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¿Qué consecuencia tiene no pedir perdón? (capítulo uno) El dramático caso de Acán

El tema de hoy es de vital importancia para todos los seres humanos y especialmente para los que padecen una constante carga emocional y espiritual que no les deja vivir tranquilos ¿Por qué no podemos vivir tranquilamente todos los días? ¿Por qué nos sentimos mal la mayor parte del tiempo? ¿Qué hace que tengamos tantas pesadillas? Las respuestas son muy variadas si bien podríamos decir que influyen factores puramente psicológicos o los de carácter físico como puede ser dormir poco, entre otros.
En la mayoría de los casos cuando las personas experimentan una sensación, casi continua, de insatisfacción, preocupación, ansiedad, desánimo e incluyendo las inexplicables pesadillas recurrentes sólo se consideran factores puramente físicos, naturales y emocionales. Por lo general nadie se pone a pensar en la influencia que tiene el factor espiritual en nuestra satisfacción o la falta de esa maravillosa sensación de bienestar que todos los seres humanos deberíamos experimentar. 

 En todo análisis que hacemos, desde esta comunidad de labradores de fe, la base es la enseñanza de la Escritura. La guía infalible que nos lleva a toda verdad y que discierne hasta lo más profundo de nuestro ser todas nuestras intenciones, emociones y nos muestra cómo corregir la insatisfacción emocional y espiritual. 

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” 2ªTim.3.16-17

Uno de los elementos que causa mayor desequilibrio en la vida de todas las personas, cuando decimos todas es en todas, es el factor espiritual de la falta de no pedir perdón ¿Tiene consecuencias el negarse a pedir perdón? Las consecuencias son evidentes y claramente especificadas a lo largo de toda la Escritura. Lo primero es decir que toda negativa a no querer pedir perdón es consecuencia directa de no reconocer que algo que hemos dicho o hecho es malo y por tanto una clara desobediencia a la voluntad de Dios. 

 En el tiempo de Josué, como líder del Pueblo de Israel, se encontraron con un gravísimo problema como consecuencia de desobediencia de una familia que afectó a todo el conjunto de Israel. Una ineludible consideración es darnos cuenta que nuestras acciones particulares, positivas o negativas, afectan a todo un conjunto o comunidad. 

En este caso analizamos la desobediencia, la falta de pedir perdón en su momento y las consecuencias que todo esto supuso para Acán y su familia. El contexto nos dice que antes de entrar a conquistar Jericó el mismo Dios le dijo al Pueblo de Israel, representados por Josué y los sacerdotes, como tenían que tratar la conquista de la ciudad. Entre otras directrices les dijo que no tomaran nada de las muchas cosas que había en Jericó ya que debían considerarlas malditas, anatema, en toda su extensión y con todo lo que había en su interior. 

 “Pero vosotros guardaos del anatema; no toquéis ni toméis cosa alguna del anatema, no sea que hagáis caer la maldición sobre el campamento de Israel y le traigáis la desgracia. Pero toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados al Señor y entren en el tesoro de Dios” Jos.6.18–19

 La advertencia era absolutamente clara y sin que fuera posible confundirse en su interpretación para no ser entendida por todos. Una descripción por parte de Dios, de cómo debían actuar, que además especificaba lo que se debía hacer con ciertos materiales que había en la mencionada ciudad. La plata, oro, bronce y hierro se consagrarían al servicio del tesoro de Dios. Todo lo demás debía ser considerado maldito o anatema que es la misma palabra ¿Había alguna posibilidad de que no fueran entendidas las órdenes que Dios les hizo saber a Israel? Ninguna posibilidad había de que no fuera entendido el mandato del Señor. 

La historia continua con la derrota de Israel al intentar conquistar la ciudad de Hai después de conquistar Jericó ¿Cómo era posible que después de la victoria sobre Jericó, con sus grandiosas fortalezas, fuera derrotado Israel por un pequeño pueblo como era los de Hai? Algo impensable para Josué que inmediatamente consultó a Dios por tan sonado fracaso frente a los enemigos de Israel. La respuesta de Dios a Josué fue igualmente muy clara. 

“Levántate, santifica al pueblo y di: Santificaos para mañana, porque el Señor, el Dios de Israel, dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros” Jos.7.13 

La maldición sobre todo Israel vino por la desobediencia de uno solo, en este caso Acán, que afectó a todo el pueblo y a toda su familia. Un pecado de desobediencia que no quiso ser confesado en su momento por Acán y que se vio forzado a confesar solo cuando fue descubierto ¿Pensaría Acán que nadie se enteraría de lo que injusta y de forma desobediente había hecho? No sólo desobedeció en el sentido más evidente, al tomar el manto de piel del anatema que estaba maldito, sino que además intentó robar a Dios quedándose con monedas de plata y un lingote de oro que debía ser consagrado para el servicio de Dios. 

"Acán respondió a Josué: Verdaderamente yo he pecado contra el Señor, el Dios de Israel; he hecho así y así. Pues yo vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso, lo cual codicié y tomé. Ahora está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero está debajo" Jos.7.20–21 

Como ya hemos dicho Acán sólo confesó su pecado, pidiendo perdón, cuándo fue descubierto. La realidad es que de no haber sido descubierto el pecado no hubiera pedido perdón ¿Qué consecuencia hubo por no confesar su pecado a tiempo? En este caso la consecuencia fue la muerte de muchos que fueron a la batalla contra Hai, la muerte de su familia y evidentemente su propia muerte prematura. 

La falta de pedir perdón es una de las mayores tragedias por la que muchos están pasando y que tendría mejor solución que tomar calmantes, visitar a un especialista emocional o tratar de olvidar. En el peor de los casos, lejos de pedir perdón, solemos culpar a los demás justificándonos y tratando de aplacar la cauterizada conciencia. 

Los que pretenden olvidar sin querer pedir perdón solo acumulan más carga emocional, una mayor debilidad espiritual y una más que posible muerte prematura. En algunos casos la muerte puede ser la muerte espiritual que no deja de ser una tragedia con fecha definida por el Cielo. Las consecuencias negativas de no pedir perdón son muchas, pero hoy nos estamos ciñendo al caso de Acán cuya dramática consecuencia ya hemos anunciado. 

La percepción de que hemos hecho algo indebido contra una persona o un grupo de personas no se cura con el paso del tiempo ni ocultando, bajo la tienda de nuestra conciencia, el pecado codiciado. El manido refrán de que el tiempo lo cura todo no es aplicable en este caso y me temo que en ningún otro. 

En el próximo capítulo seguiremos ahondando en las consecuencias que tiene no pedir perdón aún sabiendo que hemos hecho algo realmente malo que afecta a muchos ¿Encontremos más casos tan dramáticos como este en la Escritura? Bueno eso será parte del siguiente capítulo que no debemos perdernos.

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