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La caida del imperio mega (Megaloquesea)

En todo lugar se construyen megaciudades, megaaeropuertos, megaestructuras o megamaquinarias por citar ejemplos por todos conocidos. La tendencia a lo MEGA se ha contagiado a los estadios y centros comerciales, pero lo más preocupante es que esa tendencia ha alcanzado a las antiguas comunidades de fe que hoy se las conoce como megaiglesias.

Las pequeñas comunidades de fe familiares en su mayoría se quedan vacías y los grandes grupos religiosos acaparan a cuantos huyen de la responsabilidad de servir al prójimo, en su lugar de residencia, al estilo de aquellos que seguían al Mesías en Jerusalén. Unas comunidades de fe guiadas por la Escritura que con valor enseñaban de forma práctica ayudándose mutuamente los unos a los otros ¿Qué podemos aprender de la actual situación y cómo podemos revertirla para el bien de nuestras familias? Un trabajo que precisa de valientes y comprometidos compañeros del Camino.

“Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas” Hech.2.44

En aquel tiempo las pequeñas comunidades familiares hicieron la diferencia en medio de tal vez una generalizada falta de fe. Algo similar a nuestro tiempo, pero mucho más mezclada hoy en día con la más absoluta indiferencia de cuantos nos rodean ¿Qué es más eficaz una megaiglesia o una pequeña comunidad de creyentes? ¿Qué es mejor una megaciudad o un pequeño pueblo o kibutz? ¿Qué efectos tienen las megaestructuras religiosas en el campo de las relaciones familiares y personales? Un tema actual que nos tiene que llevar a una profunda reflexión y a una determinada forma de actuar para ser agentes de cambio, en medio de nuestras respectivas sociedades.

Hoy vamos a tratar las causas y las consecuencias que han llevado a la humanidad a hacer que todo a su alrededor sea mega o más grande de lo que sería considerado como normal en su tamaño y extensión. Las comparaciones entre una megacomunidad y una pequeña comunidad de fe nos aportarán elementos de juicio para saber las diferencias entre ambas y las irreconciliables formas de entender y practicar la fe en Dios. 

El diccionario de la Academia Española de la Lengua define comunidad como un “conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes”. En el contexto en el que nos movemos cuando hablamos de Comunidad de Fe estamos expresando una vinculación espiritual por la cual compartimos los ya nombrados intereses comunes e intereses comunitarios. Unos intereses personales que nos identifica, distingue y unen por medio de los mencionados intereses comunitarios.

La unidad que precisamos no es un concepto matemático sino un concepto espiritual y emocional que nos mueve a amar a Dios, cuidarnos los unos a los otros y ayudar al prójimo. La experiencia espiritual de la unidad no se alcanza por el hecho de ser muchos o pocos pensando y creyendo las mismas cosas. No se trata de que seamos muchos creyendo lo mismo, sino que seamos uno, aunque seamos pocos. 

La razón que nos mueve a ser uno tampoco puede estar basada en conceptos doctrinales o filosóficos. La razón que nos une, en una comunidad de fe, está basada en intereses personales o comunes con todos los seres humanos, pero expresados en forma de intereses comunitarios de mutua ayuda. Lo que nos une es el nosotros y no el ego del yo o el mío. Somos lo que somos porque estamos con quién estamos. No soy yo, no eres tú, somos nosotros, aunque eso no significa que carezcamos de personalidad y capacidad de juicio.

Una forma de entender la fe en comunidades pequeñas que viene desde los principios de la humanidad cuando los seres humanos salieron del Huerto del Edén. Con la salida del Edén y su protegida forma de vida supliendo todas las necesidades humanas, por medio de la bendición de Dios, el hombre vivió en comunidades de fe familiares. Unas comunidades que algunos definen como tribus que suplían todo lo necesario del grupo. Los intereses comunes y comunitarios eran el vínculo que permitía su desarrollo en todos los niveles que consideremos.

Los pequeños grupos familiares empezaron su andadura, aunque en su mayoría pronto fueron absorbidos por ciudades como la que edificó Caín, el primer homicida, y su descendencia. Unas ciudades que se han convertido hasta el día de hoy en mega contaminantes, en todos los sentidos. Unas actuales megaciudades con mega problemas de todo tipo que son irresolubles sin que esto sea caer en pesimismo alguno. La realidad es que las megaciudades principalmente están transformando el medio ambiente y las relaciones personales deshumanizando a cuantos viven en medio de ellas o bajo su perniciosa zona de influencia.

“Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, a la cual dio el nombre de su hijo, Enoc” Gén.4.17

El desinterés por parte de las sociedades modernas por sus propias familias ha llegado hasta a su nivel más álgido con el abandono de los mayores en megaasilos deshumanizados. Unos asilos donde en este año particularmente han muerto miles y miles de ancianos ¿Acaso son los megaasilos una solución para cuando llegamos a ancianos? Los megaasilos, incluso los que consideraríamos pequeños, son la sepultura en vida de muchos que abandonan a sus mayores a su suerte. No todos los ancianos son abandonados en asilos, pero estamos conscientes que si fueran de otra manera podrían servir de mucho al bienestar de los ancianos especialmente a todos aquellos que están solos y sin familia.

Los seres humanos tenemos intereses personales que son comunes a todos. Unos intereses que van desde tener una familia, una profesión o formarse en una determinada área por citar algunos ejemplos. Los intereses personales no pueden desentenderse de los intereses comunitarios cuando formamos parte de un cierto grupo o comunidad nos interesamos los unos por los otros y de forma muy particular por los miembros de nuestra propia familia.

En una comunidad de fe formadas por varias familias, de igual manera, las decisiones de una cierta familia se deben tomar en relación, a los intereses de todas las familias que componen la mencionada comunidad de fe. Así lo estableció el Cielo para la protección y el cuidado de los unos con los otros.

Las megacomunidades, por seguir una línea de argumentación, no pueden por razones evidentes vincular sus decisiones a todas las personas y familias que forman esa megacomunidad. No hay forma de saber lo que necesitan a nivel personal y familiar un grupo formado por miles de personas que se reúnen una vez a la semana en un gigantesco estadio convertido en megaiglesia. La informática, utilizada en muchos grupos religiosos, no puede suplir el cuidado que cada familia y persona precisa.

Los intereses comunes de cada asistente, en este tipo de megaiglesias, siempre serán una fuerza contrapuesta entre lo que interesa a cada uno y los intereses de todo el conjunto que todo el grupo sustenta. Las llamadas megaiglesias, formadas por miles de meros asistentes, están aglutinando a personas que buscan encontrar algo fuera de los compromisos que se deben tener con la familia y con una comunidad de fe familiar. Unas megaiglesias dirigidas por un selecto grupo que controla que los objetivos marcados sigan dentro de lo establecido por la doctrina filosófica que los conforma e identifica.

“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas y mira con cuidado por tus rebaños” Prov.27:23

El llamado a cuidar a los demás tiene las limitaciones propias de todo ser humano, así como un limitado número de relaciones que podemos conocer, tener y mantener. En la práctica ningún ser humano puede ayudar con la necesaria eficacia a miles de personas que formen o no formen parte de una comunidad y muy especialmente cuando se trata de una megacomunidad.

El cuidado de los demás es efectivo cuando prioritariamente empieza por nuestra propia casa, familia y comunidad. Los que no saben cuidar su propia casa no pueden pretender cuidar una comunidad de fe, ni pequeña ni grande, en donde lo más básico es mantener los intereses comunes y comunitarios. Unos intereses que se desarrollan en medio de la Comunidad de Fe entendida como una familia unida donde se ayudan mutuamente los unos a los otros.

Un dictador puede imponer sus ideas a millones de personas, pero jamás podrá por muy dictatorial que sea conocer el estado de los subyugados bajo la supuesta autoridad de la que carece. Las megadictaduras someten a millones de personas bajo la voluntad de un solo individuo carente del menor sentido de comunidad. 

Los intereses de un dictador tienen que ser forzosamente, a la fuerza, los intereses que todos deben tener y que se les exigen mantener. Con todo tampoco una megademocracia puede conocer el estado de todas las personas que viven en una determinada nación. La diferencia entre una dictadura y una democracia real es que las leyes emanan de un cierto consenso democrático para el supuesto bien común, aunque tampoco siempre es así.

En una comunidad de fe con limitado tamaño, sin definir el número de familias que la forman, también es difícil saber el estado de cada uno de los miembros que la componen, pero se puede conocer más efectivamente cuando se conoce el estado de cada familia.

En la familia, entiéndase en cada familia, es donde se deben tratar las necesidades y los estados emocionales de cada uno de los que la componen. Lo sabio es que cada familia trate sus dificultades internas buscando recibir el consejo y el cuidado de la comunidad en su conjunto. 

Las normas que definen a una comunidad de fe son tanto prácticas, en las formas de hacer las cosas, como lo son también las de carácter espiritual guardando las creencias que se mantienen en común. El conjunto de creencias de una Comunidad de Fe es lo que la define, unifica y distingue. Unas creencias que están acorde a la forma de hacer aquello que sea necesario para el bien común de todas las familias que son parte de la Comunidad.

Los intereses comunes y comunitarios de una cierta Comunidad de Fe, valga la redundancia, son el distintivo que las hace únicas en conjunto y en relación con otras comunidades. Todas las Comunidades de Fe igualmente están vinculadas espiritualmente entre si a nivel internacional. Cada Comunidad de Fe no se puede considerar exclusiva, sino debe entender que forma parte de un mayor conjunto que está vinculado por la fe en el Único Dios Verdadero.

Las normas de actuación a todos los niveles están reflejadas en la Escritura por lo cual su enseñanza y conocimiento deben empezar desde la más tierna edad de los niños. La instrucción familiar, por medio de la familia, es el método didáctico que el Cielo ha establecido para formar mujeres y hombres responsables con sus parejas, familias, comunidad y con el prójimo en general.

Las megaiglesias no pueden ser el patrón, a tomar en cuenta, para formar espiritualmente a personas. La vinculación de los asistentes a estas mencionadas megaiglesias son más bien de carácter interesado. En cierta forma son como grandes cadenas de comida rápida que sirven lo que gusta a una mayoría. Unas megaiglesias que no buscan servir alimentación espiritual, sino mantener una asistencia a base de golosinas, dulces caramelos de motivación y una teología de falsa prosperidad que lejos de hacer prosperar suele dejar arruinados a muchos ingenuos.

La mayoría de los asistentes, a estas anteriormente mencionadas megaiglesias, sin querer entrar a juzgar a nadie buscan el falso prestigio que les da ir a un lugar con un grandioso programa a modo de espectáculo seudoespiritual sentados en cómodas butacas y con la temperatura controlada ¿Alguna diferencia entre el espectáculo que sirven en el cine o teatro? Muchas películas o representaciones de teatro tienen una mayor profundidad de enseñanza que las megaiglesias, con la misma comodidad y controlada temperatura. Así con el mismo compromiso de la mera asistencia al espectáculo.

El orgullo de ser asistente a una megaiglesia ha sustituido en muchos casos al compromiso de servir en una comunidad de fe con tiempo, esfuerzo y supliendo con sus propios medios personales para el bien común. Una forma de megaconformismo religioso que les hace pensar que hacen algo espiritual, aunque no hagan lo más básico que es cuidar a su familia e instruir a sus propios hijos en primer lugar.

Las megaiglesias u otras comunidades no tan grandes, como instituciones humanas, no pueden sustituir a la familia que es la responsable única de la instrucción de sus hijos o nietos. Las comunidades de fe locales son el medio establecido por el Cielo desde antaño para cuidar, enseñar, guardar, cumplir y llevar a todas las naciones el mensaje del Pacto Renovado. 

Cada persona y cada familia integrada en un Comunidad Fe está fomentando un cambio a nivel personal, familiar e internacional en la forma de vivir y creer en Dios. No somos mejores que los demás, pero si debemos ser únicos en el hecho de dar ejemplo a todos los mencionados niveles, personal, familiar, comunitario e intracomunitario.

El futuro está en crear y establecer Comunidades de Fe Familiares que con un pequeño o mediano tamaño hagan posible que muchos encuentren el sentido de la vida que nos ha revelado la Escritura. 

Una revelación de un Pacto que Dios renovó por medio del Mesías. Un Pacto Renovado sin el cual sería imposible pagar el precio de nuestra desobediente traición como seres humanos al Creador, pero esto forma parte de otra historia que trataremos más adelante y que es imprescindible conocer en todos sus términos. 

En estos tiempos convulsos y en medio de una pandemia vamos a presenciar la caída del imperio de las megaiglesias entre otras mega construcciones de ingeniería social. Todas las señales así lo indican.


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