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Labradores o ladradores ¿Qué somos?

El refrán que nos dice “las apariencias engañan” es por todos conocido. El discernimiento es un sentido espiritual que nos permite saber, junto con los sentidos naturales, cuándo alguien es lo que dice ser o parecer. En otras palabras “no es oro todo lo que reluce” pues ciertamente no siempre lo que algo parece se corresponde con la realidad.


El tema de hoy se centra en comparar lo que es un labrador, en el plano humano, con lo que representa un labrador en el plano de la raza canina. La palabra “labrador” es un término homógrafo que difiere en su significado, pero que se escriben de forma idéntica. La confusión que puede generar este término no es solo de carácter ortográfico. El término “labrador” lo vamos a analizar haciendo una comparación entre su significado humano y canino ¿Qué somos realmente? ¿Somos labradores o ladradores? ¿Parecemos una cosa y somos otra? Lo más probable es que hoy incomodemos la conciencia de muchos.

Un labrador, como término humano, es alguien que trabaja la tierra con el objetivo de producir buenos frutos para su casa y para otros en términos generales. El labrador que trabaja la tierra es sinónimo de esfuerzo, dedicación, firmeza y otras muchas cualidades. El labrador es alguien que siembra con la esperanza de cosechar sabiendo que debe esperar pacientemente hasta que pueda recoger su cosecha. La siembra y la cosecha son dos términos propios de los agricultores.

El labrador es alguien callado que trabaja pesando, meditando y ejerciendo fe con los ojos puestos en ver recompensado su esfuerzo. Los labradores tienen cualidades que difieren mucho de otro tipo de trabajador de cualquier otro sector laboral. El campo hace a los hombres más conscientes de la dependencia que tenemos de la tierra. No es tan obvio el trabajo de un labrador y precisa por nuestra parte el reconocimiento de la importancia que tiene su labor.

El ladrador, en el plano del reino canino, es un animal que se guía por sus instintos naturales utilizando el ladrido como forma de comunicación. El perro con sus ladridos pretende por lo general asustar, atemorizar, dominar o avisar. Los labradores, como raza, son animales de compañía que les gusta estar con personas. En el caso que nos compete no estamos analizando una raza canina en particular sino marcando las diferencias entre el hombre y los canes sean de la raza que sean. Con todo esto no estamos diciendo que los perros sean malos, sino que tienen características que nos sirven solo a nivel comparativo entre ellos y el labrador como aquel que ya hemos dicho trabajador de la tierra.

El agricultor es callado y reflexivo mientras que el labrador canino, entiéndase los canes en general, son ruidosos, impulsivos, hiperactivos, les gusta llamar la atención sobre sí mismos, son territoriales y en muchos casos agresivos ¿Nos dice algo esto? En la vida muchas veces nos parecemos más a los canes que a los humildes agricultores esforzados y reflexivos.

El labrador es alguien que siembra, cuida la tierra y produce frutos. La vida de un labrador o agricultor es en muchos casos un trabajo en soledad. El modelo de ladrador canino es aquel que con su boca trata de asustar, atemorizar o dominar a los demás. En contraposición el agricultor suele ser callado y humilde. El prototipo de persona ladradora, atentos aquí a la palabra, es aquella que se enaltece con su boca y se alaba así misma delante de los demás.

“Qué te alabe el extraño y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos” Prov.27.2
 
En el plano espiritual también están los que labran la tierra y los que ladran a los que pasan por la tierra. Una solo letra hace la total diferencia entre lo que somos y lo que hacemos. El labrador que trabaja la tierra y el labrador canino, el que ladra, solo se diferencian fonéticamente hablando en una sola letra. El concepto labrador y el ladrador solo se diferencian en la “d” de ladrador ¿Serán muchos los que apenas se diferencian en su forma de actuar como labradores o como ladradores? Sin la menor duda que lamentablemente son muchos particularmente en el contexto religioso. En un cierto momento de la historia futura los profetas avergonzados, por su mentirosa actuación, dirán que no son profetas sino labradores. 

Cada cual dirá: “No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he estado en el campo desde mi juventud” Zac.13.5

Los labradores serán en el futuro considerados de una manera más relevante para el bien de toda la comunidad. La necesidad del presente es de hombres y mujeres dispuestos a labrar la tierra en la cual nos ha puesto el Señor. El Cielo espera de nosotros que nos comportemos como verdaderos y honestos labradores sirviendo a los intereses del Cielo, en la tierra ¿No sería terrible que fuéramos ladradores en vez de labradores? ¿No sería terrible que nos pasáramos la vida ladrando de nuestra supuesta espiritualidad y no hiciéramos nada? No quiero ni pensar lo terrible que sería enfrentarnos a un juicio por ser “ladradores orgullosos” de nuestras supuestas hazañas espirituales.

Aquí y ahora estamos a tiempo de cambiar dejando de ladrar y dedicándonos a labrar la tierra en la cual nos ha puesto el Cielo. Los labradores se levantan pronto para preparar el día y estar fuertes para el trabajo que les espera. El tiempo en el que vivimos es muy especial pues todos los indicadores nos dicen que algo está pasando en el mundo que está produciendo, y va a producir, grandes cambios ¿Seremos nosotros parte del cambio labrando la tierra o ladrando orgullosamente en nuestro particular e improductivo patio trasero? La tierra por labrar es mucha pero los labradores muy pocos. Por nuestra parte labremos la tierra y dejemos que otros sigan ladrando orgullosamente de la supuesta espiritualidad que exhiben arrogantemente ¿Qué somos labradores o ladradores? Pues vivamos como lo que se supone que debemos ser labradores en la Labranza de Dios y a su servicio.

“El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” 2ªTim.2.6-7 

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