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La sobreabundante bendición de la prosperidad (capítulo séptimo)

En el tiempo cuando el oro o la plata se intercambiaban por bienes y servicios el valor lo determinaba su peso y pureza. En las monedas actuales su valor le viene asignado de fábrica. El dinero vale lo que lo que tiene impreso o grabado, sea moneda o papel moneda, sin relación con su peso o valor real. A pesar de las diferencias entre sólidos lingotes de oro y el actual papel moneda podemos igualmente adquirir bienes y servicios. La grandísima diferencia es que el papel moneda puede ser devaluado en un abrir y cerrar de ojos dependiendo de los avatares económicos a nivel mundial ¿Qué principios debemos tener en cuenta para alcanzar la sobreabundante bendición de la prosperidad?

Un principio básico es tener conciencia de que el dinero no puede ofrecer seguridad alguna ya sea en papel moneda, oro o plata. Un principio que genera muchas dudas entre aquellos cuyo dios, con minúsculas, es el dinero en el cual confían por encima de todo. Los que entienden este principio, el dinero no puede ofrecer seguridad, viven confiados en el Dueño de toda la plata y de todo el oro de este mundo. En el Reino de Dios no existe lo que en economía llaman el “corralito” una expresión en un momento de crisis en Argentina.

Todo el sistema financiero argentino se desmoronó y las cuentas de los bancos fueron controladas por el gobierno. El corralito significó “la restricción de la libre disposición de dinero en efectivo, del dinero a plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros” que afectó a todos los ciudadanos. En este caso los que confiaban en el sistema bancario sufrieron pérdidas importantísimas de dinero y de confianza en el ya mencionado sistema financiero. El dinero quedó retenido por orden de las autoridades económicas limitándose su uso y tenencia en todo el país.

En el Reino de Dios, también establecido en la tierra, todo el oro y la plata están bajo la disposición del gobernador del “banco” de los Cielos. Todo el oro y toda la plata pertenecen al Creador. Con la intervención de Dios en la economía y la confianza o fe que tienen sus hijos la garantía de los depósitos está a buen recaudo. Todo el oro y plata del mundo, entre otros metales preciosos, pertenecen a Dios. El principio es establecer la confianza en Dios y no en los gobernadores de este mundo cambiante, contaminado e injusto.

“Mía es la plata y mío es el oro, dice el Dios de los Ejércitos” Hageo 2.8

La sensación de confianza y seguridad que el dinero puede ofrecer es absolutamente falsa. El dinero en efectivo que pudiéramos tener en el banco, las imposiciones a plazo fijo, las cuentas corrientes, los seguros o acciones en la bolsa son totalmente inestables y volátiles pudiéndose perder de un día para otro. 

La seguridad que ofrece el dinero digital o de plástico, en forma de tarjetas de crédito, es igualmente falsa y peligrosamente adictiva. No estamos más seguros por tener más dinero, ni menos seguros por tener menos dinero ¿La seguridad la da el dinero o Aquel que es dueño y administrador de todos los bienes? Los verdaderos creyentes están seguros en el Único Dios Verdadero y no en el sistema de este mundo egoísta e idólatra gestionado por el espíritu del falso “dios” Mamón.

"El diezmo es poesía llevada al campo de la generosidad donde se siembra, crece, desarrolla, recoge, almacena, comparte y se reparte"

El único nivel de preocupación justificado para los sinceros creyentes nos tendría que sobrevenir si tuviéramos que mendigar pan. El nivel más bajo de verdadera pobreza se alcanza con la mendicidad del pan de cada día ¿Alguno de nosotros hemos llegado a ese nivel de pobreza desde que estamos bajo los Principios de Prosperidad que el Cielo establece? ¿Alguno de nosotros está mendigando pan, sin techo y sin abrigo? ¿Cómo hemos llegado a este nivel de confortabilidad emocional, espiritual y económica? ¿Qué hemos hecho para llegar a estar en la situación privilegiada que hoy tenemos? Analicemos, aunque sea someramente, algunos Principios de Prosperidad establecidos por el Cielo en la vida de todos aquellos que nos definimos como creyentes. El concepto creyente ciertamente es una expresión muy ambigua, pero la utilizaremos para situarnos en el contexto en el cual estamos.

Todos deberíamos saber que una buena acción continuada en el tiempo sea la que sea crea devoción, bendición y prosperidad. En el caso de aquellos que entienden lo que significan los diezmos, las primicias y ofrendas, por medio de su continuada práctica, saben que además de devoción producen sobreabundante bendición. El hecho de que este párrafo tenga una poética rima no es casualidad. El diezmo es poesía llevada al campo de la generosidad donde se siembra, crece, desarrolla, recoge, almacena, comparte y se reparte. Una práctica administrativa espiritual que produce buenos, abundantes y permanentes frutos.

La expresión “diezmo” aparece en los resultados de búsqueda en la Biblia 46 veces en 41 versículos. Toda una definición en si misma del valor o importancia que el Cielo le da a la práctica de los diezmos. El valor espiritual es de tal calibre que Dios mismo nos dice que le pongamos a prueba por medio de la práctica del diezmo. Un reto que Dios nos pone para que comprobemos si Él nos bendecirá abundantemente cuando practicamos el sano ejercicio de la generosidad por medio de la alegría del diezmo.

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice el Señor de los Ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” Malaquías 3.10

El Único Dios Verdadero, dueño de todo el oro y la plata, nos dice que le pongamos a prueba ¿Algunos se atrevería a tanto? Las ventanas de los Cielos serían abiertas y derramarían sobre nosotros abundante bendición si somos fieles a la práctica espiritual del diezmo, las primicias y las ofrendas voluntarias ¿Cuál es la condición que se nos pide para que experimentemos esa nombrada sobreabundante bendición de la prosperidad? La condición es sencilla de entender, pero difícil de aceptar y practicar de forma continuada. La condición es traer todos los diezmos al alfolí de tu comunidad.

La expresión “todos” hace referencia a “todos” los diezmos y no solo a una parte de lo que recibimos. En este punto es necesario comprender que “todo” lo que recibimos nos viene por la misericordiosa mano de Dios. El trabajo que hacemos es posible realizarlo por la intervención del Cielo en nuestras respectivas vidas. Todas las ganancias, sean del tipo que sean, comisiones, ventas, ayudas o cualquier otra entrada económica que recibamos es necesariamente susceptible de ser diezmada. Los buenos efectos de la fidelidad en la práctica del diezmo siempre producirán la reiteradamente nombrada sobreabundante bendición de la prosperidad.

“El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre” (2 Cor. 9.6–9)

El que siembra escasamente con miedo, parte de aquello que podría sembrar, segará escasamente cuando podría recoger una sobreabundante bendición de prosperidad continuada a lo largo del tiempo. Los que se conforman con menos siempre tendrán menos que aquellos que aplican los principios de prosperidad establecidos por el Cielo ¿Quieres administrar mucho para mantener los intereses comunes y comunitarios de tu familia de fe? Para administrar mucho hay que sembrar mucho. No existe otra manera más sencilla de entender lo que significa la sobreabundante bendición de la prosperidad.

Qué el Cielo nos ayude a entender lo que significa el diezmo y las muchas bendiciones que su práctica dará a nuestra familia y comunidad. Una práctica que traerá más milagros de los que pudiéramos imaginar. La generosidad, en el sentido más amplio de la palabra, no es un don o una virtud es una responsabilidad espiritual, ética y moral para con nuestro Dios Proveedor y para con nuestros semejantes. 

Practicar el Diezmo, en forma de alegre generosidad, es una buena acción que continuada en el tiempo nos traerá sobreabundante bendición de prosperidad prometida por el Cielo. Hoy puedes poner a prueba a Dios, si te atreves, y experimentar lo que significa la sobreabundante bendición de la prosperidad ¡Dios no miente!

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