Festividad de Purim




Todas las Festividades Bíblicas ensalzan al Todopoderoso no son en ningún caso celebradas para el hombre sino por el hombre. Son por tanto una exaltación del Altísimo y Poder. 

El milagro que ocurrió en Purim resalta la intervención divina, en uno de los muchos momentos a lo largo de la historia, cuando a los judíos, el Pueblo de Dios, se le ha querido exterminar. El Maligno, el Cielo le reprenda, consiguió engañar al ser humano y desde entonces el Diablo trata de destruir el Proyecto de Salvación de toda la humanidad. 

El Pueblo de Dios fué creado desde una sola pareja, Abraham y Sara, de su descendencia incluyendo al Mesías y del resto de Israel hasta nuestros días. Israel es una creación de Dios, no es un esfuerzo colectivo cultural, social o religioso, que un grupo de hombres se hubiera propuesto. Lo que Dios ha hecho, con el bien llamado Pueblo Elegido, no lo ha hecho con ningún otro pueblo o nación, le pese a quién le pese. En Purim, una vez más, se pone en evidencia el amor y la protección que el Altísimo dispensa a Israel pues no en vano sigue siendo su Esposa. 

En nuestros días seguimos escuchando voces cargadas, de odio visceral contra Israel y sus amigos. Seguimos padeciendo las mismas consignas diabólicas llamando a destruir a Israel. El presidente de Irán, en ficticia representación del mundo árabe, sigue con sus amenazas de utilizar las bombas nucleares contra los “enemigos sionistas” incitando a otros hacer lo mismo, aquellos que están bajo su maligna influencia. Irán y su presidente a la cabeza, incita al resto del mundo islamista a atacar los intereses de los judíos en cualquier lugar del mundo, ofreciendo grandes sumas de dinero por cada judío que maten en atentado. 

Los “mártires islamistas” se inmolan sabiendo que sus familias recibirán grandes recompensas económicas por las muertes que causen, entre los judíos. Por cada judío que maten, más se les pagará en los “odiados dólares” del imperialismo americano. No hay que dejar de nombrar a los países bajo la órbita del llamado “socialismo progresista” que también expresan sin rubor su odio a Israel, aunque ciertamente ese odio no es exclusivo de sus regímenes. 

Políticas antisemitas, sean del signo que sean, manifiestan una clara oposición y falta de equidad, en todo lo que se refiere a Israel. En el pasado y evidentemente en el presente el odio a Israel se genera desde muchos posicionamientos.  La lista de enemigos de Israel es extensa y en aumento continuo de lo cual, de manera solapada, se ocupan de promover los medios de comunicación masiva, como periódicos, cadenas de radio y televisión de todo el mundo, aunque con honrosas y ocasionales excepciones.

Los medios de comunicación constantemente están repitiendo consignas establecidas, contra Israel. Haga lo que haga siempre será criticado cruelmente por sus opositores. Si es atacado, siempre se justifica como consecuencia de su política y si ataca se le acusa de emplear una fuerza desproporcionada, contra “indefensos campesinos” que tan solo portaban instrumentos de trabajo de campo. Tales como sencillos fusiles de asalto, granadas antitanque, misiles de corto, medio y largo alcance y poco más que meros medios de protección, incluidas alguna que otra bomba sucia.

Lo más trágico es que algunos que se llaman cristianos, se han contagiado de esta especie de enfermedad el denominado “síndrome antijudío de difamación activa”. Los contagiados son los que se enfrentan, hasta con la Biblia en la mano que no en el corazón tal como lo demanda el Señor, contra Israel y contra los que se consideran sus amigos. 

Por estas y por otras muchísimas razones, tenemos que seguir recordando Purín. Tenemos que seguir clamando al Cielo por la protección del Altísimo. No han cambiado las cosas desde Amán, Antioco autoproclamado “el divino”. Nada ha cambiado desde Tito Flavio Vespasiano, el destructor del Templo y aniquilador de miles de judíos. Nada ha cambiado desde los Reyes Católicos y su infame edicto de expulsión y expoliación de bienes de judíos, hasta el más moderno y diabólico de todos sus antecesores Hitler.

Todos estos y otros muchos antisemitas que no hemos mencionado, son exponentes de la sinrazón y barbarie, que se ha levantado contra Israel en todas las generaciones. 
El inductor siempre es y será el mismo el Diablo, mentiroso y asesino, como le presenta la Biblia. Además de todos sus colaboradores, aquellos que están bajo su satánica influencia. 

No podemos olvidar, por eso recordaremos y celebraremos Purín, donde el Altísimo con pocos salvó a muchos de las manos de sus enemigos. Hoy más que nunca la sentencia bíblica “bendeciré a los que te bendijeren y maldeciré a los que te maldijeren” debe traer consuelo y esperanza a todos aquellos que son perseguidos por su fe en el Dios de Israel, en su Mesías y en Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) que nos anima a seguir adelante frente a nuestros enemigos. La victoria es nuestra esperanza ¡Amen!