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Los brazos que sostienen a la familia (capítulo segundo)

En la vida espiritual y en la natural el principio es que formemos un cuerpo de ayuda mutua en el cual todos tenemos responsabilidades compartidas. Los que se creen tan fuertes como para luchar por su propia cuenta, sea en el campo de batalla que sea, son los más peligrosos para ellos mismos, su familia y para la Comunidad.


Nos encontramos en la serie La imprescindible formación de Líderes Familiares en el segundo capítulo titulado Los brazos que sostienen a la familia. En el tema anterior concluimos que los nombrados intereses comunes y comunitarios se verán reforzados por medio del Proceso de Conversión e Integración que precisamos entender y llevar a la práctica en nuestras respectivas vidas. Un esfuerzo personal y familiar que redundará siempre en beneficio de toda la comunidad. 

Los que pretendan servir a otros deben tener muy claros los conceptos que se desprenden de este Proceso y su aplicación práctica. Los líderes familiares aprenden a ser líderes sirviendo a otros líderes. Los que quieren enseñar tienen que aprender de un maestro y así en todo proceso de aprendizaje que analicemos. Un ejemplo de líder fiel e idóneo es Josué en su servicio a Moisés y al resto de la comunidad en su larga marcha a la Tierra Prometida. Una marcha llena de conflictos internos y externos que habían de ser superados para que la Promesa del Cielo se hiciera efectiva. Los mayores obstáculos para alcanzar las metas y los objetivos que Dios tiene preparados de antemano somos nosotros mismos. 

“Josué hizo como le dijo Moisés y salió a pelear contra Amalec. Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel vencía; pero cuando él bajaba su mano, vencía Amalec. Como las manos de Moisés se cansaban, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él. Moisés se sentó sobre ella, mientras Aarón y Hur sostenían sus manos, uno de un lado y el otro del otro; así se mantuvieron firmes sus manos hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada” Éx.17.10-13

Las medidas concretas que debemos implementar, para la defensa de los intereses comunes y comunitarios, no son cuestión de unos pocos dirigentes sino de todos nosotros. Los que sostuvieron los brazos de Moisés en medio de la batalla estaban sosteniendo a todo el pueblo. Unos pocos pueden ayudar a muchos si saben lo que tienen que hacer y a quién tienen que sostener ¿Sabes cómo y a quién tienes que sostener en el contexto de tu círculo de relación? Los intereses comunes y comunitarios son, entre otras cosas, un muro defensivo para todas las familias que forman una Comunidad.

"La valentía honra a los seres humanos, pero la fidelidad los hace invencibles en todas las batallas en las que combata"

La guerra no es cosa de uno ni de unos pocos. En el enfrentamiento directo que tenemos contra el Mal tenemos que luchar juntos. La mejor estrategia para vencer es la unidad de acción coordinada por un liderazgo comprometido con el bienestar de toda la comunidad en primera instancia y con el prójimo en el sentido más amplio de la palabra. 

Los intereses personales, cuando están por encima de los intereses comunes y comunitarios, son una brecha en el muro defensivo de la Comunidad. Una entrada para todo tipo de peligros que nos asedian más de lo que podemos darnos cuenta. Las batallas se pierden cuando luchamos con las premisas que nos marcan nuestros exclusivos y particulares intereses personales.

La clave de la victoria del Pueblo de Israel en su guerra contra los amalecitas fue la puesta en práctica de los intereses comunes y comunitarios. La estrategia de Moisés, a modo de estratega militar, fue poner al frente del ejército a un valiente y fiel compañero de milicia como era Josué. Lo más probable es que hubiera muchos valientes que fueran capaces de enfrentarse a los enemigos de Israel, pero Moisés eligió a Josué como líder y su sucesor por el ejemplo de servicio que siempre demostró. 

La elección de Josué no solo fue por su valentía sino de forma especial a su fidelidad en el servicio comunitario. La valentía honra a los seres humanos, pero la fidelidad los hace invencibles en todas las batallas en las que combata. Las victorias son el fruto del esfuerzo en común de toda una congregación que tiene siempre presente los intereses comunes y comunitarios que les une, identifica y motiva. El individualismo es una mala experiencia que genera malos resultados y que divide innumerables grupos, sociedades, pueblos y comunidades.

"Los intereses personales, cuando están por encima de los intereses comunes y comunitarios, son una brecha en el muro defensivo de la Comunidad"

La imagen que nos presenta la Escritura es la de Moisés, Aarón y Hur en lo alto de un collado clamando al Cielo por la victoria mientras Josué y el resto del ejército se enfrentaban a Amalec. El relato nos dice que cuando Moisés alzaba los brazos prevalecía Israel, pero cuando los bajaba prevalecía el enemigo ¿Podría mantener siempre Moisés los brazos en alto? Evidentemente no. Nadie es capaz de mantener los brazos levantados, aunque sea clamando por una victoria de forma continua. 

Los inteligentes “generales” Aarón y Hur, se dieron cuenta de que tenían que sostener los brazos de Moisés si querían realmente ganar la batalla y la guerra que Josué estaba enfrentando ¿Nos damos cuenta de la importancia que tiene el trabajo coordinado en equipo? La guerra la estaban librando Moisés, Aarón, Hur, Josué y el resto del pueblo como un solo hombre. Una lección que debemos aprender o perderemos el tiempo dando vueltas por el desierto de la vida improductiva. 

Todos los líderes por muy fuertes que sean se acaban cansando, en lo natural y espiritual, de la responsabilidad que se les ha asignado. El esfuerzo es de todos, aunque las responsabilidades sean diferentes y personales. El “destino” de un pueblo o comunidad está en el sostenimiento mutuo de los unos a los otros. Los que sostienen los brazos, de los que tienen levantados, hacen un mismo esfuerzo junto con los que están peleando en el campo de batalla. 

Una comunidad, congregación o familia precisa del esfuerzo de todos independientemente del nivel de responsabilidad que se tenga de forma personal. Los distintivos de la fidelidad y la valentía son aquellos que Pablo buscaba y que le enseñó a Timoteo a buscar en el liderazgo cuando le dijo “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” 2ª Tim. 2.2

La responsabilidad más difícil de un líder es encontrar, seleccionar y preparar a personas que a su vez lideren a otros en la transmisión de la fe con palabras y con hechos. La fe que decimos sustentar, como familias y comunidad, precisa del esfuerzo de todos. Los verdaderos líderes son los que sirven con fidelidad e idoneidad a los demás en todos los niveles de responsabilidad. Unos líderes cuidadosos de su trabajo en la Obra de Dios que están conscientes de la importancia de su labor. Unos líderes que se esfuerzan en servir a Dios y a los demás.

¿Has visto un hombre cuidadoso en su trabajo? Delante de los reyes estará, no delante de gente de baja condición. Prov.22.29

La necesidad más imperiosa a nivel familiar y comunitario es la de líderes que sean cuidadosos con su trabajo en el servicio a Dios, a la familia y a la comunidad. Unos líderes de familia que sirven con dedicación, paciencia y constancia a lo largo del tiempo.

El trabajo en equipo de las familias que forman una cierta comunidad es la manera que el Cielo ha establecido para la extensión del Reino de Dios en la tierra. Unos equipos que saben trabajar juntos a nivel familiar y a nivel comunitario. Los líderes familiares tienen la honrosa misión de salvaguardar la visión de futuro que toda comunidad debe tener y mantener. Cada paso que damos, por muy pequeño que pudiera parecer, a nivel familiar y comunitario fortalece la estructura espiritual que nos une. Sin el preciado trabajo en equipo tarde o temprano sufriremos las consecuencias desastrosas a nivel personal, familiar y comunitario de nuestra negligencia en servir a Dios. 

"El destino de un pueblo o comunidad está en el sostenimiento mutuo de los unos a los otros"

La imprescindible formación de líderes familiares, como reza esta serie, es un reto para todos nosotros los que estamos comprometidos a servir a Dios y a los demás. Un reto que pasa por encontrar esos líderes familiares fieles e idóneos que se distingan por su fidelidad y valentía para enseñar a otros lo que hemos recibido de aquellos que nos dirigen y enseñan. La idoneidad es enseñar con el ejemplo a otros y a la vez aprender sin dejar de sostener los brazos de los responsables de la Comunidad, para que no se cansen. 

Los líderes familiares que necesitamos son diligentes en saber el estado de su familia y comunidad, para ofrecer un cuidadoso servicio. Todo lo demás nos será añadido sin la menor duda si somos fieles, idóneos, valientes, cuidadosos y diligentes en el ya nombrado servicio a Dios y a los demás. En pocas palabras aquellos que están dispuestos a sostener los brazos de sus líderes en medio de toda batalla o guerra. Unos líderes que estén dispuestos a guiar a cuantos se han extraviado de la verdad, pero eso es parte de otra historia.

“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas y mira con cuidado por tus rebaños” Prov.27.23

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