altamente contaminante.

La vuelta al aprendizaje básico del auto sostenimiento debe ser una prioridad, a tener muy en cuenta, en nuestras vidas. El sostenimiento de un sistema de producción industrial de todo tipo de alimentos lejos de beneficiarnos nos está llevando a la contaminación más dramática y destructiva de toda la historia de la humanidad. Por lo general no sabemos más de agricultura que regar las plantas de casa y de jardines. Un drama al cual las generaciones pasadas no se enfrentaron.

Todos tenemos que producir alimentos, entre otras buenas cosas, para nosotros mismos y para generar un excedente que permita enfrentarnos a las más que seguras pandemias que vendrán en el futuro. La conciencia de producir, compartir y repartir debe establecerse en nuestras respectivas vidas. Un cambio radical de conciencia comunitaria debe surgir de esta pandemia, que permita resolver muchos problemas en relación a la alimentación. La dependencia absoluta que tenemos de los sistemas industriales y distribución de alimentos no es buena bajo ningún punto de vista. 

La producción de alimentos a nivel familiar y comunitario debe ser la base de la producción y no la dependencia absoluta que ahora tenemos de la producción industrial de alimentos procesados. La industria alimentaria debería ser el complemento a la producción de alimentos para el autoconsumo. Una producción familiar que permitiría compartir y repartir con los que tenemos en nuestro círculo de relación y más allá de nuestras fronteras locales, regionales o nacionales.

Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino. Andad por él y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: ¡No andaremos! (Jr 6.16).

Las sendas antiguas de la fe, la forma real de vivir, no deben ser menospreciadas ni olvidadas. El tiempo de cambiar ha llegado. El Cielo nos está dando la oportunidad de cambiar o de seguir manteniendo este “infierno” en el cual vivimos. Una forma de vida infernal que se está consumiendo con su propio fuego alimentado con el orgullo, arrogancia y el despilfarro descontrolado. 

La injusticia, en el sentido más amplio de la palabra, gobierna a su antojo y millones de personas sufren las consecuencias ¿Qué podremos hacer cada uno de nosotros para invertir este proceso destructivo en el que está inmerso la humanidad? Lo hablaremos en la segunda parte de este serie de reflexión que hemos llamado Enseñanza de lo Alto.

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