La Familia de Fe y Rosh Hashaná


La expresión “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” es un claro referente a los Intereses Comunes y Comunitarios y la base del desarrollo comunitario.

Por si fuera poco, en 1 Cor.10 y en el versículo 33 la referencia se agranda cuando Pablo, de forma muy personal, dice “… como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos…”. Cuando estamos conscientes de la responsabilidad que tenemos, delante del Señor, buscaremos el beneficio de todos, por encima de nuestros lógicos intereses personales. Muchas veces, más de las que pensamos, buscamos nuestro interés o provecho personal, por encima de los Intereses Comunes y Comunitarios de la Familia de Fe ¿Es bueno para todos lo que es mejor para mí solo?

Cuando Pablo habla de esos Intereses Comunes y Comunitarios, que nadie se confunda, los relaciona con la Familia de Fe. No podemos olvidar la enseñanza de que nos ocupemos, primeramente y prioritariamente, de la Familia de Fe. El mismo Pablo y siguiendo la misma línea de pensamiento les enseña a la Comunidad en Galacia, lo siguiente: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la Familia de la Fe (Gál. 6.9–10). ¿Significa esto que no nos preocupan los que no son parte de la Familia de Fe? ¡En absoluto! Claro que nos preocupan los que no conocen a Dios, sean de nuestra familia natural o no, pero la preocupación prioritaria es la Familia de Fe.


La Escritura nos exhorta a no cansarnos de hacer el bien a todos en general, esto incluye a todos en nuestro círculo de relación, Familia de Fe, con mayúsculas, familia natural, amigos y conocidos. Lo que puede suceder es que en esos “todos” no estamos suficientemente conscientes, que la Familia de Fe es parte vital, que merece la prioridad debida. Nuestra primera y prioritaria, valga la redundancia, responsabilidad delante del Señor es la Familia de Fe. El bien lo tenemos que hacer a todos, pero primera y prioritariamente a nuestra Familia Espiritual. 

Los que no llegan a entender esto, interiorizándolo y aceptándolo, viven en un continuo conflicto que está muy relacionado, con el patrón cultural. Un patrón que nos ha sido impuesto, en nuestra niñez y que nos sigue afectando a lo largo de nuestra vida. Los que se ocupan de la familia natural antes, atentos que dije antes, qué de la Familia de Fe no están entendiendo los Principios Básico de la Fe en el Señor.

Un tema, el de los patrones culturales y la influencia de la familia natural, con el cual llevamos años tratando y que nos ha producido muchos enfrentamientos. No entender la prioridad que la Escritura da a la Familia de Fe, sobre las diferentes familias naturales de las cuales todos provenimos, siempre representará un conflicto.
Los objetivos que tenemos como Familia de Fe, Congregación o Comunidad pueden ser ralentizados, por no ser entendidos o aceptados. La prioridad de la Familia de Fe debe ser claramente reconocida, por todos los que formamos parte de la Congregación.


Más claro no lo podemos decir. Antes que nuestras respectivas familias naturales está la Familia de Fe. Queremos insistir, para que nadie se lleve las manos a la cabeza, que no hemos dicho ocuparse exclusivamente de la Familia de Fe sino prioritariamente tal como enseña la Escritura.

En cierta ocasión al Mesías le dijeron que su madre y sus hermanos le esperaban y esta fue su respuesta “…Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios y la obedecen” Luc. 8.21 ¿Quiénes eran su madre y sus hermanos para el Mesías? La pregunta debemos hacerla nuestra y contestarla de forma personaliza ¿De quién me ocupo prioritariamente de mi Familia de Fe o de mi familia natural? La enseñanza no es que solo nos ocupemos de unos y no de otros sino primero de unos y luego de otros. El orden de prioridad si altera el producto. Un producto espiritual que afectará de forma evidente, a todos nosotros y particularmente a los desleales con su prójimo más próximo, que es la ya nombrada Familia de Fe. 

El conflicto está servido mientras no entendamos que estamos en una continua guerra entre la Familia de Fe y la familia natural. Una advertencia que ya nos fue dada por el Mesías cuando dijo: ¿Pensáis que he venido para traer paz a la tierra? Os digo: no, sino enemistad. De aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres; estará dividido el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra (Luc. 12.51–53). No se trata de un conflicto generacional sino de un conflicto espiritual, que siempre estará afectando nuestra relación con el Señor y con la Familia de Dios.


No sé si esto es suficientemente claro para todos, pero ruego al Señor que lo sea al menos para nuestra Familia de Fe. Ciertamente que estamos acostumbrados a luchar contra este espíritu de incredulidad, que llena los pensamientos de muchos. La lucha espiritual debemos enfrentarla contra los enemigos de la fe y no contra la Familia de Fe. Nuestra oración al Señor es que todos nosotros, los que formamos parte de la Familia de Dios, demos la preferencia, la prioridad y la importancia que merece a nuestra especial Familia de Fe. La Familia de Fe es la base desde donde se desarrollan los Intereses Comunes y Comunitarios.

La enseñanza es luz e ilumina a los que están a oscuras. Lo que pedimos al Cielo es que nuestras familias naturales entren con nosotros a la Vida Eterna, pero no podemos obligarlas. Nuestra responsabilidad es llevarles la enseñanza de la Escritura especialmente, en este tiempo previo al Juicio de Yom Kipur. Un Juicio que nos ataña a todos y que nos llama al arrepentimiento ¿Te has ocupado amorosa y prioritariamente de tu Familia de Fe, en este año que acaba? Si no lo has hecho arrepiéntete delante del Señor y cambia el orden de prioridad. No podemos empezar el año con este tipo de cargas espirituales.

Las promesas incumplidas en todos los ámbitos, en lo relacionado con la lealtad a la Familia de Fe, pueden ser perdonadas por el Cielo si pedimos perdón a quienes hemos ofendido, de palabra y de hecho. Dios perdona las ofensas y pecados cometidos contra ÉL, pero demanda de nosotros que pidamos perdón a quienes hemos ofendido, que son los que pueden perdonarnos. 

Las ofensas cometidas por el hombre contra el hombre las tienen que perdonar los hombres. Las ofensas cometidas por el hombre contra Dios las tiene que perdonar Dios. Las ofensas cometidas contra la Familia de Fe las tiene que perdonar la Familia de Fe.

Si pensamos en tener un año de Bendición hay que empezar por pedir perdón, a quienes debemos. El buscar en primer lugar, el bien de forma práctica, de nuestra Familia de Fe hará que este año sea diferente, bendecido y próspero, en el sentido más amplio de la palabra. La luz no se puede ocultar por tanto te animo a compartir y repartir esta enseñanza, para que nadie diga que siempre nos quedamos con lo mejor.