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Instrucción de los hijos en familia

Los últimos acontecimientos en torno a la llamada pandemia del coronavirus han dejado ver la importancia de los modernos medios de comunicación en el proceso de formación de nuestros hijos y del resto de la comunidad en general ¿Cómo podemos mejorar el aprendizaje de nuestros hijos y nietos? ¿Qué medios son más eficaces a la hora de enseñar? ¿Cuándo deberíamos empezar a instruir a nuestros hijos? Lo primero que debemos tener en cuenta es saber si estamos dispuestos a pagar el precio que exige la instrucción de nuestros hijos. En la historia de la humanidad el proceso de aprendizaje de los niños ha sido básicamente por medio de la instrucción, en el contexto de la familia ¿Podemos aspirar a instruir a nuestros hijos en el tiempo en qué vivimos? Sin la menor duda, pero exige una sincera reflexión, esfuerzo y unos medios que realmente tenemos a nuestros alcance, aunque no nos demos cuenta.


El estilo de vida actual e impuesto nos exige decidir entre ocuparnos en la formación de nuestros hijos y la carga que supone el trabajo cotidiano. Por lo general tenemos la obligación de dedicar más tiempo a trabajar que en ocuparnos de la formación de nuestros hijos. En la mayoría de los casos no podemos elegir entre ambas y necesarias ocupaciones ¿No podemos trabajar y a la vez ocuparnos de instruir a nuestra prole? En la práctica la conciliación laboral y familiar sigue siendo una utopía a largo plazo. 

Las sociedades modernas están construidas para mantener a sus miembros por bloques estancos que aseguren que cada uno cumpla con un rol predefinido, por una especie de mano negra, que mueve los hilos de la vida. Nos obligan a vivir para trabajar haciéndonos creer que lo importante es la vida laboral, incluido el manoseado éxito profesional, y la desmedida fama. Todos los indicadores sociales se centran en el éxito personal sin considerar la trascendencia que tiene la familia en su conjunto. El ego se asocia con el éxito social y la dedicación a la familia como algo irrelevante que se deja en segundo plano. Una sociedad con valores trastocados que se diluye en medio de violencia, hambre y miseria.

"La contaminación medioambiental es un reflejo claro de la contaminación social que impera en este tiempo de la historia de la humanidad"

El verdadero éxito social no es que alcancemos grandes metas profesionales, sino que ayudemos a otros a progresar, crecer y madurar. En el contexto que hablamos los que hemos definido como otros son prioritariamente nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Una generación de hombres perversos, carentes de afecto natural por la familia, han surgido despreciando el concepto de familia de las generaciones anteriores.

“También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. A esos, evítalos” 2ª Tim.3.1–5 

Los tiempos en los que vivimos son peligrosos especialmente para la familia. La falta de instrucción familiar acorde a principios netamente bíblicos está llevando a las modernas sociedades a la más perversa contaminación cultural, emocional y espiritual. La contaminación medioambiental es un reflejo claro de la contaminación social que impera en este tiempo de la historia. Una contaminación con tintes de aparente humanidad y compromiso social que no permite ver la realidad de la situación en la que nos movemos. 

Los primeros efectos colaterales de tan peligrosa situación a nivel mundial son los niños. Unos niños y adolescentes que están siendo explotados en todos los aspectos que se pudieran considerar. La destrucción de la familia es el objetivo oculto de esta sociedad dirigida por el llamado “príncipe de este mundo” y sus colaboradores necesarios. Una destrucción que solo será posible si se relega a los padres en la instrucción de sus hijos.

"Los regímenes dictatoriales y los de corte democrático tienen en común que controlan la educación de nuestros hijos" 

Las etapas educativas y su currículum lectivo están programados para programar, valga la redundancia, a los niños en una dirección concreta. El objetivo de la moderna educación es alterar el orden establecido en la Escritura de que los padres sean los responsables directos de la instrucción de sus hijos. Las reformas laborales, herramienta de los sistemas sociales que rigen los destinos de millones de personas, están diseñadas para alienar a los padres, léase madre o padre, de su compromiso insustituible de educar a sus hijos. 

El primer valor que debemos asumir de forma absoluta es la responsabilidad exclusiva que los progenitores adquieren como padres respecto a sus hijos. Un valor que se ha dejado, por conveniencia social, a las diferentes instituciones de carácter político, educativo y religioso. Los hijos deben ser instruidos por los padres que a su vez deberían estar preparados y dispuestos para asumir la responsabilidad que el Cielo les ha otorgado. Una formación que debe ser asumida por los padres como esencial. 

La norma social ha sido dejar a los niños, incluso recién nacidos, para que las diferentes instituciones educativas se ocupen de la que debería ser nuestra más que evidente responsabilidad como familia. La instrucción familiar no debería dejarse en las manos de otros, por muy buenas y aparentes intenciones que tengan, sino que deberían ser administradas de forma exclusiva por cada familia. Los regímenes dictatoriales y los de corte democrático tienen en común que controlan la educación de nuestros hijos ¿Deberíamos oponernos a tan perversa intrusión en la educación de nuestros hijos? Por muy difícil que parezca el objetivo no debemos renunciar a ser los instructores preferentes de nuestros hijos. 

Los jardines de infancia y las guarderías no deberían existir. Las guarderías como su propio nombre indica, solo sirven para guardar o aparcar a los niños mientras los padres se dedican a trabajar para pagar la guardería y el resto de instituciones de supuesto carácter educativo. Los colegios deberían ser un complemento a la educación de los niños y no unos sustitutos oficiales para formar o adoctrinar, sea política o religiosamente, a nuestros hijos. Los hijos son nuestros y no del estado, como también es nuestra la responsabilidad de instruirlos y educarlos. Un precepto bíblico, el de instruir a nuestros hijos, que debemos tener muy presente para garantizar la buena educación de nuestros niños.

La familia es la institución por excelencia que debe ocuparse y preocuparse de la instrucción de sus propios hijos en primera instancia. En general todos los niños deben ser instruidos en el contexto de la familia. Cuando por razones justificadas los niños no puedan ser educados por su propia familia deberían ser instruidos por otra familia de acogida voluntaria. Solo en el contexto de la familia los niños pueden ser instruidos con garantías de futuro en todos los planos que consideremos. 
 
"Los hijos son nuestros y no del estado, como también es nuestra la responsabilidad de instruirlos y educarlos"

La experiencia de vida precisa de instrucción emocional, social y espiritual que solo la familia puede garantizar. La familia que asume la responsabilidad de instruir a sus hijos son la base de una sociedad comprometida con el futuro. Las familias deben instruir a sus hijos en todos los campos del aprendizaje incluyendo el conocimiento de producir sus propios alimentos. La salvaguarda del medio ambiente de forma escrupulosa garantizará un mejor futuro para la generación que adopte estos principios y las que vengan a continuación. 

El mundo no se va a acabar, pero si va a cambiar. Un cambio de mentalidad que debe empezar por la familia que debe asumir la responsabilidad única de la instrucción de sus hijos. Una responsabilidad que el Cielo ha encomendado exclusivamente a los padres. El que nuestros hijos se mantengan dentro de los márgenes del llamado “camino angosto” de la instrucción familiar depende de nosotros como buenos administradores de la Verdad con la cual hemos sido instruidos y enseñados. 

“Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él” Prov.22.6

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