Ir al contenido principal

La fe que mueve las dudas (tercer capítulo)

En el anterior capítulo de esta serie, los constructores visionarios de futuro, hablamos de la sabiduría que viene de lo Alto. El ángulo espiritual está diseñado por Dios para que el ser humano pueda construir su vida, la de su familia, su comunidad y la del prójimo en general. No podemos construir conforme a los planos y los planes de Dios sin aplicar la dirección de la ya mencionada Piedra Angular de la Vida ¿Qué más precisamos entender para construir correctamente? Lo que necesitamos es fe, pero un tipo de fe que mueve las dudas.

En primera instancia debemos entender que la fe es un elemento común tanto en el campo espiritual y en la vida material ¿Acaso no empleamos fe cuándo esperamos que después de trabajar todo un mes se nos pague una cierta cantidad? ¿Acaso no empleamos fe cuándo compramos un billete de avión esperando que nos lleve a nuestro destino? ¿Acaso no empleamos fe cuándo decidimos casarnos y emprender una vida en común con otra persona? En pocas palabras la fe es más común de lo que parece. Todo en la vida requiere un cierto tipo de fe.

“Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos” Stg.1.5-8

En el capítulo anterior ya dijimos que Dios da la sabiduría que viene de lo Alto a aquellos que la piden, pero tiene unas ciertas condiciones. La fe que se nos demanda es aquella que está exenta de todo atisbo de duda. La duda y la fe son incompatibles bajo todo punto de vista.

La Piedra Angular de la Vida tiene tres lados uniformes que conforman la perfección espiritual de nuestras acciones. El oír a Dios solo es posible cuando le amamos con la medida que se nos pide. Una medida que apela a nuestro corazón, a nuestra alma y a nuestra fuerza de decisión.

La sabiduría que viene de los Alto está disponible para aquellos que amando a Dios con todo su corazón, alma y fuerza están dispuestos a amar también a su prójimo ¿Podríamos decir que amamos a Dios, a quién no vemos, y dejar de amar a nuestro prójimo al cual si vemos? En términos bíblicos la pregunta se nos formula bajo esta misma perspectiva.

“Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este Mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano” 1Jn.4.20-21

Los que decimos que amamos a Dios debemos estar dispuestos a construir bajo los parámetros de la Piedra Angular que Dios ha diseñado para que podamos completar la obra que se nos ha encargado. Una obra que precisa de la herramienta que perfecciona nuestra vida, que nos guía por el buen camino y que ayuda a nuestro prójimo a alcanzar también un futuro de bendición. Con el lado del amar a Dios bien ajustado, con todo lo que implica, podemos pedir la sabiduría que viene de lo Alto para trazar líneas rectas espirituales y a la vez líneas de humana misericordia hacía los demás.  

"La motivación positiva está bien, pero no construye la vida de los demás tan solo saca de los demás lo que queremos"

El proceso de construcción del ser humano es muy exigente y preciso. No sirve cualquier herramienta, regla o escuadra. La necesidad de edificar correctamente llevando abundante fruto precisa tomar medidas minuciosas. En carpintería se dice mejor medir dos veces y cortar una vez para que el trabajo salga bien. No se trata de hacer más rápido el trabajo sino hacerlo bien ¿Qué pasaría si acabáramos la construcción de nuestra vida de forma rápida sin preocuparnos por las medidas espirituales que se nos pide que apliquemos? La rapidez nunca ha sido la base de nada que sea bueno y que perdure con el paso del tiempo.

La fe como otro lado de la Piedra Angular de la Vida precisa que se tengan y mantengan unas medidas perfectas. No sirve el tipo de fe que nos dice que hoy vamos a vender mucho. La motivación positiva está bien, pero no construye la vida de los demás tan solo saca de los demás lo que queremos. No sirve ese tipo de fe que nos anima a alcanzar lo que queremos, deseamos y codiciamos ¿Qué tipo de fe precisamos para perfeccionar nuestra vida? La fe que viene de lo Alto que nos impele a servir a Dios y al prójimo. Todo lo demás se queda en simple motivación comercial que no piensa en los demás sino en lo que tienen los demás.

La fe que viene de lo Alto está inseparablemente unida al amor a Dios, al prójimo y a la petición de sabiduría que implica también muchas cosas a saber y conocer. En pocas palabras la herramienta que hemos definido como la Piedra Angular de la Vida no se puede disgregar, separar o dividir. La Piedra Angular de la Vida es muy compleja y a la vez de una sencillez milagrosa. Todo lo que nos propongamos hacer en la vida es posible trabajando con la herramienta que el Cielo nos ha dejado para construir, pero con fe también de lo Alto. La siguiente descripción de fe que encontramos en la Escritura precisa ser meditada profundamente si es que queremos entender en toda su amplitud la Piedra Angular de la Vida.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” Heb.11.1–3

En el siguiente capítulo seguiremos ahondando en el entendimiento de aquello que implica el tipo de fe capaz de mover montañas ¿Es posible tener ese tipo de fe? Quedamos en el próximo capítulo para una interesante charla al respecto.

Comentarios