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¿Quiénes son los extraviados de la verdad? (Capítulo tercero)

Todo proceso de reconversión espiritual exige un trasvase de ideas sin las cuales, la mencionada reconversión, se queda en un movimiento teórico sin frutos. Los movimientos centrífugos hacia adentro, entendido como los intereses personales, acaban generando parálisis emocional y espiritual. La vida participativa en una comunidad de fe exige una más amplia visión que aquella que está limitada a nuestros particulares intereses personales ¿Podemos extraviarnos de la verdad? Lamentablemente suele ser más común de lo que parece. 


El llamamiento que hemos recibido del Cielo es cambiar el mundo empezando por nosotros mismos. Una responsabilidad que precisa de un sincero interés para que otros conozcan el Plan de Dios para sus vidas ¿Cómo llegamos a conocer la voluntad de Dios? La prioridad es entender que el Plan de Dios está diseñado para todos los seres humanos sin excepciones. En el proceso de llegar a conocer a Dios siempre ha intervenido otra persona que nos diera a conocer la mencionada Voluntad de Dios. Alguien con intereses comunes y comunitarios mantuvo el interés espiritual de ayudarnos a dirigir nuestros pensamientos a Dios.

El ser humano lleva alejándose de la Voluntad de Dios desde antes de salir del Jardín del Edén. La desobediencia voluntaria forma parte del ADN de los seres humanos que siempre podemos optar por el camino que queremos transitar a lo largo de la vida. En un alarde de creatividad divina el Cielo nos ha dotado de la capacidad de decisión, libre albedrío, para decidir independientemente de nuestras inclinaciones. La responsabilidad de lo que hacemos o no hacemos es exclusivamente personal e intransferible. No podemos culpar a otros de nuestras decisiones personales.

"Los planteamientos terrenales, egocéntricos y narcisistas son excluyentes. Las pretensiones de vivir bien sin importar cómo viven los demás son la antítesis de las enseñanzas de vida que nos muestra la Escritura" 

No podremos vivir bien mientras otros vivan mal. No podemos vivir bien mientras otros mueran de inanición natural y espiritual. El diccionario define inanición como la “extrema debilidad física provocada por la falta de alimento” ¿Acaso no existe igualmente otro tipo de inanición de carácter espiritual? Los que perecen por falta de alimento espiritual son muchos más de los que nos podríamos imaginar. La enseñanza, en modo de advertencia bíblica, es muy específica al respecto.

“Entrad por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” Mat.7.13–14

La inanición espiritual es una especie de puerta ancha, por donde todo cabe, que da paso a la perdición más terrible que el ser humano pueda conocer. La falta de alimento espiritual, también por el natural, está matando a millones de personas cada día. Todo parece indicar que nos hemos acostumbrado a la muerte en todo su amplio abanico de posibilidades. 

Las hambrunas no son cosa del pasado sino también del presente y lamentablemente del futuro. Una tragedia, la hambruna internacional, debida al egoísmo de aquellos que tienen en sus manos la capacidad de distribuir el alimento que este mundo genera.

"El lamentable espectáculo que damos ante el mundo cuando no damos lo que debemos a Dios, a la familia de fe y al prójimo será aquello por lo cual se nos pedirá cuentas"
 
Un día aquellos que se extraviaron de la verdad tendrán que dar cuenta ante el Tribunal de Dios por los millones de seres humanos que murieron de hambre estando ellos saciados ¿Estaremos nosotros contribuyendo en alguna forma a la inanición espiritual de nuestro prójimo? En la medida que no compartimos y repartimos el alimento espiritual, con el cual Dios nos alimenta, somos igualmente responsables de la hambruna espiritual que el mundo padece.

 Las preguntas siguen siendo muchas precisando sinceras respuestas ¿Acaso no se nos juzgará a nosotros que saciados de buen alimento espiritual no lo compartimos y repartimos con los demás? Los extraviados de la verdad no son la gente que no cree sino aquellos que llamándose creyentes no comparten y reparten el buen alimento espiritual, con el cual nos saciamos.

Los extraviados de la verdad son aquellos que se creen mejor que los demás. Los extraviados de la verdad no comparten y reparten las muchas bendiciones que el Cielo nos ha otorgado, por pura misericordia ¿Acaso somos más merecedores que otros de la misericordia de Dios? Los extraviados de la verdad miran por encima del hombro a otros creyéndose merecedores de todo lo bueno que tienen. Una tragedia que está llenando de extraviados el camino espacioso que conduce a la anteriormente mencionada perdición.

Los pensamientos egocentristas, los intereses personales y el estar saciados espiritualmente hacen que no nos interesemos por el hambre espiritual de los demás ¿Somos responsables de alimentar espiritualmente a los demás? Naturalmente que somos responsables de alimentar a los demás empezando por nuestro propio círculo de relación.

“porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” Luc.12.48

Todos nosotros tendremos que rendir cuentas por lo mucho, o por lo poco, que se nos haya puesto bajo nuestra responsabilidad. Cuanto más se nos haya dado más se nos demandará. Cuanto más recibimos más estamos obligados a compartir y repartir como buenos administradores. 

Los generosos son los que comparten y reparten lo que tienen sea poco o sea mucho. La generosidad no es una cuestión que se evalúa por la cantidad que damos, sea de la especie que sea, sino de la actitud que tenemos para dar o para retener. Así lo enseña la Escritura cuando nos dice: "El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado" Sant.4.17


El trasvase de ideas, que mencionamos al principio, es hacer lo bueno que debemos a cuantos nos rodean y de forma especial a nuestra familia de fe. La experiencia espiritual que asumimos tiene que ser la forma natural de compartir y repartir cuanto hemos recibido en el plano espiritual, natural y material. La responsabilidad que tenemos es hacer el bien a todos pero especialmente, de forma prioritaria, tenemos que hacer el bien a la familia de fe con la cual compartimos los intereses comunes y comunitarios.

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” Gál.6.10

Una pregunta lógica sería ¿Podemos ayudar a todo el mundo? Por supuesto que sí empezando siempre por la familia de fe y así ser ejemplo para nuestras respectivas familias naturales. Las escusas que pudiéramos tener para no compartir y repartir con todos, el alimento espiritual, nunca serían válidas ante Dios  ¿Acaso estamos exentos de compartir lo que Dios nos da? ¿Acaso nuestro trabajo nos impide hablar a los demás de Dios y de sus bendiciones? ¿Acaso nos da Dios hijos para que nos olvidemos de los hijos de los demás? ¿Acaso nos sacia Dios de alimento espiritual, y natural, para que no lo compartamos con otros? Nunca tendremos argumentos válidos, ante Dios y los hombres, para no hacer lo bueno que debemos hacer. 

Una de las responsabilidades más importantes que hemos contraído con Dios es hacer volver a los que se han extraviado de la verdad al Camino que el Cielo nos ha señalado.

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguno lo hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” Sant.5.19-20

La libertad que hemos recibido de Dios no la podemos encarcelar para no compartirla con los que tenemos cerca o lejos de nosotros. El lamentable espectáculo que damos ante el mundo cuando no damos lo que debemos a Dios, a la familia de fe y al prójimo será aquello por lo cual se nos pedirá cuentas.

El llamamiento que hacemos hoy es a volver a la verdad para servir a Dios y a los Intereses del Reino llevando también a otros la enseñanza que hemos recibido del Cielo. Una enseñanza que cambia el mundo y que nos cambia a nosotros. Los extraviados de los que habla la Escritura son aquellos que dejaron de alimentarse y de alimentar a otros que pasaban hambre espiritual. Los extraviados son aquellos que habiendo sido liberados volvieron a estar encarcelados, entre otras cosas, por no querer liberar a otros. Los extraviados son aquellos que se pusieron enfermos después de haber sido sanados y que no quisieron sanar a otros que estaban enfermos. 

En otras palabras, los extraviados de la verdad son aquellos que un día dejaron de servir a Dios, a su familia de fe y al prójimo ¿Seremos parte de aquellos que están extraviados? Quiera el Cielo darnos la fortaleza y la valentía necesaria para vencer todo tentación de rendirnos ante las adversidades que la vida conlleva.

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